
La anarquía de Michel Foucault
Por Marco Jaramillo
Propuesta negativa
Si se estudia el pasado (aunque se está pensando siempre en el pasado y parecería que sólo hay pasado y que lo único que podemos cambiar, aparentemente paradójico, es el pasado, como dice Borges), si se estudia el pasado y se llega, como lo hizo Foucault, genealógicamente a que hubo una mutación de la ratio, ¿qué dicen esos estudios a nuestro presente, de nuestro tiempo? Y Ahora que sabemos cómo es que llegamos a ser lo que somos, que sabemos que la modernidad constituyó una forma de subjetivación, ¿qué?
Este cuestionamiento nos remite a preguntarnos por una especie de propuesta foucaultiana, al menos desde su forma de entender el presente y de sus posibles modificaciones. Descubrir que con lo que creíamos liberarnos es lo que precisamente nos ataba (hipótesis represiva), resulta sorprendente . En la trilogía de la historia de la sexualidad no encontramos ninguna pista de que sus estudios remitan a la conclusión de una especie de solución al problema actual, pero al menos sí nos indican muchas cosas. Como la Genealogía de la Moral de Nietzsche que nunca nos propone una transmutación de valores, que hizo más adelante en su Voluntad de Poderío. Los estudios de Foucault sobre el poder que traspasa toda su obra nos revelan claros ejemplos del por qué proceder para la revolución de la forma de vida desde una postura eminentemente economicista y centralista es un error que ha llevado al socialismo a situaciones y actuaciones de las que supuestamente estaba en contra. El totalitarismo y las formas de intento de revolución que recién habían pasado cuando Foucault pensaba. Diferenciada también la crítica de Foucault de la reconocida escuela de Frankfurt que hizo severas criticas en base a los errores del comunismo y su fracaso.
Así sus formas de propuestas son de manera negativa. Es decir, nos dice qué es lo que no se debe hacer y no lo que se debe hacer. De esta manera por ejemplo sus reflexiones sobre política nos podrirá revelar esa forma en la que propone de manera negativa
El proyecto de Foucault en ética está dentro del ámbito político claramente. Su proyecto antiautoritario continúa en la ética y en la estética.
La experiencia en Rusia del sistema socialista había suscitado innumerables reflexiones. La reflexión surgió de los mismos anarquistas rusos que acusaban a Stalin de autoritario. El Partido Comunista Francés, en el que Foucault militó en su juventud, tenía la línea estalinista. Pero el término totalitario no es privativo del sistema donde el Estado controla la vida individual. Recordemos que el comunismo fue señalado como régimen donde la libertad individual está suprimida. También se puede hablar de un pensamiento totalitario como dice Deleuze. Creo que pensar la ética totalitariamente sería pensarla como un código de salvación universal. Es así como Foucault nos indica que proceder desde la idea de que primero es la reflexión y luego el acto, y que la reflexión es el fundamento de la práctica, es un error. Cuando se separa la teoría de la práctica empieza el autoritarismo. Y que el papel del intelectual no es el de conciencia del pueblo.
Además a Foucault no le queda el papel de justiciero revolucionario. Proponer una especie de estética de la existencia para la liberación sería una especie de contrasentido. Sería comportarse como la voz del pueblo; como la conciencia agente.
Pero sí podemos decir que Foucault estaba en contra de muchas cosas de la modernidad. Que sus trabajos desmantelan el funcionamiento de las instituciones dentro del los engranajes del poder nos revelan una especie de coraje, una negación a su aparente inofensiva y humanista tarea de algunas instituciones como los hospitales psiquiátricos (Historia de la locura), las escuelas y los centros penitenciarios (Vigilar y Castigar).
No hay una propuesta al estilo ridículo del intelectual como conciencia de un pueblo, pero si hay una reflexión que nos indica una manera de pensar las cosas y que por medio de la cual podamos entender el presente y a partir de ello poder actuar o dejar de actuar. Al invertir, Foucault, la frase platónica el cuerpo es la cárcel del alma, quedando esta como el alma es la cárcel del cuerpo, si algo quiere liberar Foucault es el cuerpo del alma y con ello el sí mismo. De aquí podemos deducir que la actitud de Foucault es igual que la de Nietzsche, ya que este último denominó a la moral como algo antinatural. Lo natural quedando como lo universal.
Liberar y salvar
Cuando se quiere salvar algo es por que se le considera en peligro. Cuando un accidente como un incendio de una casa se produce, también se produce lo salvador; sacar de ese lugar en llamas, los cuerpos residentes que están en peligro de muerte, es salvarlos, rescatarlos, liberarlos.
Marcuse en Eros y Civilización aboga por una dimensión estética, por una existencia estética. Para Marcuse, siguiendo las teorías psicoanalíticas, y la teoría del juicio de Kant la razón es un tirano contra la sensualidad... “trataremos de mostrar que este concepto de la estética es el resultado de una represión cultural de los contenidos y verdades que se oponen al principio de actuación. Trataremos de deshacer teóricamente esta represión recordando el sentido original y la función de la estética” La razón es eminentemente represora. La historia del hombre es la historia de su represión
Al hallar en Kant el fundamento mediador en la estética, “Encontramos que en la filosofía de Kant, la dimensión estética ocupa la posición central entre la sensualidad y la moral los dos polos de la existencia humana”, que mediante la fusión de psicoanálisis y de la teoría kantiana encontró una forma de fundamentar su estética de la existencia; encontró “el esfuerzo filosófico por mediar, en la dimensión estética, entre la sensualidad y la razón, aparece así como un intento de reconciliar las dos esferas de la existencia humana que fueron separadas por el represivo principio de la realidad…. La reconciliación estética implica un fortalecimiento de la sensualidad contra la tiranía de la razón y finalmente, inclusive tiende a liberar a la sensualidad de la dominación represiva de la razón. Así pues, Marcuse encuentra que, Kant, por su método trascendental, su concepción provee todavía la mejor guía para comprender el panorama total de la dimensión estética.
Si pensamos en los trabajos de Foucault, en si éste quiere salvar o liberar, ¿qué significa que quiera salvar el cuerpo? Porque es evidente que Marcuse comparte a primeras tientas lo de Foucault. Pero no podemos decir que Foucault quiere salvar o liberar a la vida, al hombre, o al individuo.
¿Cómo va a ser una liberación si tanto el hombre, la vida y el individuo son un producto de la modernidad? Para Foucault el corte de la ratio, el cambio en la epistemé, o la mutación arqueológica significa un cambio que trastorna todo. Es así como entendemos que tanto el hombre como la vida no existían antes del siglo XVIII, es decir, obviamente no hablamos de que ese cuerpo y alma al que llamamos hombre no apareció sino hasta ese siglo; sino que la concepción de su cuerpo y su alma son concebidas de una manera radicalmente diferente…. “hasta finales del siglo XVIII, la vida no existía. Solo los seres vivos. La vida adquiere autonomía con relación a los conceptos de la clasificación”.
Pero esta invención es un tanto reciente; claro, Foucault la ve cerca de su fin. La crisis será superada con su destrucción. “El hombre no es el problema más antiguo ni constante que se haya planteado el ser humano”. “El hombre es una invención cuya fecha reciente muestra con toda facilidad la arqueología de nuestro pensamiento. Y quizá también su próximo fin” Si estas disposiciones desaparecen tal como aparecieron […] entonces podría apostarse a que el hombre se borrara, como en los límites del mar un rostro de arena.
Luego, desaparecido ese hombre, ¿viene el superhombre? Esa sería la visión nietzscheana. Para Foucault “el pensamiento moderno avanza en esta dirección en la que lo OTRO del hombre debe convertirse en LO MISMO que él” ; este pensamiento representado por Hegel, Marx, Freud, Sade, Nietzsche, Artaud, y Bataille. El personaje de Cervantes, ese viejo loco que decidió ser un caballero a base de los libros de caballería y que guardaba todos los valores y actuaciones de lo que ha hecho y debe hacer un Caballero; Don Quijote, es el héroe de LO MISMO porque tiene la misma naturaleza del texto del que ha surgido. Semejanza forzada que por su misma actitud resulta digna de burla. “El hombre no es contemporáneo de su ser”
Don Quijote fue forzadamente contemporáneo de su ser, su ser que no era su ser sino el ser que el quería ser. Quiso salvar el ser del caballero, pero lo hundió más, lo desapareció. Ya no se escribieron más novelas de caballería, y si se escribió nadie las tomaría en cuenta. Principió, paradójicamente, para los ojos de Foucault, la novela moderna.
Y el individuo, ese átomo moderno, en Vigilar y Castigar Foucault nos lo presenta como a un foco que funciona como dispositivo del poder, como un cuerpo listo para ser disciplinado y a la vez resultado de la disciplina; un cuerpo traspasado por todas las instituciones ortopédicas.
Sin embargo, Foucault sí aboga por una especie de liberación o de salvación. Parece que sí aboga por un hombre y su individualidad pero originarios parafraseando a Heidegger . Por una especie de superhombre, superindividuo, por una supervida. Así como para Heidegger la ética originaria estaba antes de lo que entendemos por ética tradicionalmente (esa ética surgió junto con la lógica), para Foucault el hombre originario sería ese animal que basándose en tecnologías del yo se construye y se constituye, antes de lo que conocemos modernamente como hombre. Si Foucault propusiera liberación sería la del hombre originario. Que no es otra cosa que la existencia estetizada. Pero la liberación foucaultiana es peculiarmente anárquica.
Como ya vimos se salva cuando algo está en peligro. Cuando se considera algo en peligro, es porque por ejemplo para el revolucionario clásico la vida no es vida, es alineación (el hombre es extraño a sí, es ajeno a sí mismo), entonces hay que salvar al hombre de esa alineación, hay que liberar al hombre haciendo que reconozca su sí mismo.
El concepto de salvación es eminentemente teológico. Y más aún para el cristianismo. Incluso dentro de la teología cristiana existe una rama llamada Soteriología que trata todo lo relacionado con la salvación. La palabra liberación guarda el mismo sentido que salvación, ambas remiten a sacar algo del peligro. Pero la palabra liberación es preferida por los revolucionarios y sobre todo por las corrientes que ven en la religión una institución enemiga.
Para las religiones judeocristianas, la vida esta en peligro. Para los judíos el salvador no ha llegado para liberar de la muerte material y el alma debe ser salvada. Para los cristianos, a pesar de que el salvador ha pisado tierra y ha cumplido con su proyecto, la salvación depende de la dirección y la forma de vida del cumplimiento de las reglas morales. Jesús (Soter), es el que rescata, el redentor, vino a redimir al género humano.
Por eso pudo darse una Teología de la Liberación, y por eso en 1982 se formó una Confederación Internacional de Cristianos por el Socialismo en Chile. Y por eso también surgió la Filosofía de la Liberación (Dussel) en Latinoamérica, de los los pueblos oprimidos. Grupos supuestamente opuestos los unió la idea de rescate de los pueblos, unos entendiendo como salvación, otros como redención y otros como liberación. Es decir unos por una teología, otros por una teleología y otros por acelerar el cumplimiento de las leyes históricas. ¿Por qué tanto huir del riesgo?
En general todas las instituciones fundamentadas en el rescate al hombre del peligro tienen el mismo sentido de la salvación. Consideran que el hombre esta en constante peligro; que vivir es un peligro en potencia. El Estado moderno se fundamenta en la seguridad común de los individuos; en tratar de borrar el peligro que está en potencia entre los individuos. Las instituciones creadas por el hombre son para eliminar o para disminuir el peligro. El peligro de no perder los bienes, de que nos sean arrebatadas las posesiones, de que nos sea arrebatada la vida misma. Pero el Estado quiere salvar al hombre moderno, no al originario.
Liberación y salvación pueden entenderse como sinónimos, pero podemos hacer una distinción. La salvación consiste en sacar del terreno en peligro y llevar a un lugar concreto. Y la liberación es también sacar de un lugar o estado, pero sólo soltar. Es decir, salvar es llevar a otro lugar seguro y liberar es soltar, desatar. Salvar tiene un sentido paternal y liberar un sentido fraternal. El ethos del autoritario es el paternal, y el ethos del liberador es el fraternal. La liberación foucaultiana es anárquica. Salvar al hombre significa salvar la Naturaleza Humana; liberar al hombre originario significa liberar al sí mismo, al cuerpo politizado . El arte de vivir propiciado por Foucautl es sin embargo un equivalente anarquizante de una ética posconvencional: el problema a la vez político, ético, social y filosófico que se plantea hoy no consiste en tratar de liberar al individuo del estado y de sus instituciones sino de liberarnos nosotros mismos del estado y del tipo de individualización ligado a él”
Las técnicas del yo han traspasado las diferentes épocas; lo que ha cambiado son los productos de los ejercicios de las técnicas. Las mismas técnicas empleadas por los antiguos griegos fueros utilizadas por los primeros cristianos. Luego entonces debe existir siempre cierta técnica de vivir. Cierto arte de vivir. Entonces, ¿nuestra sospecha del arte fuera de la vida hay que negarla? Puesto que, evidentemente, sí existe un arte de vivir.
La mutación en el arte de vivir surgió cuando “La inquietud de sí dejo de ser un elemento necesario e indispensable para la tekne tou biou (técnica de vida)”. Pero como ya vimos la inquietud de sí tampoco ha desaparecido, es decir, sigue habiendo una inquietud de sí, salvo que esta es ahora con prácticas diferentes y muchas veces opuesta. Así, paradójicamente, la inquietud de sí en el mundo moderno significa una negación de sí. “En el cristianismo, procurarse la salvación es también un cuidado de sí. Pero dicha salvación se efectuó mediante la renuncia a uno mismo” “en nuestras sociedades... el cuidado de sí ha llegado a ser... una forma de egoísmo o de interés individual...
La negación de Foucault por una estética de la existencia como alternativa de liberación o de salvación al estilo revolucionario, radica en la falta de sustancias en las que hay apoyarse y en las que rechaza definitivamente, sobre todo en la idea de una Naturaleza Humana. Puesto que la idea misma de liberación, la mayoría de las veces, lleva consigo como fundamento una supuesta Naturaleza Humana que cuida y defiende. A pesar de su rechazo tajante a dicha concepción, podemos encontrar una especie de naturaleza humana no sustantivada llamémosla “naturaleza humana epocal”. Y con ello también encontramos una propuesta pero en forma negativa: nos dice qué no debemos hacer. Podemos acercar a Foucault conceptos que le parecen automáticamente repelentes: una propuesta de liberación y una naturaleza humana. La propuesta foucaultiana a diferencia de la religiosa (salvación) y de la revolucionaria (liberación) se distingue por su carácter anárquico.
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Ya sabemos que la ética y la moral pueden ser lo mismo, al menos etimológicamente hablando apuntan a la conducta, a la costumbre. Pero la división entre ambas esta marcada por estas correlativas: teoría y práctica. Algo así como que la ética es la reflexión de los actos; la ética es la teoría y la moral es la práctica de esa teoría. Foucault abordó esta problemática pero desde la política o más bien desde un plano muy concreto. El intelectual encarnaba la elocuencia y la conciencia del pueblo. El intelectual elabora la teoría y dice al pueblo, porque ha descubierto la verdad. Pero nos dice Foucault que tras la reciente avalancha (refiriéndose a la experiencia de haber implantado sistemas socialistas), los pensadores se dieron cuenta de que las masas no tienen necesidad de los intelectuales para saber.
La idea de que se hace una teoría y luego se aplica la podemos encontrar en los programas para instaurar el comunismo, mismos que en aquellos tiempos eran la base de la revolución. Esta forma de pensar la relación entre teoría y práctica, nos dice Foucault, es totalizadora. Las relaciones entre teoría y práctica se concebían desde el prisma de un proceso de totalización. Para Foucault los intelectuales debían abandonar esa postura de agentes de conciencia. Tal idea de ser agentes de la conciencia pertenece al sistema. Pero ¿y la teoría? La teoría no expresa, no traduce, no aplica una práctica; es práctica [igual que Heidegger en cartas sobre el humanismo]. Pero una práctica local, regional, no totalizadora. La visión de Foucault es un tanto parecida a la de los anarquistas. La problemática desde principios de siglo XIX entre marxistas y anarquistas radicaba en que los anarquistas se negaban a proponer un programa para llevarlo a cabo. Es decir, los anarquistas se negaban a establecer una teoría, vaciada en un programa, para que luego fuera aplicada. Acusando de autoritarios a quienes lo proponían. Bakunin, Malatesta, Kropotkin y otros anarquistas guardaban esta postura antiautoritaria y antitotalitaria. La teoría es un sistema local, su lucha esta en el discurso mismo. Lo que pasa es que ese discurso elaborado por la teoría es excluido por la verdad que gobierna, la voluntad de saber.
De esta manera Foucault al hacer la genealogía de la ética nos muestra que la consideración de sí mismo, es un sistema local, regional, por medio del cual el cuerpo es politizado. Lo que los anarquistas proponían era una ética. De hecho las críticas hacia los anarquistas apuntaban, con desprecio, que todo el anarquismo podía reducirse a bombas y a una moral.
Ver diálogo entre Foucautl y Deleuze intitulado Los intelectuales y el poder. Foucault, Michel. Estrategias de poder. Obras esenciales Vol. III, Paidós, Barcelona, 1999, pp.57-103.
Nietzsche dice que “todas las pasiones atraviesan una etapa en que son pura fatalidad, abismando a su victima por el peso de la insensatez, se ‘espiritualizan’”. Acusando a la moral cristiana de ser antinatural. Ve que en la máxima bíblica (“si te fastidia un ojo, sácalo”) está lo antinatural con respecto al sexo. Nietzsche, Friedrich, ‘Filosofando a martillazos, la moral como antinatural’, en Obras inmortales, EDAF. España: 1969, p. 335
Definitivamente Heidegger no aboga por una ética en el sentido tradicional. Tan es así que dudaría en llamarle ética, pero en Cartas sobre Humanismo habla sobre una forma de ética que llama originaria la cual esta paradójicamente antes de que apareciera la lógica, y está fuera de la tradición de la concepción de la ética.
“Una cuidad en la que todo el mundo se cuidara de sí de este modo sería una ciudad que iría bien y que encontraría en ello el principio ético de su permanencia” Foucault, Michel. Estética, ética y hermenéutica. Obras esenciales Vol. III, Paidós, Barcelona, 1999, p. 400.
Ante la pregunta: ¿Es un trabajo de uno sobre sí mismo que puede ser comprendido como un cierta liberación, cómo un proceso de liberación?, Foucault respondió así: siempre he sido un poco desconfiado ante el tema general de la liberación, en la medida en que, si no se trata con cierto número de precauciones y dentro de ciertos límites, corre el riesgo de remitir de nuevo a la idea de que existe una naturaleza humana o un fondo humano que se ha encontrado. Foucault, Michel, Estética, ética y hermenéutica. Obras esenciales Vol. III. Barcelona, Paidós, 1999.
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