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LUEGO DE LAS BATALLAS ESTÁ LA PROPAGANDA

 

Por Adán Echeverría
La Palabra ya no está encaminada de antemano
en la intención general de un discurso socializado.
Roland Barthes

 

Hay un lugar justo para la Palabra, un lugar indispensable para que surja el silencio, a parte de todo esto, la literatura es un discurso único y propio, con sus reglas injustas y supranacientes de todos los días, que estarán dibujadas siempre desde el pensamiento y formación de cada autor.
Luego de las batallas diarias en la era de la propaganda, de los mismos aspavientos en que siempre nos vertimos, la búsqueda seguirá siendo el silencio. Esa ruptura hacia el lenguaje en que nos hemos refugiado cotidianamente. De nada nos valió esbozar los primeros actos del lenguaje en nuestros balbuceos de la infancia, si la pureza del momento quedó atrás al ser parte de nuestro propio idioma y recrearlo.
No hay más que un resplandor constante en nuestros internos, y esa voz diminuta que nos acecha constantemente y que busca su expresión que es la Palabra.
Hubo una época en que el pensamiento se encontraba detenido en los conventos y el pueblo no tenía acceso más que a la palabra oral. Las personas no podían tener libertad para las lecturas y se retenían las ideas de la época por medio de la tradición. La aparición de la Divina Comedia, en una lengua diferente a la oficial, permitió la apertura hacia nuevas oportunidades, la literatura comenzó su crecimiento. Vino cabalgando la historia, los golpes de las conquistas, el empuje de un idioma sobre otros, las improntas, las mezclas para llegar a nuestros días, mirándonos en el espejo, en el espanto de que todo se repite una vez más.
A pesar de que renombrados literatos insistan en que la literatura es para los elegidos, para pequeños grupos tocados por la mano del entendimiento, es la misma modernidad quien nos ha puesto en las manos la capacidad (por no decir oportunidad y limitarlo a los azares), de buscar el despunte de nuestras propias intenciones en espera de que el otro (el lector en este caso), pueda tener acceso a ellas. El crecimiento de las comunicaciones, en tiempo, aire, espacio que puede alcanzarse con un parpadeo. En estos momentos, es mucho mayor mi biblioteca electrónica –más de 600 libros–, que la impresa y ordenada en los libreros de mi cuarto.
La educación pública, así como las bibliotecas, los libros electrónicos, los múltiples programas tanto de cómputo, como de las instituciones, junto con las oportunidades de reunión a las lecturas de los compañeros nos dan, para esta época, esa garantía de la expresión y sólo nos queda el hecho de intentarlo.
Así concibo la aparición del libro Nuevas voces en el laberinto: Novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975 (Instituto de Cultura de Yucatán, 2007), una oportunidad de mirar un momento exacto (la ciudad de Mérida en el año 2004) en el que una treintena de jóvenes formados en Yucatán tuvo la oportunidad, en una iniciativa de Óscar Sauri, desde la Dirección de Literatura del Instituto de Cultura de Yucatán, de acoplar distintas voces nacientes a la expresión literaria.
Han pasado ya tres años que se gestó el proyecto y ahora, esta iniciativa, “por fin” ha visto la luz y aunque sigue estática, espera ser percibida, paladeada, y por qué no, insultada por el ojo crítico del lector. Está presente como el punto de partida de una generación que trae a esta ciudad de Mérida, una nueva voluntad en la expresión, y transformación (si cabe el argumento) de su sociedad.
Sabemos que la obra literaria es la construcción de un mundo imaginario, ficticio por medio de palabras y Tú, lector, tienes la oportunidad de mirar dentro de las páginas de esta compilación, el momento justo, la conjunción de intenciones artísticas en los textos poéticos, narrativos e incluso expresiones críticas y de análisis literario que confluyen en este documento.
Habrá quienes sospechen del punto culminante de esta generación agrupada a partir de 1975; habrá quienes puedan cimentar sus diferencias, pero esas cuestiones localistas y arraigadas, no tienen más importancia que su propio ahora.
Los libros no deben escribirse para complacer ni entretener a una parte de la sociedad en una región indistinta sobre el mapa. Sino para la posteridad, para que en el año 2040, uno pueda siquiera conocer cuál era la mentalidad y el trabajo artístico de aquellos jóvenes que fueron Ivi May, Rodrigo Ordoñez, Nelly Rincón, Nadia Escalante, Rosely León, Manuel Iris, Juan Esteban Chávez, Patricia Garfias, Manuel Tejada, Mario Pineda, Nelson Ibarra, Karín Mijangos, Tomás Ramos, Roberto Azcorra, Verónica García, entre otros, habitantes todos de un mismo espacio, una época, un pedazo de tiempo al que los futuros lectores mirarán alguna vez, si se presenta la oportunidad. Nuevas voces en el laberinto se encuentra divido en tres apartados: Poesía (12 autores), Narrativa (14 autores) y Ensayo (6 autores). Abarcando un rango de edad que va desde los nacidos en 1975 hasta los nacidos en  1986.
En el ahora (noviembre de 2007), cuando el libro en cuestión logra ser impreso, podrán establecerse las preguntas de siempre, ¿quién puso a cargo a esos compiladores? ¿en qué radica la autoridad de su trabajo? Ante lo cual no existe respuesta que pueda ser sincera: el destino acaso, la oportunidad, o la presencia; tal vez en alguna parte podrá entenderse, que su dedicación a la literatura, pero quizá esto salga sobrando. Las compilaciones, las antologías en sí, nunca contestarán estas dudas tan cargadas de egos lastimados, rencillas grupales, viejas deudas no saldadas entre algunos escritores y sus detractores (esa, toda, es la familia literaria: creador, lector, detractor), que siempre serán producto del momento, y por qué no, del imaginario colectivo en que todos tenemos sembrados el ánimo.
Se han formado grupos en Yucatán en distintos órdenes, respondiendo a sus propios tiempos, que mirados desde este presente, fueron, son y serán los actores que nos han dejado (dejan y dejarán) la tradición y nos han hecho aparecer en el mapa mundial de la creación literaria; nombres como Peón Contreras, Antonio Mediz Bolio, Eligio Ancona, Ermilo Abreu, Eduardo Urzaiz, siempre marcarán nuestras rutas; seguidos de personajes que en su momento fueron el palmarés de otra época muy diferente Carlos Moreno Medina, Juan García Ponce, Joaquín Bestard, Álvaro Ruz, José Díaz Bolio, Felipe Ruz, Fernando Espejo, Juan Duch Collel, Nidia Esther Rosado, Humberto Lara, que continuaron irradiando la tradición de un Yucatán colmado de historias y poemas; hasta llegar a esta época, dividida por las generaciones mayores y las que apenas despuntan; separada por reconocimientos y dudas (deudas en ocasiones), por la academia y la formación tallerista (Quién ha dicho que puede haber escuelas de escritores, que venga y tire el primer poema), en distintas facciones, como el crecimiento de una ciudad puede permitírnoslo.
En esta, cada vez más creciente, ciudad de Mérida, habitada ya por un millón de habitantes, aún pueden leerse los nombres de: Irene Duch, Rubén Reyes, Campos Munguía, Díaz Cervera, Indalecio Cardeña, Manuel Calero, Luis Alcocer, Jorge Lara, Melba Alfaro, Óscar Sauri, Miguel Ángel II, Carolina Luna, Will Rodríguez, Saulo de Rode por nombrar algunos.
Habrá que estar concientes de que la presencia de escuelas de educación superior en el área de letras, de la existencia ya de un programa de Doctorado en Literatura en esta capital yucateca, nos permitirá mirar desde otra perspectiva el conocimiento de la literatura en Yucatán.
Ya no sólo será El faisán y el venado, Canek, Eugenia, El gato, La cita, Viejo cocodrilo llora, Ayeres en desorden, Licantra, El sueño, La voz ante el espejo, Prefiero los funerales, Círculos de sangre las obras que estarán puestas bajo el análisis del ojo crítico, sino se deberá buscar la posibilidad de establecer contacto con esos otros momentos del tiempo. Aquellos grupos que han ido formándose durante la historia literaria de Yucatán, ¿quiénes integraron el Grupo Platero? ¿cómo y por qué fue creado el Centro Yucateco de Escritores? ¿Qué fue el tan famoso ALA que quiso reagrupar a una facción de escritores? ¿En qué momento se dio la ruptura entre un grupo de escritores y otro? Pero sobre todo, podrá ponerse sobre la mesa de análisis una pregunta vital para estas nuevas generaciones de los nacidos a partir de 1982: ¡¿Y a nosotros qué?! Será sobre ese análisis de donde se podrá partir.
La creación literaria, lo mismo que la lectura, es un acto egoísta de soledad; partiendo de ese reconocimiento uno tiene que entender sólo la parte que le pueda brindar su propia formación. Hay que pensar con el espíritu de Vasconcelos con su: Libros que leo sentado y libros que leo de pie; o más recientemente en el libro de Harold Bloom: Cómo leer y por qué para protegernos dentro de nuestra propia opinión. Bloom puede llegar a ser odioso con su imposición de Shakespeare, puede llegar a decir: … los cuentos de Poe están atrozmente escritos e incluso ir más lejos y señalar …preferible al abominable Poe, sólo para dar ejemplos del gusto que puede tener cada lector, aun igual que un crítico, toda visceralidad.
Sin embargo, y aún con todas las descalificaciones que puede tener un libro, cuanto más una antología o compilación de creación literaria, es necesario dejar fluir luego de la lectura, el pensamiento crítico al respecto de esta treintena de jóvenes que ahora corren el riesgo de llegar a tus manos, para que las generaciones futuras, puedan realizar los análisis necesarios, lanzarlos al olvido, mediante su punto de vista y que estén dispuestas a perpetuar la literatura creada en Yucatán.
Es en esta tradición literaria donde busca insertarse Nuevas voces en el laberinto, tradición que puede servir para releer compilaciones o trabajos anteriores de agrupamientos de obra literaria como 6 poetas jóvenes de Yucatán, La sed del fuego, Luna posible, La voz ante el espejo, Luna posible, Litoral del relámpago: imágenes y ficciones, Venturas, nubes y estridencias; y qué el tiempo nos diga, nos demuestre, quienes de los autores compilados pueden mantenerse vigentes con el paso de los años, y cuáles de los no incluidos en esta obra logran salir adelante en la posibilidades, muchas, de nuevas relecturas y contratiempos literarios.
Ya no importarán las salvedades sobre ¿quiénes fueron incluidos y bajo qué criterios? La obra misma es la que tendrá que sopesarse y, como han dicho muchos, desmenuzarse hasta verla destruida, ¿quiénes podrán sobrevivir a un análisis literario? Se preguntan los incrédulos. Nadie, dicen los más viscerales. Es un libro para guardarse en el fondo del librero señalan algunos talleristas que no fueron incluidos.
Yo digo que todos, en cuanto a que, antes, en la hoja en blanco, no veíamos esa posibilidad de apreciar la creación, y en el ahora, podemos regodearnos como lectores a lograr hacerlos caer (o callar), ante las posibilidades de decir, este autor no escribe poesía, esto no es un cuento, o simplemente este tipo no me gusta como escribe; y a pesar de ello, de esta inabarcable propaganda, buena, mala, ardiente, ardida, necesaria, el libro y la obra que esta treintena de escritores presenta, sigue siendo una creación que antes no existía, y ahora acá está, justo frente a nuestras manos, marcando, insisto, un momento permanente, y posible, del tiempo de Yucatán, que como escribe Tomás Ramos al final de su discurso sobre Balzac, incluido en el libro: será “(...) como meter una pecera dentro de otra pecera para mirar a los peces y corales interactuar unos con otros”.

Echeverría, Adán e Ivi May, comps., (2007), Nuevas voces en el laberinto: novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975, Instituto de Cultura de Yucatán. 426 pp.

               

 

 

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