LO HUMANO Y LAS HUMANIDADES:
UN RETO EDUCATIVO CONTEMPORÁNEO
Por Jaime Ochoa Cejudo
Nuestro actual sistema educativo presenta una serie de desajustes y definiciones en las humanidades aplicadas en diferentes campos del saber, por eso la sociedad enfrenta a un grave problema: vivimos en un mundo globalizado que diluye el sentido de lo humano, es decir, está en proceso de deshumanización.
Las humanidades en la educación profesional, forman una parte importante en la sensibilización de nuestros estudiantes-ciudadanos y futuros profesionales, pues los hace conscientes de lo inhumano: el sufrimiento, la injusticia, el exterminio, la opresión, etc. La educación humanística fija la atención sobre lo que es inhumano para reparar sobre la dureza de la realidad; dicho de otra manera, el humanismo no se retrae del conocimiento de la violencia inherente al pensamiento realista, y se aparta de la mera apariencia del realismo promovido por los medios de masificación y estandarización de los sentimientos.
La educación humanística intuye que las personas abandonadas a la inconsciencia de la deshumanización son las más vulnerables a ser deshumanizadas, inhumanizadas, es decir, quedan hechas presa de la infamia.
Por eso el mundo contemporáneo exige una sociedad más humana, se dice, con intervenciones de desarrollo científico y tecnológico para responder adecuadamente al crecimiento humano y no solamente crear individuos encerrados en un mundo donde la prioridad es sólo el “yo” des-realizado.
El corazón de la intervención educativa humanística reside en la voluntad de formar no sólo un humano sin más, ni tampoco un humano simplificado (humano psicológico, humano social, humano económico, etc). El humanismo parte de la idea de crear un humano de la verdad, que no debe confundirse con un “verdadero humano”. El humano de la verdad es aquella persona que conoce lo humano y lo inhumano, y que es capaz, mediante la educación, de retornar siempre al amparo de la verdad de lo humano como totalidad, como emblema, como significado de una vida individual o colectiva. Este coraje es parte del espíritu de la educación humanística. Por eso siempre afirmaremos que cada ser humano es único y es responsable de su camino como ciudadano y como profesional en el mundo de lo humano.
Las humanidades dirigen al individuo siempre a las acciones sociales, comprendiendo siempre que la formación de un ciudadano individual que tiene el compromiso y la convicción de la verdad de su propia humanidad, es un beneficio y un incremento del poder vital para la comunidad.
Así pues, en las escuelas de humanidades se deben recrear la vida y al ser humano en su capacidad de sentir, expresar lo que tiene a su alrededor y llevan como misión preparar al estudiante con un amplio criterio, conocimiento y sensibilidad hacia el mundo que lo contempla y en el que está inmerso, además desarrollan en el estudiante sus habilidades para analizar un fenómeno desde todas las perspectivas posibles; debatir con antecedentes fidedignos, con elocuencia y seguridad. Tienen su objeto de estudio en el ser humano y su comportamiento contemporáneo, que causa transformaciones directa o indirectamente el medio natural y social.
Por otra parte, con los avances tecnológicos y el vertiginoso auge de la globalización, el ser humano se ha convertido en un medio para fabricar más dinero y generar medios de producción competitivos que acaparen el mercado mundial.
En su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo Max Weber menciona al hombre contemporáneo como un obsesivo de las máquinas, el cual sólo existe para echar a andar sus procedimientos. Weber enuncia el mundo actual como una “Jaula de Hierro” donde el orden empresarial, capitalista y técnico fija el curso de todos los individuos.
Tal como se explica anteriormente, se percibe una crisis social de apego a los métodos para lograr una armonía entre el ser humano y sus invenciones (siendo éstas las que trastornan el progreso equilibrado de avances) con los valores éticos que le caracteriza como ser razonable y humanizado.
Difundir a un ser humano preocupado por las consecuencias de su desmedida industrialización y “post-industrialización” – que son, de muchas maneras, los asaltos de la deshumanización – es un objetivo que las escuelas de humanidades demandan ahora junto con el avance de las ciencias, las leyes y la medicina.
Nietzsche menciona en sus escritos que hay un peligro constante del hombre por invadir y poseer todo lo que conoce y lo que no conoce, llevándolo a perderse en un espacio mecanizado.
Terminó la época en la que los estudiantes de Humanidades se recluían en las aulas, rehusándose a tener contacto con el mundo y sus errores: hoy es tiempo de divulgar la importancia de sus clases, de convocar a una civilización sensible a los hechos que provoca, de forjar a un individuo libre, crítico y profesional comprometido con su entorno para revolucionarlo y cuestionarlo permanentemente, de proponer proyectos que promuevan el análisis de los acontecimientos que aparecen en la sociedad.
Así pues, la misión de las escuelas de humanidades en nuestro tiempo es entender y mostrar el significado y la labor del humano de la verdad, aquél ser humano de nuestro siglo que redescubre y ha de redescubrir la verdad como la esencia de la vida y como la esencia de lo humano.