
POLÍTICAS EDUCATIVAS EN RELACIÓN A
Por Karla Villapudúa
El siguiente texto es una exploración sobre políticas educativas y epistemología holista. Es una meditación personal, inspirada en aprendizajes teóricos y experiencias de vida en temas de filosofía y educación. Llevando al pensamiento hacia la “normalidad del pensamiento”; tratando de salir un poco del esquema para presentar soluciones reales a las problemáticas existentes respecto a la educación en nuestro mundo.
Pienso en la cantidad de textos y artículos que hablan del nuevo paradigma en educación. En lo trillado y comercial que se ha vuelto la palabra holista. En la fanatización de algunos pensadores reconocidos. En la escasa comprensión. ¿Por qué me atrevo a decir “escasa comprensión”? No es necesario seguir señalando tajantemente. Sólo hay que mirarnos a los ojos: si hay brillo en ellos, existe la comprensión; si no la hay, dejemos los libros a un lado. No se están digiriendo en lo absoluto.
La ciencia es necesaria para el progreso de las sociedades. Parece ser que ese avance no se esta llevando oportunamente debido a viejos esquemas. Me remito a Khun y su concepción sobre la ciencia normal. Estas reflexiones ya tienen tiempo circulando en la atmosfera planetaria, sin embargo, uno se asoma a los temas de investigación que se hacen en los edificios institucionales dedicados a la ciencia y seguimos en un atraso temporal y teórico.
No hay un ritmo coherente en la ciencia en su totalidad. La complejidad queda en un idealismo que no se compromete más que a discurso. Mientras el reduccionismo sigue ramificándose, y en ciertos casos, pensándose como complejo. Señalo estos desequilibrios, porque existe la desigualdad social. No hace falta abordar datos de las injusticias habidas en el planeta. No seguiré gastando el lenguaje por esos albores.
La intención es llevar a la ciencia al camino de sus orígenes. Al asombro y la felicidad. Sin caer nuevamente en palabrerías. La generación de conocimiento científico en cualquiera de sus formas ha de conducir a la plenitud. El hombre cuestiona su deber ser en el mundo, su dirección, el porqué de su existencia. Preguntas que nacen de la necesidad íntima de establecer fundamentos vitales, ambientes de convivencia social y crecimiento. Lo humano no puede vivir en un vacío. Camina hacia la plenitud, consiente o inconscientemente. Lucha por la salud íntegra de su espíritu. El instinto creativo de lo humano alcanza su máxima luminosidad a través del conocimiento.
En este sentido, conocimiento se vincula a educación. El principal objetivo de un educar integral es encaminar a lo humano a su lucidez en todas sus dimensiones. Sí, no hay que perder de vista el objetivo. Lucidez y conocimiento. ¿Para que se quiere la lucidez? Resulta evidente, que la humanidad se encuentra en un estado de letargo. En una esclavitud mental, en la que la vida tal y como se concibe en su más alto nivel, es decir como algo sagrado, no existe como objetivo fundamental. Edgar Morin reflexiona:
Hemos
adquirido conocimientos sin precedentes sobre el mundo físico, biológico, psicológico,
sociológico. La ciencia ha hecho reinar, cada vez más, a los métodos de
verificación empírica y lógica. Mitos y tinieblas parecen ser rechazados a los
bajos fondos del espíritu por las luces de la razón. Y, sin embargo, el error,
la ignorancia, la ceguera, progresan, por todas partes, al mismo tiempo que
nuestros conocimientos. (Morin, 27)
La búsqueda del conocimiento dentro de todas las grandes culturas es y debe ser para alcanzar la felicidad. Y si lo humano, en su onticidad holista, se queda en meras conjeturas intelectuales, es porque algo no se está realizando conforme a la esencia básica del conocimiento. Por ello es indispensable mantener en claro cómo se esta generando la ciencia; luego, manifestar la pasión por el conocimiento. Ciencia por pasión. El gay saber nietzscheano. Actitudes, que desafortunadamente, en el paradigma civilizatorio actual, se encuentran relegadas.
Por esta vía se vincula el conocimiento con el poder. Al egoísmo humano. Se da prioridad a proyectos de investigación que cumplan con cierto requisito institucional. A la tecnología de moda. A la insaciabilidad y voracidad del mercado. Muchos pensadores han puesto en tela de juicio dichas actitudes, como ejemplo, se puede hablar de Foucault y Lyotard. El primero aludiendo a los mecanismos de control y exclusión en los discursos del conocimiento, y el segundo, a los procesos de legitimación del mismo.
Se desgasta inteligencia inútilmente en miras de este servilismo. En
algunas universidades, la investigación científica no aparece como una
necesidad vital en la formación del individuo. Sin embargo, esto se disfraza
con interés falso en educación y en la ciencia y digo falso porque tantas reuniones, convenciones y congresos en pro de esta causa sólo hablan de la represión del instinto de la aspiración a un
conocimiento vital
[1]
. Por
ejemplo (y no por ello estamos en desacuerdo):
Hay
en Latinoamérica una sed intensa y creciente de conocimiento, en particular de
conocimiento científico y técnico. Junto con este crece la curiosidad por ese
conocer, esto es, por ahondar en la ciencia de la ciencia, tanto formal como fáctica,
pura como aplicada. Se discute sobre ciencia de la ciencia en universidades y politécnicos,
escuelas preparatorias y organismos estatales. Estas discusiones se presentan,
en particular, en consideraciones sobre las políticas de desarrollo de nuestras
naciones. (Bunge, 1980:242)
O dicho en otras palabras, dice un proverbio chino: “el lugar más sombrío esta siempre bajo la lámpara” (Barthes, 1982: 66). Se transmite conocimiento con el fin de incorporarse al mercado laboral. Cada día hay más ingenieros en las transnacionales y menos ingenieros investigadores. Aquí, es donde surge otra problemática. Cada día se impulsa menos la investigación. No hablaré de estadísticas, sino de la urgencia de promover de nuevo el espíritu exploratorio de la ciencia. Un espíritu coherente, en servicio de la comunidad planetaria. No me detendré en enunciar más problemáticas que resultan evidentes en todos los grandes discursos sobre educación.
Como se mencionó al principio, existe un estado de letargo en la mentalidad humana. Un falso andar espiritual, una pérdida de lo divino. Entonces, es necesaria una cura. Y para que esa sanación sea posible es necesario hacer una praxis coherente de todas las teorías que promuevan la verdadera búsqueda del conocimiento. Sí, ciencia para curar y para comprender a los neoplatónicos, al fin. Plotino, el uno y el todo. Hay que sacar al holismo del cliché en el que se encuentra y comprenderlo a raíz en cada actitud y relación de uno mismo para con el resto de los habitantes del planeta.
Porque podemos seguir leyendo libros y más libros sobre el nuevo paradigma en educación, los valores en educación, las revoluciones científicas, etc., y no comprender nada. Seguir escribiendo artículos arbitrados, para acumular puntos en quién sabe qué programa. Negarle el saludo al vecino. Sentirse especial. Discursos que, desafortunadamente, quedan presas de la normatividad del capitalismo. No mueven nada, si no se ponen en práctica. Morin reflexiona:
Ahora bien, no hay que perder de vista los conceptos fundamentales. Educación, conocimiento, transformación y crecimiento. Resaltando el holismo como concepto fundamental que interconecta al resto. Aquí, es donde entran las reflexiones de Morin sobre Los Siete Saberes en educación y el pensamiento complejo. Discursos que fundamentan y dan la pauta a ese tan deseado esquema de ruptura.
Los conceptos no tienen que quedarse en meras representaciones, tienen que llegar a un nivel real de ejercicio. Tiene que existir una coherencia entre el pensar y el hacer. Como dice Javier Echeverría: “Una cosa es la correspondencia entre los enunciados científicos y el mundo real, y otra muy distinta, y previa, la concordancia entre los resultados de las acciones científicas.” (Wenceslao, 1998:123) En base a esto podemos preguntarnos si nuestro conocimiento es coherente con los valores humanos y vitales.
Desde esta lógica se puede llegar a una transformación de fondo, la cual inicia desde el individuo encargado de transmitir el conocimiento, pues finalmente es el “maestro” la figura en quien recae una evaluación verdadera sobre la utilidad del conocimiento. ¿Es coherente ser sabio y vivir en un estado de inarmonía e infelicidad? Es aquí, donde entra a escena el concepto budista de la ascesis, el cual antes de determinar un estado de represión hacia los placeres mundanos consiste en una ardua disciplina del espíritu. El pensador no precisa perder su estado de alerta, es decir, llegar al enfoque preciso de su estado mental para poder entrar y salirse del lenguaje o de los juegos de lenguaje, como lo concibe Wittgenstein en sus investigaciones filosóficas.
El educador, una vez que ha llegado a un nivel de plenitud intelectual, tiene que continuar su cultivo en otras direcciones. Porque puede ocurrir que un exceso de intelectualismo solo desvié al pensador de su labor originaria: Transformar. Es aquí, cuando el exceso de pensamiento en lugar de provocar revoluciones se desvía por el camino del egocentrismo, esto es, el egoísmo y el recelo por la propiedad privada del conocimiento: El hecho de poder decir “yo”, de ser sujeto, es ocupar un sitio, una posición en la cual uno se pone en el centro de su mundo para poder tratarlo y tratarse a sí mismo. Eso es lo que uno puede llamar egocentrismo. (Morin, 1990: 97)
Es aquí donde se hace la conexión entre ascesis y cuerpo. En esto radica la verdadera sabiduría, en conocer cómo transita la energía vital por nuestro ser vivo. Porque necesariamente para que la transformación y crecimiento de lo humano ocurra se necesitan de altos niveles de energía. No se puede enseñar desde el resentimiento y el desequilibrio. Poner atención al funcionamiento adecuado de cada uno de los órganos del cuerpo es una labor esencial.
Entonces, regresando a los conceptos esenciales del crecimiento de lo humano. No hay que perder el enfoque: holismo. Educación, conocimiento, transformación y crecimiento. Los cuales aunados a conceptos como la ascesis, nos preparan el terreno para tener un ejercitar de la conciencia. Pensadores occidentales como Henry Bergson nos han llevado a meditar sobre los límites de nuestros sentidos. Sobre la neblina que reposa sobre nuestra conciencia.
Así, es como se va tejiendo la gran red del conocimiento. No se han gastado siglos de reflexión para seguir sumidos en la barbarie. Si aceptamos nuestra ceguera y nuestra incoherencia como principal obstáculo para transmitir el conocimiento ya es un gran paso. Ahora, sabemos, que tenemos esa perturbación en nuestra ecología mental, tal como lo entiende Leonardo Boff. Actuemos.
¿Y cómo es el actuar contra la ceguera? Es estar alerta de nuestras condiciones emocionales, intelectuales, psicológicas, espirituales, en todo momento. En la salud de nuestro cuerpo. No se puede transmitir el conocimiento de una manera eficaz si no tenemos un control sobre lo que sucede sobre nosotros mismos. Es aquí donde resulta bello recordar la voluntad nietzscheana.
El conocimiento se sigue gestando por separado. Los discursos sobre epistemología compleja se siguen gestando en su mayoría dentro de las escuelas de humanidades. En ocasiones no existen vínculos evidentes entre las disciplinas. El concepto de transdisciplina queda solo en eso en concepto sin representación real. Por ello es necesaria la creación de puentes que vinculen a todas las disciplinas, implementando talleres, curricula, centros de investigación de cooperación. Para que la epistemología de lo complejo tenga una aplicabilidad y no se quede solo en meros discursos académicos.
El mismo modo de proceder de nuestros textos académicos nos obliga en ciertos instantes a seguir pensando desde el reduccionismo. Los encargados de guiar las tesis siguen encajados en modelos obsoletos. O en ocasiones ni siquiera tienen ese espíritu de pasión por el conocimiento. Si seguimos pensando desde el mismo patrón jamás llegaremos a entender la complejidad. Pensar la complejidad es vivir la complejidad. Es no quedarse estancando con opiniones y categorías convencionales. Con tradiciones y métodos que sólo opacan la conciencia y enferman el cuerpo. Morin anota:
El ser humano es a la
vez físico, biológico, síquico, cultural, social, histórico. Es esta unidad
compleja de la naturaleza humana la que está completamente desintegrada en la
educación a través de las disciplinas y que imposibilita aprender lo que
significa ser humano. Hay que restaurarla de tal manera que cada uno desde
donde esté tome conocimiento y conciencia al mismo tiempo de su identidad compleja
y de su identidad común a todos los demás humanos.
Para poder acceder a una vida desde la complejidad es necesario aprender a respirar. Esto se lleva a cabo desde una toma de conciencia, detectando los momentos en que la energía vital se estanca en nuestro organismo. Hay que aprender a desbloquear. Instantes en los que la saturación intelectual nos desvía de la claridad y el objetivo, es necesario parar y ponerse a respirar. Para que el pensamiento fluya de una manera adecuada y pueda desencadenarse ese pensar complejo.
Otro modo de ser en el mundo o el modo de vivir desde lo complejo se relaciona con el caminar. Caminar significa estar en estado de alerta instante a instante en el movimiento de una pierna y la otra, moviéndose en estado ligero, como un danzarín orgulloso de pertenecer al planeta tierra.
Mirar desde lo complejo significa estar enfocado en cada uno de los fenómenos de la madre tierra. Ver el estado de la luz durante el día, detectar los cambios de energía en los distintos espacios en los que nos movemos para no dejarnos contaminar por energías que no están aun en el ritmo de la complejidad y el holismo.
El actuar holista consiste en pensar, mirar, sentir, observar la totalidad. No es un pensar introspectivo, que camina sin darse cuenta de los aromas de los árboles, de los tonos del atardecer día a día, de los movimientos de la tierra, la luna, las flores. Un guerrero holista actúa desde la complejidad instante a instante. No se detiene en pensamientos inútiles, negativos, que solo contaminan la atmósfera. En palabras de Osho:
La vida es un
momento para celebrar, para disfrutar. Haz de ella diversión, celebración y
entonces entrarás en el templo. El templo no es para los que tienen caras
largas; nunca ha sido para ellos. Mira la vida: ¿Ves tristeza por alguna parte?
¿Has visto alguna vez un árbol deprimido? ¿Has visto un pájaro ansioso? ¿Has
visto algún animal neurótico? No, la vida no es así en absoluto. Únicamente el
hombre se ha equivocado en algún momento porque piensa de sí mismo que es muy
listo, muy sabio. Tu astucia es tu enfermedad. No seas demasiado sabio.
Acuérdate siempre de parar; no vayas al extremo. Un poquito de locura y un
poquito de sabiduría es bueno y la combinación correcta te hace un Buda. (Osho:2008)
Ve los problemas del mundo con prudencia y empieza a solucionarlos desde su actuar. Se vuelve tan luminoso y lucido que poco a poco va invadiendo toda la atmósfera a su alrededor. Se transforma en un ser amado y que ama a cada uno de los habitantes de este planeta: microbios, homeless, directores, políticos, autoridades, etc. Ha comprendido la totalidad. No puede seguir insultado, responde con actitudes holistas. Como menciona Morin: Habrá que señalar la complejidad de la crisis planetaria que enmarca el siglo XX mostrando que todos los humanos, confrontados desde ahora con los mismos problemas de vida y muerte, viven en una misma comunidad de destino. (Morin, 2008, 10)
Pensar la totalidad es hacer la epistemología de lo complejo al acercarse al objeto de estudio. Es el sueño husserliano de la totalidad, abarcar todas las perspectivas posibles de la cosa, sin el velo de la conciencia. Es necesario promover este método del no método en los lugares donde se esta promoviendo el conocimiento. Hay que inundar de esta guerra a la ceguera todos los lugares donde se promueva la ciencia.
Educar para mirar y salir radiantes en cada uno de nuestras pulsaciones espirituales. Regalar la gratitud a cada ente que nos rodea. ¿Suena fácil? Sì. Para ello el educador tiene que armarse de todas las estrategias existentes para tener la fuerza necesaria para luchar. No hay que perder la fuerza. Al menor síntoma de nihilismo, existencialismo o desencanto, el educador tiene que darle frente con ayuda de los métodos holistas de sanación.
Hay que llenar de holismo a las políticas educativas. Y no me refiero a políticas educativas institucionales. Sino aquellas que ejercemos desde nuestra cotidianidad. El educar no es solo una actividad de un individuo con titulo de docente. Barthes medita: “Quiero cambiar de sistema: no desenmascarar más, no interpretar más, sino hacer de la conciencia misma una droga y a través de ella acceder a la visión sin remanente de lo real, al gran sueño claro, al amor profético”. (Barthes, 1982: 67)
BIBLIOGRAFÍA
Barthes, Roland (1980), Fragmentos de un discurso amoroso, Siglo XXI Editores, México, p. 254.
Bunge, Mario (1980), Epistemología. Siglo XXI Editores. Buenos Aires, p. 252.
Morin, Edgar (1990), Introducción al pensamiento complejo. Ediciones Gedisa, Barcelona, p. 167.
____________, (2008), Los Siete Saberes en educación.
http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001177/117740so.pdf
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