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¿NIHILISMO EN GARCÍA PONCE?

 

Por Omar Romero Robles

 

En ocasiones el espíritu de un escritor es guiado por las ideas, aparentando que estas tienen vida y sustento propios, sin importar lo que el autor pudiera hacer. Los conceptos se mueven por sí mismos, cada frase dicha proviene de la ideología o corriente en que se mueve el pensador, sin que él se percate suelta una sentencia que nos lleva a creer que podemos acomodarlo en un estante cual libro de texto y usarlo o mencionarlo cuando salga a colación tal o cual ideología. Sin embargo encasillar a los escritores dentro de una sola corriente es un arma de doble filo, ya que la mayor parte del tiempo se encuentran oscilantes de una a otra, sin quedarse estrictamente parados en algún lugar, el pensamiento y los conceptos se mueven, jamás están estáticos. “Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.” Nos dice el Principio de Vibración del Kybalion. Podríamos hacer mención de los filósofos presocráticos para fortalecer nuestros argumentos, sin embargo no desvariamos del propósito del presente escrito. Nuestro pensamiento se mueve y oscila como un péndulo, también mencionado en el Kybalion.

¿Hacia donde pretendemos ir? ¿Qué nos lleva a decir algo que luce tan disparatado y sin coherencia alguna? Es que el objetivo que nos postra hoy sobre la máquina a teclear estas palabras se refiere a Juan García Ponce, escritor mexicano, reconocido por su crítica artística, sus acérrimos ensayos y profundos cuentos, así como excelentes novelas. Este narrador es de los autores que no pueden ser clasificados en una corriente de pensamiento. Razones sobran, mencionaremos algunas. Es difícil permanecer en un solo camino cuando se es escritor, sobre todo de cuentos y novelas, ya que estas formas narrativas obligan al artista a no quedarse plantado en un terreno, por más firme que parezca. En novelas como La Cabaña García Ponce muestra en ocasiones un romanticismo casi crónico, esto se da a notar sobre todo en su obra estrictamente literaria y dejándonos abiertas las vías para llegar a sus ensayos con un panorama un tanto predestinado, que no tardará en modificarse, ya que en estos no se queda en lo romántico. Si se trata de encontrar sólo ese tipo de concepción se logrará, sin embargo son vastas las salidas del autor yucateco; si la finalidad es encontrar existencialismo tal vez tengamos éxito, pero esto no es una ley, y bien podríamos concluir que cuando menciona esta corriente es para analizarla o hacerle una crítica.

Hemos dado paso por posibilidades, sólo eso, y lo que aquí importa, el fin último de esta redacción es encontrar un trasfondo nihilista en la obra de García Ponce, guiándonos por un estrecho sendero o basándonos en una gota dentro de un vaso con agua. ¿Por qué nihilista y no existencialista si ya se dijo que en algunos de sus textos se vislumbra esta llamarada de melancolía? Porque en un autor de su calibre el existencialismo es limitante, como también se hizo notar anteriormente, el autor en cuestión no es considerado quien pueda encasillarse dentro de una sola corriente: “Tememos pensar y quedar inmersos en nuestros pensamientos; sin embargo, García Ponce se propone un reto difícil al sumergirse en su corriente de ideas sin quedar atrapado en ellas, y nos muestra el camino interminable del análisis de los opuestos donde, en un círculo sin fin, una palabra nos lleva a su contrario y viceversa: la ausencia y la presencia, lo viejo y lo nuevo, lo bueno y lo malo.” (Zamudio Demerutis: 2002). En el transcurso del vaivén discursivo es – algunas veces – inevitable, otras tantas necesario caer, o pasar por el nihilismo para llegar a la finalidad deseada, por ello trataremos de enfocar ese lapso en el discurso de García Ponce. Con esto en mente sabremos reconocer si el autor llega a salir de esta postura o por el contrario se casa con ella, nos percataremos si sale a relucir, por medio del lenguaje utilizado en uno de sus ensayos, el trasfondo nihilista, aunque no sea la única forma se pensamiento que el escritor maneje; ya se ha dicho que posiblemente en su libro de ensayos Desconsideraciones, y no sólo por el título, la postura predominante sea el nihilismo, por ende nos ha llamado la atención esta búsqueda. Como ya se mencionó antes la obra de García Ponce, es extensa y aquí haremos el análisis de un solo texto, a saber, El valor de la Apariencia, ensayo que forma parte de su libro Desconsideraciones, que si tratamos de encontrarle una definición en su totalidad, bien podemos llegar a decir:

“Un conjunto de ensayos de muy diversa índole que refleja lo infinito de la mente y lo finito de nuestra comprensión de las cosas. El autor ha decidido abarcar muchos temas desde una perspectiva profundamente analítica y personal. Su tono, aparentemente objetivo, como en el mismo ejercicio del pensamiento, parece ser la constante; sin embargo, nos sorprende cuando dentro de toda esa seriedad surgen flashazos de ironía que concretan las ideas y las redondean con buen humor y tino.” (Zamudio Demerutis: 2002).
           
            Ahora, ya conociendo el contexto del texto que analizaremos, y antes de esclarecer el camino a seguir para lograr el objetivo esclareceremos como se entiende el nihilismo, ya que dicho concepto ha sido víctima de varios cambios en su significación a través del devenir histórico de la filosofía. Por ello partiremos del estudio heideggeriano del nihilismo, este a su vez hace mención de la concepción que Nietzsche manejó de dicha actitud.
“La primera utilización filosófica de la palabra «nihilismo» proviene presumiblemente de E H. Jacobi. En su carta a Fichte se encuentra con mucha frecuencia la palabra «nada».Y en un momento dice:

«Verdaderamente, mi querido Fichte, no me disgustaría si usted, o quien fuera, quisiera llamar químerismo a aquello que opongo al idealismo, al que tacho de nihilismo ...» (E H. Jacobi, Werke, t. 3, Leipzig, 1816, pág. 44; extraído de: «Jacobi a Fichte», aparecido por primera vez en el otoño de 1799).” (Heidegger; 2000)

Esto es sólo para esclarecernos cuando fue que el concepto se introdujo en el quehacer filosófico, aunque no precisamente en algún texto de esta índole, sin embargo, posteriormente lo filósofos comenzaron a utilizarlo de manera formal, hasta que desembocó en nombramiento de una ideología, aunque no se trata de una ideología cerrada, sino una que no pretendía serlo, sin embargo cayó presa de este proceso, aunque sigue llevando intrínsecamente la actitud, ya que sin esta ningún pensador pudiera ser concebido dentro de esta corriente.
Siguiendo el impulso que nos dio el salto anterior, desde la aparición del concepto hasta la definición un tanto más elaborada del concepto, damos paso a la significación que Heidegger da al nihilismo. El filósofo del Ser nos dice lo siguiente: “el nihilismo es un proceso, el proceso de desvalorización, el proceso en el que los valores supremos se vuelven sin valor.” (Heidegger: 2000). Aquí Heidegger nos muestra la definición del nihilismo que hoy conocemos como clásica, sin embargo la desmenuza un poco más, tomando como valor supremo la pregunta por la esencia de las “cosas” (de cualquiera que se trate, ya sea un concepto o un ente. “Quizás la esencia del nihilismo esté en que nose tome en serio la pregunta por la nada.” (Heidegger: 2000).

En la anterior cita se nos presta la unión entre lo que Zamudio Demerutis nos dice acerca de Desconsideraciones; ella nos menciona que García Ponce hace uso de una ironía en sus argumentos, hasta llegar al sarcasmo podríamos decir, esto es un no tomar en serio la pregunta por la esencia de las cosas; como García Ponce lo hace no sólo en El valor de la Apariencia, sino en todos los ensayos que nos presenta en su compendio, haciendo uso de ese péndulo que lo lleva a jugar con sus argumentos, yendo y viniendo de una concepción a otra.
Es ahora cuando cabe hacernos la pregunta: ¿Cómo lograremos comprobar que García Ponce utiliza el nihilismo en su análisis filosófico? No lo haremos siguiendo lineamientos estrictamente de la filosofía, sino que tomaremos en cuenta los modelos de análisis que nos presentan Toulmin y Vignaux. Dichos análisis nos ayudarán a esclarecer los argumentos y estructura con la que son presentados, para después seguir los pasos que Reboul propone para encontrar la ideología en todo discurso; enfocando nuestra atención hacia lo que respecta a los mecanismos retóricos, ya que estos nos pondrá en la posición de obtener una conclusión satisfactoria. Así primeramente se desmenuza el texto en cuanto a los argumentos, para después esclarecer si García Ponce se mantiene bajo el techo del nihilismo.

Empezaremos por hacer uso de las estrategias de Toulmin nos deja un conjunto de puntos a encontrar dentro del escrito que revelaran cuales son los argumentos principales que utiliza García Ponce; siguiendo este modelo encontramos como tesis principal que la apariencia es un valor, por ende, forma parte del sustento de la realidad. Los datos que nos presenta son ejemplos de situaciones o lugares que tenemos siempre a la mano, como: “Una casa habitación será siempre la aparición en el desapacible campo de la realidad del modelo que la define en el ámbito de las casas habitación imaginables.” (García Ponce: 1968: 30). Con este fragmento evidenciamos la ejemplificación cotidiana usada en el ensayo. ¿Qué más a la mano que el espacio que diariamente habitamos? Como premisa mayor definimos un argumento que da a conocer casi al final del texto, en relación a la cultura y su rasgo de apariencia, o como en ella basamos nuestra realidad, sabiendo que al introducirla al pensamiento se desgarrará, haciendo nota su naturaleza de mera apariencia. Los apoyos adicionales son el sustento en Platón y su teoría de las ideas, como en la metafísica en general y el ocio como principio para la reflexión, concepción también con la que contaban los griegos. “…por su ser sí, podríamos decir, para sumergirnos en el pantanoso terreno de la metafísica. Si vamos a seguir a Platón, tendremos que aceptar que todo local es la representación material de su arquetipo ideal.” (García Ponce: 1968: 38). Las modalidades de las que se sirve son las menciones a posibilidades, y cuando afirma algo lo hace en un tono que no creamos tan verosímil, pero que nos incita a seguir la lectura.  En cuanto a las refutaciones nos parece que García Ponce no les da demasiada importancia, sin embargo pasa por ellas: “pero como sabemos que la mejor manera de enunciar una respuesta negativa es darle una forma positiva, decimos: En efecto, una casa es siempre una casa; una zapatería es siempre es una zapatería.” (García Ponce: 1968: 39). Hasta aquí podríamos argumentar que si se hace uso del nihilismo o que algunos de los argumentos lo son, ya que al autor parece no interesarle lo que otros puedan decir contrariamente a su postura, sin embargo juega con ellas, como lo acabamos de ver en el enunciado anterior.

No obstante es necesario dar pie al modelo de Vignaux, mediante el cual localizamos siete objetos con sus respectivos argumentos, por lo tanto mencionaremos un objeto y su argumento para dar un mejor sustento nuestra idea. Objeto 1: el ocio como raíz del pensamiento; argumento 1: “El ocio es un camino conductor; a través de él llegamos a los lugares más inesperados, gracias a él nos perturban las preguntas más inútiles.” Objeto 2: el preguntar como ejercicio inútil. Argumento 2: “Sin otras miras que practicar un ejercicio inútil, elijamos una de ellas al azar. Por ejemplo: ¿el valor de un local se define por la función a la que está destinado y la manera en que la cumple...?” (García Ponce: 1968: 38). El objeto 3: “Si vamos a seguir a Platón, tendremos que aceptar que todo local es la representación material de su arquetipo ideal.” (García Ponce: 1968: 38). Argumento 3: “Una zapatería representará siempre la aparición en el desapacible campo de la realidad del modelo que la define en el ámbito de las ideas.” (García Ponce: 1968: 38). Objeto 4: el valor de algo no es sólo el objeto en sí, sino que depende de lo que se relacione con ello, respecto a nuestra subjetividad. Argumento 4: “Con desconsuelo y con una inquietud cada vez mayor tenemos que admitir que si la casa es o va a ser nuestra casa nos importa más aún que su calidad ideal de casa, sus particularidades…” (García Ponce: 1968: 40). Objeto 5: relatividad de las concepciones. Argumento 5: “Si mediante una poderosa acción de la voluntad conseguimos olvidar que siempre es posible que lo que es una bendición para unos sea una maldición para otros…” (García Ponce: 1968: 41). Objeto 6: contradicciones en la cultura. Argumento 6: “…vemos que en México se construyen teatros o museos o simples salas de exposiciones para sustituir con la realidad del local, con su apariencia que comúnmente sugiere una eminente grandeza…” (García Ponce: 1968: 42). Objeto 7: la apariencia de la cultura y la realidad. Argumento 7: “Nuestro mundo o, en todo caso nuestra cultura, es pura apariencia sin sentido que no logra ocultar su irrealidad. Pero quizás ésta no sea más que una nueva manifestación del carácter negativo del pensamiento. Ante él, la posición más segura es aceptar el valor de las apariencias.” (García Ponce: 1968: 43).

Hemos dado un paso y ahora lo que nos importa es concluir si nuestra idea es acertada, haciendo uso del modelo de Reboul, que nos parece el correcto para encontrar la ideología del autor. ¿Qué mecanismos retóricos usa García Ponce y cómo lo hace? Con esta doble pregunta en mente damos seguimiento. “…por su realidad como local o su ser sí, podríamos decir, para sumergirnos en el pantanoso terreno de la metafísica. Si vamos a seguir a Platón, tendremos que aceptar que todo local es la representación material de su arquetipo ideal.” (García Ponce: 1968: 38). Vemos en este fragmento que el autor realiza un acto locutivo, ya que fundamenta su postura en la metafísica de Platón, con esto se libra de posibles refutaciones por parte de autores con un pensamiento mayormente lógico. En lo referente a alguna ilocución encontramos lo siguiente: “Sin otras miras que practicar un ejercicio inútil, elijamos una de ellas al azar. Por ejemplo: ¿el valor de un local se define por la función a la que está destinado y la manera en que la cumple...?” (García Ponce: 1968: 38). No cabe duda si pensamos en esta cita como una aseveración, porque primero nos argumenta que el preguntar es un ejercicio inútil, además nos ejemplifica el caso, así que no hay para donde girar la vista sino para el lado de lo argumentos del escritor, que al parecer se presentan como cuestionamiento o planteamientos sin importancia. Otro ejemplo de este acto lo vemos al final: “Nuestro mundo o, en todo caso nuestra cultura, es pura apariencia sin sentido que no logra ocultar su irrealidad. Pero quizás ésta no sea más que una nueva manifestación del carácter negativo del pensamiento. Ante él, la posición más segura es aceptar el valor de las apariencias.” (García Ponce: 1968: 43). En el cierre ya no hay titubeo, ni apariencia de que el texto se nos presenta sólo como una reflexión irónica. En el acto perlocutivo bien podríamos citar todo el texto, aunque con el extracto anterior se fundamente el hecho de la intención de García Ponce por tener un cierre fuerte en sin reflexión y jalarnos hacia su sendero. 

¿Con todo lo anterior aún pensamos que existe un enfoque nihilista en El valor de la apariencia? Le respuesta es afirmativa, ya que en la definición presentada de esta corriente filosófica vemos que Heidegger nos dice que es  una falta de supremacía por que hacer filosófico; el preguntar como raíz del conocimiento, sin embargo en el texto se nos presenta el texto como una reflexión inútil que si le preguntáramos al autor nos diría, tal vez que no debe ser tomado en serio que es una mera apariencia, al igual que la cultura en general. Se nos puede intentar refutar argumentando que con el simple hecho de que una de las fuentes sea Platón, sin embargo el mismo García Ponce desvía el sendero platónico para llevarlo al suyo, manejado por la idea de que todo es apariencia, y que esta es un valor, el de mayor rango diríamos aquí. El sustento. Con esto como origen el autor se permite jugar, ser irónico, decir que algo es sin importancia y de cualquier manera hacerlo. Si bien se ha dicho que es Nietzsche el padre del nihilismo, aunque no haya sido él quien lo introdujo como concepto, pero fue quien empezó a utilizarlo en su discurso, de aquí que Heidegger mire al nihilismo como un paso inevitable en la historia de la filosofía, en la cual se inserta Juan García Ponce con sus Desconsideraciones.

 

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DATOS DEL AUTOR:
OMAR ROMERO ROBLES.- Licenciado en Filosofía.


Entendiendo aquí literario en su errónea concepción de mera narrativa, ya que es bien sabido que literatura se refiere a toda escritura.
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