
Arribo al primer puerto
La sorpresa más grande que el espectador promedio tuvo al observar esa saga cinematográfica enormemente lucrativa (amén de los dólares es claro que la obra de George Lucas entró sin miramientos a la memoria de la cultura popular) que fue Star Wars es el momento en el que Darth Vader confiesa a Luke Skywalker algo que nadie sospechaba: que era el padre de uno de los personajes más atormentados de la historia cinematográfica. El mismo que, en ese momento, lo estaba ultimando a golpes de sable láser en bien de la Federación. I am your father, dice Anakin (no Vader), y el espectador comprende la lógica del actuar del siniestro personaje. El Imperio es derrotado en la figura de Vader y Luke tiene que cargar con el trauma que su parricidio le ha generado. El parricidio es necesario para que la trama de toda la saga pueda continuar. Ese ajuste de cuentas, que en la cinta es material y al mismo tiempo simbólico, permite darle coherencia a la historia del universo que Lucas muestra en pantalla. La renovación, la revelación, la otra mirada es necesaria para que el mundo, cualquier mundo o concepción de éste, pueda seguir existiendo. La continuidad está asegurada en el mismo sentido en que la crítica (ese ajuste de cuentas simbólico) aparece para darle sentido a una historia que comienza a derivar autocomplaciente, rígida, dogmática e, incluso, acrítica.
La revista Nostromo nace con el afán de convertirse en un espacio crítico en el que quepan esas otras miradas que nos permitan darle movilidad a la comprensión de ese objeto-sujeto denominado América Latina. Y tal vez el nombre de la publicación remita, ya adentrados en el contexto cienciaficcionero y cinematográfico, al nombre de la nave que lleva a la teniente Ellen Ripley a un planeta lejano de nuestro sistema solar en donde una corporación decide intentar la captura de los seres mortíferos que habitan dicho planeta para utilizarlos como un arma militar. La nave de Alien se llama Nostromo en honor a la obra del mismo nombre escrita por Joseph Conrad. Nuestra nave editorial tiene la misma intención: recuperar la trascendencia de la obra de Conrad al describir y ubicar como escenario de su novela a una ficticia Costaguana, que no es más que la representación simbólica de nuestra América.
Nostromo surge, también, como el proyecto impulsado por un conjunto de interesados auténticos en las cuestiones y problemáticas de lo latinoamericano. Es un proyecto que se ha configurado a lo largo de un tiempo que, aunque parecía extenderse infinitamente, logró por fin materializarse. Los ánimos de la discusión y de la defensa de los argumentos de estos primeros interesados son los que hincharon las velas de este barquito. La revista surge al margen de los subsidios gubernamentales y alejada de los intereses que pretenden (antes que plantear una discusión abierta, diversa, asuntiva) generar círculos que defiendan intereses de pandillas o de grupos que comparten el acuerdo, aun antes de discutir acerca de la pertinencia de tal acuerdo. Las desaveniencias entre los integrantes del colectivo que conforman Nostromo son cuestiones que se han dado de manera cotidiana en aras de llegar a consensos que puedan, de mejor manera, representar un punto de vista que sea, al mismo tiempo, coherente pero también libre y responsable.
Las particularidades de la revista marcan también lo específico y variado de los elementos que queremos reflejar dentro de ese espacio que consideramos lo latinoamericano. Así pues, tenemos una revista dividida en cuatro partes: una sección monográfica denominada "Nudos"; una sección de divisiones fijas en donde atendemos cuestiones de coyuntura o interés políticos, de pertinencia literaria, de descripción de espacios reales o imaginarios y de análisis de diversas manifestaciones culturales, a la que hemos nombrado "Navegaciones"; una sección de debates y discusión de ideas sobre temas específicos y polémicos, "Barlovento"; y una sección de reseñas bibliográficas y de apuntes de interés relacionados con nuestro objeto de estudio, previsiblemente: "Sotavento". Cabe mencionar que se incluye una selección de gráfica que se presenta aparte del grueso del volumen, a fin de otorgarle cierta autonomía y eficacia, incluso en órdenes de impresión.
El número inicial de Nostromo, por tanto, no podía escapar ni desaprovechar el ánimo y la enjundia que todos los arranques inspiran. Así que comenzamos planteando en términos bastante evidentes los objetivos de nuestra publicación. Los contenidos hablan por sí mismos.
La parte monográfica se dedica al tema del parricidio. Un parricidio que encuentra sus orígenes en la materialización del asesinato del padre, pero que en este caso atiende más a una crítica que se supone inclemente y fuertemente argumentada acerca de la necesidad de romper, de criticar y de poner en tela de juicio diversas cuestiones que adquieren consistencia en tanto son temas de debate necesario para repensar o mirar de distinta forma cuestiones relacionadas con lo latinoamericano. Así pues, María Argüello parte desde el psicoanálisis para plantear la figura del parricida; Andrés Kozel da vueltas y estocadas acerca de la necesidad del parricidio en el ámbito intelectual; Ricardo Melgar mira con detenimiento la cuestión generacional o la pertinencia del relevo desde una obra de Luis Alberto Sánchez; Fernando Hernández desmenuza algunos supuestos (y otros no tanto) acerca de la obra de Leopoldo Zea; Édgar Adrián Mora desconfía de las rupturas inexistentes y de los parricidios retóricos de la literatura latinoamericana contemporánea; Víctor Muñoz alude en cierto sentido al mito del eterno retorno al relacionar a los actores de la huelga en la UNAM en sus distintas versiones (1968, 1986, 1999); y Mina Navarro cierra con la voz lúcida de Carlos Altamirano en entrevista. Todos ellos, "Nudos" que se complejizan o se desenlazan desde el juicio que el lector pueda hacer sobre sus apreciaciones.
Las "Navegaciones" son de oferta amplia y extensa. En Política el dossier del número está dedicado a Venezuela y la coyuntura más que evidente que protagoniza dentro del marco de la realidad sociopolítica latinoamericana. Pero también hay tiempo de reflexionar sobre el giro de las orientaciones políticas de los gobiernos a lo largo del continente, en la situación del proceso de paz colombiano, en la sombra permanente y finamente configurada de las dictaduras militares (en este caso Pinochet), en la operatividad del proyecto sandinista en Nicaragua. En Letras, aparece una somera pero reveladora descripción de la obra de Ambrose Bierce y, en específico, de El clan de los parricidas; también se navega en los caminos que unen a "El perseguidor" con Rayuela, en un abordaje singular de Cortázar; cabe además el asombro y la conciencia despertada a partir de la lectura de la obra de Rodolfo Walsh; y se puede saborear el mate que el escritor Andrés Rivera libó al contestar diversas preguntas en entrevista. La Bitácora llenó sus páginas de los recuerdos, las imaginaciones y la magnífica crónica que nos lleva a recorrer con guías de privilegio la población de El Botho, en el Valle del Mezquital hidalguense. En Cultura, las derivas llevaron a Nostromo por los territorios del debate acerca de la autonomía del arte y el efecto que la modernidad tiene en éste; nos dejamos caer por el salón de baile de Macondo para bailar salsa al ritmo de melodías y líricas que tienen a este territorio imaginario como protagonista de su narrativa musical; para los que no quieran ir al baile, el cine también está abierto y presenta un maratón de los parricidas que se han dado cita en la pantalla cinematográfica; si simplemente quieren caminar, pueden hacerlo con calma por los pasillos y tiendas de la Plaza Satélite; tal vez entrar a ver las recomendaciones y llevarse algún disco, libro o fanzine del área de novedades. Y todo por el mismo boleto.
En "Sotavento", el librero se muestra saludable y surtido, las reseñas a textos de Bolívar Echeverría, Raduan Nassar, Herbert Frey y otros, resultan estimulantes y animan a la lectura más allá de las apreciaciones de los reseñistas. Del otro lado, "Barlovento" presenta textos enfocados a revisar dos cuestiones fundamentales en este inicio de recorrido de nuestra publicación: por un lado el papel de la crítica y, por el otro, el de la pertinencia de un nombre que, para muchos, no es más que un significante vacío, el Nostromo que podemos observar en la portada. En la parte final comenzamos a configurar una galería de fotografías muy personal para los que formamos parte de este proyecto; en este número los retratos de Joseph Conrad y Leopoldo Zea son, más que simples ornatos, un guiño que esperamos más de un lector atienda.
Así es como echamos a andar este barco. Un barco que pretende tocar doce puertos. Que es decir doce temas fundamentales para repensar o replantearnos lo que es América Latina y su comprensión en la actualidad. Doce números es la cantidad de viajes que la tripulación ha determinado hacer antes de regocijarse en el relato de las aventuras que tales derroteros nos deparen. Esperamos que, al igual que en las historias de Luke Skywalker o Ellen Ripley, haya muchos Imperios y Corporaciones que terminen socavados. Y que esas aventuras no sean sueños de opio, de celuloide o de ciencia ficción. Que se libren en los territorios reales de la Costaguana de Conrad. Ese país que poco a poco revelará su cara y su nombre verdadero. Levamos anclas.
http://www.revistanostromo.net/
| Agosto-Septiembre 08 | •Directorio | •Editorial | •Proyecto | •Números Anteriores | •Contacto | •Links |