
CINCO POEMAS
Por Angélica Álvarez
A
«No puedo hablar con mi voz sino con mis voces»
A. Pizarnik
Sabes
yo también tengo voces
pero las mías no me hablan ni me escuchan
las mías ni siquiera sueñan
simplemente
se deslizan y naufragan en tazas de café
en largos sorbos que me van haciendo como tú
Alejandra a ratos
insomne
como estas letras que le sobran
a nuestros largos
abreviados
nombres.
A G U A
Mi único consuelo es esto de saber
que no puedo estar a veinte grados bajo cero
por los ciclos
de los ciclos.
B R A I L L E
De tanto que dices que no me sirve la poesía
que no sabes leer
de tanto escuchar que no entiendes
que apenas y a fuerza de memoria
−repitiendo repitiendo repitiendo−
aprendiste el abecedario y que aquí
en mí
sólo hay criptografía
de tanto que promulgas
la ilegibilidad de mis mayúsculas
el que mis tildes estén a veces invertidas
y que mis manos sean dos torres de babel
para tu cuerpo uno sólo uno y
no entiendas
cómo es que tengo versos
hasta en los pliegues esos que tú sabes
que yo sé que nadie más sabe
es que aprendí braille
para comunicarte, como fuese
con mi piel.
ESPACIO
Y si es por tratar el tema del espacio
quiero decir que ya he dado un par de pasos
o tres o cuatro
sin duda siempre con los pies no en la tierra sino
más bien en algún sitio galáctico no definido
un lugar algo variable impreciso porque –digamos-
así están las cosas por estos territorios
aunque también sea cierto que he ido ganando
mis propias hectáreas más allá del séptimo verso
y algún día espero también
conquistar los límites del verso número veinticinco
respirar tranquila sobria y abundantemente
no tocar nunca más temas relativos al des/ahogo
ser eternamente espacio abierto
-campo listo para ser pentagrameado-
y escribir un poema-multiplicación que muera
para embarcarse en todos los segundos.
P A R A RR E S P U E S T A
Por toda contestación
te devuelvo el mismo aire
en forma de suspiro.
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