
ENTREVISTA A OSCAR DE LA BORBOLLA
Guadalupe Ángeles
Un escritor fuera de serie en el ámbito mexicano es Óscar de la Borbolla pues ha publicado novelas, un Manual de creación literaria, cuentos, una breve autobiografía, Filosofía para inconformes (así es el título) y poesía, creador de las “ucronías”, es narrador que usa un tono jubiloso al escribir, esa característica es la que lo hace especial, pues nadie más alejado de la solemnidad que él, escritor extraño, ya que vive en México y dedicó su juventud al estudio de la filosofía “seria”, personalidad que seguro habrá de llamar la atención, como bien lo ha notado la editorial Nueva Imagen, que publica con gran éxito La Biblioteca Óscar de la Borbolla. Ante tal personaje y luego de asistir a la presentación de uno de sus libros, iniciamos una conversación que terminó “empaquetada” en una entrevista previa, fue así que tras la lectura de “La rebeldía de pensar”, el más reciente libro de Óscar de la Borbolla, encontré el pretexto perfecto para encontrarme con él y platicar nuevamente de tantos temas en los que nos entretuvimos un buen rato, y ya que nosotros nos la pasamos tan bien hablando de todo esto, esperamos que nuestros lectores se pasen también algunos minutos interesantes leyendo este diálogo.
G.A.- ¿Qué nos puede decir de ponerse a hacer Filosofía en estos tiempos de incredulidad?
O. DE LA B.- Se me hace que es cuando más necesario es hacer Filosofía. Uno de los momentos cúspide de la filosofía en la época clásica, fue justamente Platón, había desgarrándose el tejido social por culpa de los sofistas. Los sofistas ponían su razonamiento al servicio del mejor postor, entonces, levantaban discursos a favor y en contra que podían demostrar lo uno y lo contrario; entonces el fundamento de la sociedad era la verdad, y como se podían demostrar verdades contrarias, pues se estaba llegando a una época de relativismo terrible con la sofística.
G.A.- Muy parecido al nuestro.
O. DE LA B.- Exactamente, y Platón, justamente se encuentra en ese momento, que es una coyuntura histórica importantísima, y vuelve a refundar la polis con una nueva forma de conocimiento; refuta a los sofistas, justamente en el Diálogo: El Sofista, y es cuando la filosofía tiene realmente un cometido social importantísimo. Actualmente, no veo a ninguna cúspide de la talle del intelecto de Platón en los alrededores, ni en los planetas circundantes.
El problema es que tenemos un paquete del tamaño de la época platónica porque vivimos, filosóficamente, en un relativismo total; las verdades que parecían de oro, a prueba de todo, se han ido rompiendo; la última, que parecía inconmovible, era la verdad de la geometría, la teoría de las paralelas, según Euclides, era incontrovertible.
G.A.- Venga la Teoría de las Paralelas:
O. DE LA B.- “Dos rayas que corren paralelas, nunca se llegan a tocar, por más que se alejen en el infinito”.
G.A.- ¿Eso ya está abolido?
O. DE LA B.- Sí.
G.A.- ¿Cómo?
O. DE LA B.- Se demuestra que, si el universo en el que esas rayas corren es curvo, dan la vuelta y terminan cruzándose, como vías de tren.
G.A.- Bueno. ¿Por qué los filósofos siempre hablan de matemáticas?
O. DE LA B.- Hay un montón de geometrías no euclidianas, Gpobachensky, Riman, un montón de matemáticos; y esa era la verdad que parecía a prueba de toda duda, la geometría era una ciencia formal; y ahora hay muchas geometrías, si te pongo ese ejemplo, es un poco para ilustrarte que hasta en esos terrenos donde parecía que la verdad no se movía, se ha caído. Newton parecía también incontrovertible, y con el planteamiento de Einstein, también se viene al suelo.
G.A.- ¿Está hablando de la teoría de la relatividad?
O. DE LA B.- Sí, para uno hay una constante, para Einstein el tiempo y el espacio son relativos, para Newton, eran absolutos. Todo se ha relativizado, es una cuestión de enfoque, y en la filosofía, actualmente hay una moda, que es la que encabezan, toda esta escuela de los hermeneutas.
No tenemos un filósofo que, de pronto, refunde la filosofía, que le de un nuevo fundamento, pero sí hace falta, frente a una serie de problemas, muy cotidianos, a adoptar una postura crítica para, por lo menos, dar algunas pistas, alguna luz.
G.A.- Aquí es donde entra su libro La rebeldía de pensar.
O. DE LA B.- Sí, eso es lo que me he propuesto yo, sin pretensiones extraordinarias, sí he tratado de criticar algunas cosas que me parecen urgentes.
G.A.- Refiriéndonos a la realidad política mexicana actual.
O. DE LA B.- Sí.
G.A.- Al principio, precisamente habla de esta forma de llevar a cabo el pensar: la crítica, que no es más que elegir, según entiendo en su libro; y elegir, de acuerdo a evaluar, es la única manera de elegir.
O. DE LA B.- Exacto.
G.A.- La máquina de hacer valores es la crítica, eso me queda claro en su libro.
O. DE LA B.- Más o menos.
G.A.- Acláremelo, si es que está más o menos.
O. DE LA B.- La primera operación que lleva a cabo uno cuando piensa es la comparación, relacionamos una cosa con otra para ver qué tienen en común, ya que hacemos esto, conseguimos la identificación de características comunes: vemos que un hombre se muere, otro hombre se muere, otro más se muere, todos se mueren, todos los hombres tienen en común el ser mortales; ahí, ese es un razonamiento al que llegamos por inducción, partimos de lo particular para establecer una ley universal; cuando solamente comparamos o relacionamos para encontrar lo común, vamos clasificando las cosas en leyes, a veces, comparamos una cosa con otra, pero más bien para encontrar la diferencia, no lo que tienen en común, sino lo que tienen de diferente, es entonces cuando descubrimos que a una de las dos, que entran en la comparación, le falta algo, que está mal, que es deficiente, que es defectuoso, en el momento en que hacemos esta comparación para buscar la diferencia, lo que establecemos es una crítica, descubrimos el defecto que tiene algo, pero, ese defecto, ¿le pertenece a la cosa misma, o simplemente es porque nosotros la comparamos con la idea de lo que debiera de ser? Es ahí donde aparece el valor.
G.A.- Y allí es donde se abre la perspectiva, y extrapolando, del asunto de hacer una crítica, se llega a saber que el mundo no vale en tanto sí mismo, sino, en tanto los valores que le damos.
O. DE LA B.- Exacto.
G.A.- Eso leí en su libro, eso me queda claro.
O. DE LA B.- Ahí estamos de acuerdo totalmente, sí.
G.A.- Y finalmente, recordar que somos seres mortales, o no finalmente, sino en un punto en el que decimos ¿por qué pensar? Creo que la respuesta que está en su libro es, porque nos vamos a morir.
O. DE LA B.- Sí, porque más vales que nos agarren conscientes, a que nos agarren en una especie de inconsciencia muy parecida a la de los animales, ya que un animal satisface sus necesidades, se tira contento a reposar y a hacer la digestión, hasta que le vuelve a dar hambre, pero nosotros tenemos esta perversión, esta maldición de no conformarnos, de no estar satisfechos nunca; somos unos sujetos como el Doctor Fausto, tenemos una condición fáustica. Entonces, llevar adelante nuestra naturaleza, es justamente ejercitarnos en el pensar, que es lo más propio de nosotros.
G.A.- ¿La condición fáustica es rebelarse?
O. DE LA B.- No. La condición fáustica simplemente señala esta insaciabilidad del ser humano.
G.A.- Entonces es verdad que la condición humana es la insatisfacción.
O. DE LA B.- Exactamente.
G.A.- Cuando comprendemos que nosotros ponemos el valor en las cosas, que el mundo, sí existe, pero deja de existir cuando cerramos los ojos para siempre.
O. DE LA B.- Por lo menos para nosotros.
G.A.- Para nosotros deja de existir, eso decía Octavio Paz, y lo han de haber dicho un montón de filósofos antes.
O. DE LA B.- Sí.
G.A.- ¿Cómo ha sido recibido por sus lectores habituales este libro?
O. DE LA B.- Mira, yo tenía muchos temores porque, normalmente me leen la parte narrativa, que son cuentos o novelas de humor negro, divertidas, con muchas acciones, mucho relajo, mucho erotismo, y de pronto se tropiezan con un libro de filosofía que pretende ser serio. Yo tenía un miedo espantoso. Pero, he podido presentar ya, para estas fechas, mediados de diciembre, me he presentado como quince veces en distintos lugares.
G.A.- ¿Y lo quiere más, a su libro, o ya se hartó de él?
O. DE LA B.- No, lo quiero bien. Lo he presentado en la Universidad Pedagógica Nacional, en Puebla, en Toluca, en Querétaro, en León, en Monterrey, en Guadalajara, en la UNAM, en una librería que se llama “El Péndulo” de Polanco, en un montón de lugares le he hecho presentaciones; y contra lo que yo me temía, que fuera el abucheo general, o la indiferencia o el aburrimiento, la gente reacciona muy interesada y además, para milagro mío, ya se vendió la primera edición, el libro salió hace cinco meses o seis.
G.A.- ¿En un tiraje de mil?
O. DE LA B.- No, dos mil.
G.A.- Y ya se vendieron. Es que tiene muchos fans.
O. DE LA B.- Es para mí una sorpresota enorme, porque, todos mis colegas, tú sabes que yo trabajo en la Universidad.
G.A.- Sí, Usted es maestro de filosofía.
O. DE LA B.- Mis colegas publican libros allí mismo en la Universidad con un tiraje de quinientos ejemplares y se tardan veinte años en terminar de vendérselos a los alumnos, a los que los obligan.
G.A.- Porque los fotocopian.
O. DE LA B.- Ni siquiera los fotocopian, ni quien los quiera.
G.A.- No los leen. Qué tragedia.
O. DE LA B.- Entonces, me da muchísimo gusto que un libro de filosofía, que es todavía más difícil de comercializar que un libro de poesía, porque hay mucho menos gente interesada por la filosofía que por la poesía, de pronto consiga realmente una cifra récord para nuestros parámetros en México. En otros países donde hay mayor interés seguramente son tiros muy grandes.
G.A.- Si fuéramos fríos, y muy mal pensados, podríamos imaginar que Óscar de la Borbolla, sale momentáneamente de la Filosofía, se pone a hacer libros muy divertidos, consigue un montón de lectores y luego vuelve a hacer Filosofía…
O. DE LA B.- …para agarrarlos desprevenidos…
G.A.- …y ¡zaz!, venderles un libro de filosofía, que aparte, no les incomoda, puesto que es de su autor favorito.
O. DE LA B.- Mira, no está tan desencaminada tu hipótesis.
G.A.- ¿Piensa mal y acertarás?
O. DE LA B.- Te voy a comentar una cosa: yo durante muchos años, siete años para ser exacto, fui ayudante de profesor en la Universidad.
G.A.- Del Maestro Eduardo Nicol.
O. DE LA B.- Sí, yo lo amaba, me parecía una lumbrera maravillosa, estaba yo muy joven y me había deslumbrado con tantas cosas que sabía, era además un buen filósofo.
G.A.- ¿Ese deslumbramiento puede detectarse en una iluminación momentánea?
O. DE LA B.- Era, psicoanalíticamente, la necesidad de tener un padre, y en él encontré a alguien que me guiara y todo lo demás. Me porté sumiso y dócil durante esos siete años, hasta que un día me hartó y nos dimos un agarrón y me corrió de la Universidad. Pero, lo que sí comprendí fue que un tipo de la talla de él, con tantas ideas, había sido desplazado por unos mequetrefes que simplemente tenían presencia en los medios.
G.A.- ¿Cómo quiénes?
O. DE LA B.- Pues se acaba de morir el más famoso de ellos: Raúl Velasco. Que en su momento fue el líder espiritual de México.
G.A.- A ver, las masas suelen ser movidas por las mass media, por eso se llaman así.
O. DE LA B.- Sí.
G.A.- Por eso Raúl Velasco era el maestro y no Eduardo Nicol.
O. DE LA B.- Pero es que a mí me lastimaba, me dolía.
G.A.- Si me permites hacer la pregunta del abogado del diablo, ¿Qué podría Eduardo Nicol haber enseñado a las masas?
O. DE LA B.- Les iba a enseñar nada menos, a comprenderse a ellas mismas, a entender bien el mundo, a tener unas metas verdaderamente humanas, había muchas cosas valiosas en él y a mí me parecía terrible que se desperdiciaran en un saloncito con veinte estudiantes, cuando cualquier programa de tele, alcanza un impacto de millones de personas simultáneamente, entonces, ¿cómo es posible que un mensaje tan pobre, como el que transmiten la mayoría, o todos los locutores de la televisión, sí consiga troquelar la mentalidad de la gente y lo que se hace en la Universidad, por parte de los que se dedican a pensar, se quede atorado en un salón? Por eso, un buen día decidí dejar de ser ese filósofo que fui en algún momento, que no creas que Nicol permitía que se le acercara cualquier alumno.
G.A.- ¿Cómo se lo ganó?
O. DE LA B.- Con constancia, con estudio, con discusiones en las que yo me ponía a preparar lecturas enormes para poder llegar con el maestro a plantearle una dificultad, así fue, yo me convertí en un…
G.A.- ¿En un adepto?
O. DE LA B.- En un adepto y en un estudioso de la filosofía muy en serio, muchos años di la materia de Ontología.
G.A.- ¿Ontología?
O. DE LA B.- Que es metafísica, lo que daba Nicol. Incluso presenté un montón de exámenes de oposición en la universidad, soy titular ahora de esa área en la Escuela de Estudios Profesionales Acatlán. Me dediqué de lleno. Luego de que me fui a España a estudiar el doctorado, cuando volví me parecía que me iba a volver a asfixiar en ese mundo pequeñito del salón de clase, y fue cuando empecé a escaparme, pero no podía escaparme por el lado de la filosofía, ni quien me quisiera en ese momento, tenía que buscar un tipo de vehículo, que tuviera ideas filosóficas, pero que fuera atractivo para la gente, entonces fue cuando inventé esta columna de humor negro y periodismo que son las “ucronías”, en el fondo tiene un montón de planteamientos filosóficos, nada más que disfrazados de noticias locas.
G.A.- ¿Me da un ejemplo?
O. DE LA B.- Ejemplo: Me parece abominable la institución matrimonial.
G.A.- Usted está casado.
O. DE LA B.- Sí. Me parece abominable la monogamia, me parece abominable la represión sexual.
G.A.- Bueno.
O. DE LA B.- Yo pienso que deberíamos de tener una relación mucho más franca, mucho más abierta, más expedita, más liberadora, para poder ser más felices, esa es la idea. ¿Cómo plantearla? Bueno, en una de las Ucronías, el reportero en el que yo me desdoblaba, descubre un Hospital en el que las facciones más reaccionarias de este país, injertan, a los jovencitos que llegan a hacerse los exámenes prenupciales, les lavan el cerebro, haciéndoles ver que van a terminar divorciándose, que los hijos de padres divorciados viven en la desgracia, y como están muy enamorados los convencen para que den una prueba de amor, ¿cómo? Injertándose el uno al otro, entonces, unos cirujanos canallas les entreveran los sistemas circulatorios, los sistemas respiratorios, y los dejan pegados como siameses.
G.A.- ¿Por la cadera?
O. DE LA B.- Por todos lados. Es el matrimonio por injerto.
G.A.- Es la encarnación de la naranja completa.
O. DE LA B.- Sí, cuando yo descubro eso, y denuncio la ideología reaccionaria que hay detrás, tú y todos se ríen.
G.A.- Usted también se rió cuando se le ocurrió, ¿no?
O. DE LA B.- Sí, pero en el fondo, es la idea de mostrar lo tonto que es esto de casarnos para toda la vida. ¿Te fijas? Era usar las ideas, pero no presentadas técnicamente, teóricamente, aburridamente, sino presentarlas en una especie de reportaje real.
G.A.- Sensacionalista.
O. DE LA B.- Para que la gente se espantara, y pensara. Y cada Ucronía era en el fondo esto, una vez también dije, nos están manipulando los medios masivos.
G.A.- Eso es cierto.
O. DE LA B.- Hago una crítica a la influencia, hago un estudio de campo para ver cómo se modifican las ideas, no, se me ocurrió mejor denunciar la existencia de una estación de radio que transmitía en la frecuencia de las ondas telepáticas, y que nos estaban infectando el cerebro con un montón de mensajes publicitarios, y que como el cerebro era el radiorreceptor, no podíamos apagar el radio, sino que nos entraba, veinticuatro horas la información, por vía de la onda telepática, y no la onda hertziana.
G.A.- ¿La onda telepática es un invento suyo?
O. DE LA B.- No.
G.A.- ¿Si existe?
O. DE LA B.- Se supone que la parapsicología ha estudiado esto…
G.A.- ¿Si existen las ondas telepáticas?
O. DE LA B.- No están del todo demostradas, pero algo debe de haber, yo lo daba como si fuera cierto, para meter un grito de alarma.
Mucho tiempo hice filosofía de este tipo, relacionada con el relajo y tenía siempre un sentido crítico para que la gente se preocupara, pensara, y no estarle ofreciendo conceptos serios.
Bueno, me hice de un público, como tú dices, y ahora, de pronto, me quito el disfraz del periodista loco y planteo un libro en serio, y ya con un efecto, como te he contado, de mayor alcance. Por eso te digo que no era tan desencaminada tu hipótesis, sí había eso.
G.A.- Entonces la respuesta es sí, todo fue planeado desde hace siete años.
O. DE LA B.- Pues no sé si planeado tan calculadamente, pero terminó dándose así, desde muy al comienzo sí me desesperaba que Nicol no fuera escuchado por más personas, me parecía de verdad un desperdicio de un hombre tan talentoso.
G.A.- A lo mejor era por la cuestión de su encanto personal, no era muy simpático…
O. DE LA B.- No, el tipo era odioso.
G.A.- Por eso.
O. DE LA B.- Era de esos españoles dogmáticos, tiránico, pero no obstante lo que decía era muy importante, o por lo menos más importante que lo que decía Guillermo Ochoa y Raúl Velasco y toda la otra bola de gente.
G.A.- Naturalmente.
Veo una gran honestidad y coherencia entonces en su trabajo, y, desde la parte, literaria, ya vimos que esto no es una novela, es un libro de ensayos, ¿ha recibido comentarios de sus lectores sobre él?
O. DE LA B.- Sí, una de las presentaciones que más temía yo era la presentación en la UNAM con mis pares, en la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán y allí todos mis compañeros son profesores de Filosofía, invité a un par de ellos, los más pesados, a ver qué decían, uno es Mauricio Pilatowsky y otro es Raymundo Ramos, yo como quinceañera esperando el baile de su presentación en sociedad, o como si fuera a hacer un examen profesional llegué al auditorio preocupadísimo porque me iban a poner como lazo de cochino tal vez, y no, los dos estuvieron muy complacidos con el texto, les pareció muy interesante, muy bien planteado, y me hicieron unas objeciones, algunas de ellas buenas, por ejemplo, una que es un poquito técnica, yo aquí digo que el deseo es lo que despierta el pensamiento, y ellos me decían, es el objeto del deseo el que despierta al deseo que despierta al pensamiento, como yo cancelo el objeto del deseo porque para mí, en esto contexto, la realidad exterior no existe, entonces todo tiene que surgir desde adentro, desde el sujeto, entonces nos echamos una discusión de muy buen nivel el día de la presentación Mauricio Pilatowsky y yo, pero fue muy cordial, de colega a colega.
G.A.- ¿Y lo convencieron?
O. DE LA B.- No, quedamos igual, quedamos tablas.
G.A.- ¿Por qué?
O. DE LA B.- Porque en filosofía finalmente es difícil convencer a alguien, pero sí, lo que uno debe de ganar es el reconocimiento del otro como otro sujeto que piensa.
G.A.- Eso queda implícito cuando los llama “mis pares”.
O. DE LA B.- Sí.
Mis lectores me han devuelto, algunos de ellos, una impresión del libro como la que me habría gustado que se causara, como la que me gusta que se cause, que es un libro serio y no obstante, no complicado, no abstruso, no ilegible, hay algún pasaje por allí en el libro más o menos difícil, cuando me meto a discutir con los matemáticos, esa es una parte densa.
G.A.- Lo que pasa es, que sucede allí una especie de magia, con las matemáticas y la naturaleza, allí supongo que es donde la filosofía estará un poco en problemas, puesto que, si está en la naturaleza y está en las matemáticas, Usted menciona que, quienes lo descubrieron, los matemáticos…
O. DE LA B.- …el número de pétalos, de la numeración de Fibonacci…
G.A.- …es una especie de milagro, y los matemáticos decidieron quedarse boquiabiertos y decir, que padre, las matemáticas son el universo, y los filósofos, ¿qué hacen?
O. DE LA B.- Fíjate que allí hay un problema interesantísimo, yo no he leído, en los filósofos actuales, dedicados a la filosofía (en los matemáticos sí), reflexiones, pero en los filósofos no, todos ellos, le sacan la vuelta, el mismo Heidegger jamás se metió con cosas de matemáticas, y yo creo que hay un problema interesantísimo que plantean los matemáticos a los filósofos, que es nada menos, la estructura matemática parece la racionalidad de lo real, o sea, las matemáticas, en el fondo serían ontología.
G.A.- Sí, eso es lo que viene en el libro.
O. DE LA B.- Sí. Y no conozco ningún filosofo que se haya dado cuenta de este asunto, que esté discutiendo siquiera con los matemáticos, al nivel que sea, si efectivamente la naturaleza está escrita en caracteres matemáticos, si esto es cierto, entonces no hay más racionalidad de lo real, que es lo que los filósofos buscan, que el número, entonces, tenemos una tradición que viene desde Pitágoras hasta el presente, de pensamiento matemático, que no ha tenido suficiente presencia en la filosofía.
G.A.- Pitágoras fue quien dijo que Dios es número.
O. DE LA B.- Sí. Es que Pitágoras fue el primero en descubrir estas relaciones, entre los números y la realidad, lo descubrió justamente al encontrar la proporción de la armonía, si tú tienes una cuerda de una lira y la pulsas, el sonido que despide esa longitud, es armónico con cualquier otro tramo de la cuerda que sea un divisor exacto del tamaño total de la cuerda.
G.A.- Es donde entran los múltiplos.
O. DE LA B.- Sí. Y si no lo tocas exactamente allí, suena inarmónico, entonces, ¿cómo es posible que la armonía en el fondo sea un juego de divisiones? De divisiones en el sentido matemático.
G.A.- Allí es donde entra el concepto de la música de las esferas.
O. DE LA B.- Sí, cuando Pitágoras descubre esto se queda pasmado y dice “la realidad es numérica” y lo que hemos visto con el avance de las matemáticas es que hay muchísimos campos de la realidad que se ajustan a la racionalidad matemática, a las fórmulas de las matemáticas.
G.A.- ¿Cómo ve eso un filósofo?
O. DE LA B.- Ese es el asunto, deberían de estar…
G.A.- Le pregunto a Usted.
O. DE LA B.- Yo estoy interesadísimo, por eso estoy clavado en la filosofía de las matemáticas actualmente, pero no termino de admitirlo porque no todos los modelos matemáticos tienen un referente con lo real, solamente algunos, hay infinidad de especulaciones matemáticas que no sirven para nada.
G.A.- Como lo menciona, las matemáticas es un juego humano que fue inventado como fue inventado el scrabble, para entretenerse.
O. DE LA B.- Sí, son unas reglas arbitrarias como las del black jack, el pokar, el ajedrez…
G.A.- …y si se reflejan en la naturaleza, si uno es agnóstico dice, es pura casualidad ¿no?, allí es donde entra el problema, los filósofos tienen que hacer una estructura mental que explique esto, pero no necesariamente, ¿o si?
O. DE LA B.- Mira, en el libro, hay un asunto coherente porque, ya te hablé de la comparación que nos permite la inducción y la deducción, la comparación de la diferencia nos permite la crítica, pero la crítica, para mí, no es la forma más aguda del pensar, la crítica tiende a dogmatizarse cuando no vuelve sobre sí misma, cuando la crítica se autorrevisa, entonces se destruye el dogmatismo, no se puede terminar afirmando nada, y por eso, dice el libro, que el extremo más puntiagudo del pensar es la duda, y ahí soy coherente, yo planteo el problema de la relación entre los números y la realidad, como si hubiera una ontomatemática, pero finalmente no sé, lo critico, muestro todas las deficiencias que puede tener esto y termino en un famoso “no se sabe”, que es el seno de la duda.
G.A.- Con esa duda estaría contento Pitágoras.
O. DE LA B.- No.
G.A.- El sería tajante: “Dios es número”
O. DE LA B.- Es más, hay una anécdota interesantísima de Pitágoras, uno de sus alumnos descubrió el famoso número pi, el 3.141519, yo tengo un libro que tiene los cien mil primeros dígitos; después del punto decimal, los primeros cien mil, y se han generado millones de dígitos y nunca se acaba, y no le encuentra la racionalidad, al número pi; bueno, cuando descubrió esto su alumno, este número pi, es un número irracional, porque no es un número exacto, bueno, dicen las malas lenguas que Pitágoras mandó matar al descubridor del número irracional, a su alumno.
G.A.- Eso quiere decir que lo mandaría matar a Usted ahora mismo.
O. DE LA B.- Seguro. Porque el pensamiento, cuando encuentra una estación en la que cree que ya encontró la verdad, se vuelve dogma, y se vuelve religión, y para Pitágoras la filosofía era religión, entonces éste, que metió la cizaña con el número pi era un renegado.
G.A.- Un rebelde.
O. DE LA B.- Claro.
G.A.- Habría que analizar cómo llegó al número pi.
O. DE LA B.- Simplemente echando el pensamiento a funcionar descubrió que no todos los números eran exactos, que no todos eran racionales.
G.A.- Cuando yo estaba en la Secundaria, tenía una maestra que se preguntaba ¿cuál es la manera de enseñar matemáticas?, pues bueno, si aquí hay dos libretas, aquí está el número dos; es la realidad; pero el descubridor del número pi se puso a jugar precisamente con la realidad.
Pero he aquí que en su libro encontramos que todo, la realidad, son sólo percepciones, y tal vez ni siquiera, sino, representaciones, al estarlo leyendo llegó un momento en que dije, bueno, no existe el mundo, todo son percepciones, o no existe la realidad, sino sólo percepciones, o percibimos o imaginamos, y por allí nos vamos y llegamos a la conclusión de que todos podemos ser dios, pues creamos nuestro mundo de percepciones, pero pasa otro capítulo y comprendemos otras cosas.
O. DE LA B.- Mira, hay dos maneras de enfocar tu estancia en el mundo: tú estás aquí en el mundo, te relacionas con un montón de gente, tienes problemas, necesidades, haces tu vida, y eso te va dando la seguridad de que realmente existes, de que lo que entra en contacto contigo existe.
G.A.- No podemos confiar en los sentidos.
O. DE LA B.- Allá es a donde voy, espérame, para las cosas estrictamente prácticas, esta certeza de que la realidad existe es suficiente, en cuanto veo que el camión se me viene encima, yo brinco para que no me embista, no dudo. Allí funciono a un nivel pragmático inmediato, allí no hay ningún problema, admito que el mundo existe, que estamos en un café, etcétera, no creas que estoy totalmente loco.
G.A.- Nadie imagina a nadie.
O. DE LA B.- No, lo admito. Sin embargo, cuando trato de explicarme esto desde el punto de vista riguroso, empiezo: veo tu presencia, ¿cómo la veo? A través de los sentidos, los sentidos me han mostrado a veces, en las alucinaciones, cosas que no tenían referente, pregunta ¿no será que en este momento tú eres una alucinación?
G.A.- Allí es donde se plantea lo que leo en su libro, la diferencia entre los sueños y la realidad no es muy clara.
O. DE LA B.- Exacto. No solamente los sentidos son engañosos y no podemos fiarnos de ellos, sino que bien pudiéramos estar incluso dormidos.
G.A.- ¿Todo el tiempo?
O. DE LA B.- Todo el tiempo.
G.A.- ¿“Despertar es morir, morir es despertar”?
O. DE LA B.- Tal vez. Todo lo que nosotros tenemos a nuestro alrededor, creemos que está afuera de nuestra conciencia, pero en el fondo son las representaciones en la conciencia, son percepciones.
G.A.- Digamos que las representaciones son las percepciones pasadas por el cedazo de…
O. DE LA B.- De los sentidos. Tenemos cinco puertas abiertas al exterior, los sentidos, y nos llegan noticias que se nos condensan en la conciencia y allí es donde aparece la figura, la forma ¿No será que estoy solo, inventándome un mundo fantasioso?
G.A.- …y sí menciona a la película Matrix en su libro.
O. DE LA B.- Claro, por eso digo que Matrix es mucho más claro para entender este problema que Heidegger. Este filósofo ni siquiera plantea el problema, él da por un hecho que el hombre es un ser en el mundo y nunca entra en el problema si existe el mundo, lo da por sentado, parte de ese supuesto.
G.A.- Partiendo pues de que Heidegger ya se quedó muy contento con que el mundo sí existe, ¿podemos deducir que los cineastas son mejores filósofos que Heidegger?
O. DE LA B.- Pues mira, en el caso éste yo lo dije un poco con ironía porque, esto que estoy formulando pertenece a la zona más rabiosa, más exacerbada del idealismo, allí me he instalado, pues, desde ese punto de vista, esta película es excepcional porque es un documento que muestra realmente la duda de si todo esto que está alrededor nuestro existe o no, nos lo presenta como una realidad virtual. Y se me hace que eso es mucho más coherente con una postura idealista, que lo que dice el bueno de Martin Heidegger que era muy talentoso, era genial, maravilloso, pero parte de un supuesto que yo no me trago.
G.A.- Que existe el mundo.
O. DE LA B.- Que existe el mundo.
G.A.- ¿De veras no cree que exista el mundo?
O. DE LA B.- En sentido riguroso no lo he podido demostrar, y paso en el libro revista a tres de las pruebas, la prueba de la intersubjetividad, la prueba de la praxis y la prueba de los matemáticos.
G.A.- ¿La prueba de la praxis no la pasa porque no son perceptibles las diferencias entre sueño y realidad?
O. DE LA B.- La prueba de la praxis viene del marxismo, si nosotros nos hiciéramos una representación equivocada de la realidad, y fuéramos con esa idea a la realidad, si no la hubiéramos captado tal como es la realidad en sí misma, fuera de nosotros, fracasaríamos.
G.A.- Hemos fracasado.
O. DE LA B.- Pero hemos atinado también, por decirte algo, ¿cómo consigue el hombre volar?
G.A.- Respetando las leyes de la aerodinámica.
O. DE LA B.- Exacto, o sea, las leyes de algo que tiene realidad.
G.A.- El hecho de que existan aviones ya demuestra que sí existe la realidad, porque se respetaron las leyes de la aerodinámica para realizar el sueño del hombre de volar.
O. DE LA B.- Claro.
G.A.- ¿Entonces no pasamos esa prueba?
O. DE LA B.- No la pasamos por los argumentos que pongo en el libro. Porque yo me puedo estar imaginando desde siempre estar dentro de un sueño donde las cosas funcionan así y asado.
G.A.- Con lo que viene a echar abajo todas las pruebas a favor de la realidad de la existencia, ¿es precisamente lo vívido de los sueños?
O. DE LA B.- Sí, la no frontera clara entre el sueño y la vigilia es lo que hace que yo pueda haber estado instalado en un sueño desde siempre.
G.A.- Y eso que parece una leyenda antigua de los monjes siberianos, resulta ser el sustento de quien vive en la zona más rabiosa del idealismo.
O. DE LA B.- Eso que dices irónicamente es, cuando llevas hasta sus últimas consecuencias, la exigencia de que la realidad de veras muestre que existe, si tú le pones objeciones desde el punto de vista de la razón, no encuentras las razones suficientes.
G.A.- Lo que encuentro es que el cuerpo y la razón están divorciados porque, si viene un perro y me arranca un pedazo de brazo, la realidad me va a hacer sufrir.
O. DE LA B.- Claro. Pero también en un sueño, un perro onírico, que te viniera a morder, y te arrancara, te haría berrear en tus sueños de dolor, y eso no mostraría que existe el perro onírico.
G.A.- Bueno, ¿por qué a los filósofos les gusta jugar con el hecho de que exista o no la realidad?
O. DE LA B.- Porque la realidad es muy sospechosa.
G.A.- Porque los sueños son muy vívidos.
O. DE LA B.- Todo esto decía al principio, hay dos niveles, un nivel práctico, en el que se tienen que admitir ciertas cosas, pero cuando tratas de explicar esas cosas a nivel racional, o sea, cuando te metes a hacer filosofía, tienes que ajustarte a cierto rigor.
G.A.- Concedamos.
O. DE LA B.- Sí hay prueba en contrario, tienes que desechar. Tú me dices muy convencida “si un perro me muerde, me duele”, yo te digo, pero eso mismo puede experimentarse en un sueño, entonces tu dolor no me demuestra nada.
G.A.- A mí sí.
O. DE LA B.- Claro, te lo demuestra en el nivel práctico, pero no tienes las razones, a partir de ese dolor, para admitir que la realidad exterior existe.
G.A.- ¿Sería muy ofensivo decirle a un filósofo que la filosofía es un juego del intelecto?
O. DE LA B.- No. Es más, yo lo acepto, incluso te podría decir que la filosofía es un género literario más.
G.A.- Ahí es donde tengo que encontrarme con usted, ¿en qué consiste el género literario llamado filosofía?
O. DE LA B.- Yo, durante mucho tiempo creí que la filosofía servía para encontrar la verdad, para entender, y me di cuenta que la filosofía no sirve para entender nada, es un tipo de discurso que levanta mundos, como levanta mundos el novelista, y en lugar de que los personajes sean seres humanos con conflictos, en el caso de la filosofía son conceptos con relaciones, pero es simplemente una fantasmagoría discursiva igual que cualquier otro género literario, por eso te lo acepto, es un juego la filosofía.
G.A.- ¿Qué pasa entonces cuándo, por ahí me encuentro que, “los locos somos otro cosmos”, ese cuento suyo fue elaborado, después de que el autor entró a un manicomio para enterarse cómo viven los locos, es una broma?
O. DE LA B.- Eso es falso. Nunca he pisado un manicomio en calidad de paciente. Yo en alguna época ayudaba a mi hermano a vender productos para hospital, vendía gasas, vendas, material desechable, y por casualidad me tocó la zona sur de la ciudad de México, y entonces tenía que ir a abastecer de todo esto a este Hospital Fray Bernardino.
G.A.- ¿Es un manicomio?
O. DE LA B.- Antiguamente era La Castañeda, pero lo mudaron a Tlalpan y allí ahora se llama El Fray Bernardino. Muchas horas me pasaba en la sala de espera del jefe de compras, haciendo antesala para mostrarle los productos, y veía a los locos, algunos de ellos deambulan por allí, ese es mi contacto más próximo desde el punto de vista real.
G.A.- ¿Y tuvo una relación afable con esos locos?
O. DE LA B.- No me gustan, los locos reales no me gustan.
G.A.- ¿Eran violentos, lo querían golpear?
O. DE LA B.- No, a los que dejan pasear por los alrededores son pacíficos, pero sí hay salas de reclusión de gente muy mal.
G.A.- ¿Por qué no le gustan los locos?
O. DE LA B.- Porque son necios, como los filósofos.
G.A.- Lo igual se rechaza…
O. DE LA B.- Pero la idea del loco, como el sujeto diferente, el que se atreve a pensar por su cuenta y tener su propio mundo particular, este loco, este loco idealizado por mí me resulta enormemente entrañable, es más, es con el que yo me identifico, y por eso siempre hago una defensa a favor de los locos.
G.A.- Aunque no le caigan bien.
O. DE LA B.- Los reales, te digo, me dan más o menos miedo.
G.A.- ¿Pero por qué le dan miedo, si puede ser que la realidad no exista?
O. DE LA B.- Porque a lo mejor me ponen delante, efectivamente, que no existe, y me los muestra como unos sujetos que andan en su mundo junto al mío, y me hacen sentir tan loco como ellos.
G.A.- Pero si como filósofo se asume loco, ¿cuál es el problema?, ¿o esa locura no es tan seria?
O. DE LA B.- Lo que pasa es que, el interlocutor, cuando razona como uno, uno puede estar en contra o estar a favor, y eso permite una cierta tranquilidad de saber a qué atenerme con él, el loco, en cambio, tiene una racionalidad diferente, y sus salidas son desconcertantes, y a mí, el no saber a qué atenerme con el interlocutor me produce un estado de intranquilidad, no sé cómo va a reaccionar, entonces le tengo miedo.
G.A.- Muy racional y muy válido, si uno quisiera jugar al dominó con las fichas del scrabble no se puede.
O. DE LA B.- No se puede, llego yo con mi discurso y ellos con el suyo, y no nos encontramos. Pero que conste, no escribí ese cuento luego de una experiencia, tras las bambalinas del manicomio.
G.A.- Fui engañada, lo acepto.
O. DE LA B.- En donde narro una experiencia de reclusión en un psiquiátrico, es en el libro Asalto al Infierno, allí viene un cuento que se llama “Tras las bambalinas del manicomio”, en el que cuento, como si hubiera sido cierto, cómo me aplican los electroshocks, leí un montón de libros de psiquiatría para ver en qué consiste el procedimiento, qué efectos tiene, lo narré, para denunciar, desde un ángulo antipsiquiátrico esas prácticas terribles, pero no me consta en carne propia, tengo mis jueves intactos.
G.A.- ¿Aún siguen existiendo para Usted los jueves?
O. DE LA B.- ¿Te acuerdas que en el cuento dice que me borran los jueves?
G.A.- Sí, bueno, pero entonces vendría a ser auxiliado por “El hombre que fue jueves” de Chesterton.
O. DE LA B.- No, ese era un perverso. Acuérdate, en esa novela todos eran agentes.
G.A.- ¿La risa en el abismo es su anterior libro a este de La rebeldía de pensar?
O. DE LA B.- Sí, por lo menos en la cronología de la publicación.
G.A.- Si me permite, volvamos un poco a Eduardo Nicol, me quedó la inquietud de que quizá Usted tomó esta decisión de entrar en la literatura, precisamente, para de ese modo, el trabajo que no hizo su maestro Nicol, lo está haciendo Usted.
O. DE LA B.- Mira, no quiero tener su suerte.
G.A.- Yo tampoco quiero que la tenga, era odioso ¿no?
O. DE LA B.- Era odioso pero fue un hombre muy respetado, pero en un círculo muy pequeño y valdría la pena que lo conocieran.
G.A.- ¿Qué libros publicó?
O. DE LA B.- Tiene muchísimos, los publica casi todos el Fondo de Cultura Económica, por ejemplo: La metafísica de la expresión, Los principios de la ciencia, Psicología de las situaciones vitales, Historicismo y existencialismo, El porvenir de la filosofía, La reforma de la filosofía, La idea del hombre, tiene un montonal de libros.
G.A.- ¿En La metafísica de la expresión se ocupaba de la literatura de algún modo?
O. DE LA B.- Muy tangencialmente, hablaba de que el hombre es un ser simbólico, que la expresión en el hombre es la esencia tanto genérica como individual, es lo que tenemos todos en común, que somos seres expresivos, pero cada quien expresa a su manera, entonces, sirve ese concepto para definir lo que es nuestro ser genérico, que todos los hombres expresamos, y lo que es nuestro ser individual, cada quien se expresa de su muy particular forma. Era una ontología de lo humano, ese libro.
Te digo que era interesantísimo, el único que alguna vez lo tomó como punto de partida fue este pedagogo brasileño.
G.A.- ¿Freire?
O. DE LA B.- Sí, Paulo Freire, el libro de Extensión y Comunicación de Freire, la diferencia entre comunicar y extender, ya ves que la extensión es una máquina de dominación y la comunicación permite el reconocimiento de los valores del otro, la parte teórica de Freire es Nicol, y Freire lo reconoce, lo cita, justamente cita el libro de “La metafísica de la expresión”.
G.A.- Qué maravilla.
O. DE LA B.- Pero debería de haber tenido mucho más impacto, pero si tú te pones a pensar que Nicol era más o menos de la talla de Sartre.
G.A.- Esa frase demuestra todo el amor que le tenía.
O. DE LA B.- No no no, me consta, mira Nicol, no me acuerdo en qué año, se graduó de doctor en Filosofía con el libro que se llama La psicología de las situaciones vitales, ese libro fue publicado en México dos años antes que El ser y la nada de Sartre y en este libro dice casi lo mismo que La psicología de las situaciones vitales, Sartre desvía la atención hacia una caracterología de lo humano y esa caracterología ya estaba planteada por Nicol en su libro, lo que pasa es que Sartre tenía la plataforma de ser un filósofo francés y Nicol, aunque era español, era de los transterrados, tenía la plataforma de hacer filosofía en México, y sus alcances no fueron a ningún lado.
G.A.- Es un poco lo que decía Ricardo Garibay: aunque seas un gran escritor, si vives en México no tienes el mismo reconocimiento que Stendhal, digamos.
O. DE LA B.- Claro, cualquier escritor europeo o estadounidense, consigue, en primer lugar, cuando hace una publicación, un mínimo de ventas de veinte mil ejemplares, un libro de cualquiera, español, inglés, francés, alemanes, sacan una novela y hay un mercado de lectores, entonces se puede vivir decentemente y se puede uno profesionalizar y vivir de eso, en México estamos celebrando con bombo y platillo dos mil ejemplares, pero es verdaderamente como para soltarnos a llorar si lo comparamos a nivel mundial.
G.A.- ¿No se le ha ocurrido irse a Estados Unidos a publicar?
O. DE LA B.- Lo que he querido (pero también hay un cerco muy difícil de traspasar en México) es ser traducido y publicado en otros lados, lo ando buscando, ahorita anda en ciernes una traducción al japonés y otra traducción al italiano, a lo mejor eso me logra abrir las puertas.
G.A.- Pues ojalá.
O. DE LA B.- Sí, eso sí lo deseo enormemente, deseo que la realidad exista.
G.A.- Deseamos pues que exista la realidad para que se internacionalice como el escritor de éxito que es, por cierto, ¿Está escribiendo algo actualmente?
O. DE LA B.- Actualmente estoy haciendo dos libros, un diccionario que, el referente más claro para ilustrarlo sería el Diccionario del diablo de Ambrose Bierce, con definiciones como aforismos, son los latigazos instantáneos que produce, sí la definición del asunto, pero rebelando algo erróneo, descompuesto…
G.A.- Particularmente atroz, recuerdo aquel ejemplo, en su Manual de Creación Literaria, aquellas frases, entre las que mencionaba una de Dalí, que no vamos a repetir, porque es asombrosamente espantosa.
O. DE LA B.- No, esas eran las frases las sicásticas, las que son nítidas, incisivas, memorables, esas tremendas que no se pueden olvidar. No, trato de hacer frases sicásticas, pero no escatológicas, te puedo leer algunas.
G.A.- Adelante.
O. de la B.- Ambrose Bierce hace definiciones como de media cuartilla; están ya muy pasadas de moda, ya su humor como que ya se nos escapó.
G.A.- La crueldad creí que no tenía tiempo.
O. de la B.- Revísalo, verás, hay algunas excepcionales, hay una que por culpa de él no pude meter, la traigo en la conciencia todo el tiempo, es la mejor de Bierce, es: “Espalda: Parte de los amigos que uno conoce cuando cae en desgracia”
G.A.- Ya veo.
O. de la B.- Es verdaderamente sublime. Yo estuve como tres semanas tratando de encontrar una definición de espalda mejor, y no pude, no aparece en mi diccionario, es genial “parte de los amigos que uno conoce cuando cae en desgracia”, qué bárbaro, qué amarrado, que apretado, que contundente, pero si te lees el diccionario hay unas que ya son explicaciones muy abundantes, muy abusivas, y ya los referentes están perdidos, ya no sabe uno a qué se refiere.
Ciertamente con Bierce tengo una cierta empatía, ambos tenemos un enfoque cruel, crudo; voy en la letra J, te doy un ejemplo:
“Juzgar: Opinión que inmediatamente nos despierta el otro y que algunas veces empeora cuando se le llega a conocer más a fondo”
Ya me peiné el primer tomo del Diccionario de la Real Academia, no menciono todas las palabras, hay muchas inútiles, pasé al segundo, creo que llevo ya como el sesenta por ciento del libro.
G.A.- ¿Cómo se va a llamar?
O. de la B.- Se va a llamar Diccionario para Inconformes o algo así, todavía no sé. Hago este diccionario y estoy escribiendo esta novela que es un triángulo amoroso entre un matemático viejo, una jovencita muy joven y una esposa fastidiosa, quiero contar el amor feliz.
G.A.- ¿Existe?
O. de la B.- No, por eso es que me cuesta tanto trabajo, ¿sabes que la novela la empecé hace más de seis años? Llevo la mitad, y cuando no podía con la novela me ponía a escribir el diccionario, llevó más de la mitad del diccionario, y cuando no podía ni con la novela ni con el diccionario me ponía a escribir filosofía, por eso este libro salió antes.
G.A.- ¿No tiene referentes literarios para hablar del amor feliz?
O. de la B.- No, todas las obras que conozco son de las desventuras del amor, las dificultades del amor, hay un libro muy interesante de un filósofo, Denise de Rougemont, se llama Amor y Occidente, el tipo hace allí un estudio de toda la literatura y la cinematografía para ver, cuando son de tema amoroso, cómo se abordan, y siempre, todas las obras son de amor infeliz, y en los porcentajes más nutridos, son de amor adúltero, de amor incestuoso y finalmente todos son de amores imposibles, de amores difíciles y el tipo es quien dice la frase “el amor feliz no tiene historia”.
G.A.- Se vive. Punto.
O. de la B.- Sí, se vive, pero no se puede contar, lo empiezas a contar y suena inverosímil, suena cursi, y yo no me puedo permitir… la inverosimilitud sí, pero la cursilería no.
G.A.- ¿Es enemiga del buen humor?
O. de la B.- Por lo menos es enemiga mía. Imagínate, ¿cómo un tipo ácido, áspero, amargo, crítico, de pronto salir así con violines y rositas? Esa es la dificultad principal, que no logro dar el tono mío y sin embargo, que se vea que los tipos se aman.
G.A.- Parecería muy fácil decir: “se aman”, lo difícil es demostrarlo, en hechos.
O. de la B.- Si haces una novela enunciativa sí, pero una novela enunciativa me la avientan a la cara.
G.A.- Dura tres páginas.
O. de la B.- Uno tiene que levantar un mundo en el que el lector vea que se están amando, no decírselo uno. Pero un día lo voy a lograr.
G.A.- Ya lleva seis años intentándola, lo va a lograr.
O. de la B.- Voy a sacar muchos libros antes de la maldita novela.
G.A.- ¿Si viene de la Filosofía, tiene autores literarios admirados?
O.- de la B.- Sí cómo no, hay un par… he admirado mucha gente en la literatura, desde Cortázar, García Márquez, es más, el primero que amé con todas mis ganas fue Giovanni Papini, lo leía de adolescente, me fascinaba.
G.A.- ¿Qué le fascinaba de él?
O. de la B.- Gog, El libro negro, esa saga; me gustaba también La historia del diablo, La historia de Cristo, Sangre y arena, Bufonerías, El hombre acabado, El crepúsculo de los filósofos, leí muchos libros suyos, me gustaba mucho su prosa, es un tipo amargo, sarcástico.
Y actualmente mi referentes más entrañable es Italo Calvino.
G.A.- Las cosmicómicas se parecen a Usted.
O. de la B.- Sí, cómo no, el otro que me gustó es Joseph Roth, el de La marcha de Radesky, “Zipper y su padre”, este último te lo recomiendo muy ampliamente, no me lo vayas a confundir con Philipe Roth, este es Joseph Roth es un filósofo austriaco de principios del siglo pasado, La leyenda del santo bebedor, ésta es una novela verdaderamente maravillosa, sobre el conflicto moral de un hombre es precioso, maravilloso, no tienes una idea, es una exploración de la condición humana, divina, es un gran escritor.
G.A.- ¿Ese es su propósito, de Usted, explicar la condición humana?
O. de la B.- En mi caso no.
G.A.- Usted escribe porque quiere que la filosofía sea escuchada en los medios masivos de comunicación…
O. de la B.- A veces escribo porque quiero que la filosofía sea escuchada, a veces escribo porque me divierte, a veces porque me inquieta, a veces es un reto experimental, tengo mucho motivos, no me vuelvas un filósofo nomás.
G.A.- No lo quiero encasillar, quiero que se autodefina, aunque ya lo hizo, no se preocupe.
O. de la B.- La única razón por la que escribo como común denominador es porque escribiendo me siento más vivo; cuando escribo me pongo a fantasear y vivo lo que escribo, entonces me la paso muy bien, esa es la única verdad.
G.A.- Si es posible terminar esta entrevista de algún modo, éste es el mejor.
O. de la B.- Sí.
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