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EL UNIVERSO DE RICARDO BERNAL

Por Augusto Munaro

El escritor y poeta mexicano Ricardo Bernal (1962), es asimismo ajedrecista, astrólogo y maestro de tarot. Su particular interés por el mundo esotérico –que lo une con personalidades como el pintor e inventor argentino Xul Solar y el poeta portugués Fernando Pessoa-, le ha permitido a su escritura abrirse hacia múltiples y disímiles fuentes de experimentación. Supo desde muy temprano confluir todos sus conocimientos, sin subestimar los géneros literarios menores. De este modo, la novela gótica y detectivesca, como así también la historieta, por ejemplo, le han resultado tan indispensables y decisivas, como las obras clásicas. Esta mirada fresca y desprejuiciosa, le ha posibilitado una notable evolución en su creación literaria.  Un camino riesgoso y apasionado.

Bernal lleva publicados una serie de libros sutiles, que lo sitúan  fundamentalmente como cuentista con un perfil muy peculiar. Sus obras Lady Clic, Lucas muere y Torniquete de avestruces, exploran lo fantástico en sus más diversas formas. Experto en literatura de géneros, su gusto por William Hope Hodgson, Charles Maturin, su venerado Philip K. Dick y el elusivo Carlos Castaneda, por ejemplo, lo han incitado a coordinar diplomados y cursos de literatura fantástica en Ciudad de México, desde 1992. Verdadero maestro de escritores, escribe alejado de modas y convencionalismos para llegar con su prosa, a sitios inusitados, con el fin de “combinar ciertas imágenes para crear efectos insólitos”. Acaso algo que De Quincey, a través del opio, alguna vez se atrevió a soñar.

En el caso de Bernal, su mayor influencia procede de la música, en especial el rock progresivo. Ello no nos debe sorprender. Juan Rodolfo Wilcock solía escuchar a Mozart por semanas enteras, cuando se abocaba  a la corrección de sus escritos, en su austera y apartada casa de campo de Lumbriano, al noroeste de Roma; mientras el ególatra Hunter S. Thompson componía su Pánico y locura en Las Vegas, para la revista Rolling Stone, oyendo Mr Tambourine Man, de The Byrds. Lo cierto es que por fortuna –y una serie de combinaciones melódicas y acordes de por medio-, Bernal nos ha legado un puñado de relatos y microcuentos cuyo estilo directo y depurado -léase “La última cena”, “Lucy y el monstruo” o “Breve crónica de una condena eterna”-, produce la rara sensación de yacer ante algo totalmente nuevo. Sin caer en los lugares comunes, el autor de Lady Clic despliega su fecunda variedad temática con osada originalidad.

Su concepción estética, prioriza lo fantástico y ofrece un ritmo narrativo autónomo, envolvente, como acontece con la prosa de Macedonio Fernández, Augusto Monterroso o el mismo Felisberto Hernández. Felizmente, su portentosa cosmogonía –generosa en mundos increíbles-, no está regida por la lógica mercantil del momento, sino propiciada por una ilimitada fe en la imaginación. 
Además de haber ganado becas y numerosos premios literarios, sus cuentos esperan ser reunidos prontamente; lo que permitirá poner a disposición del lector, una de las obras más singulares de la literatura mexicana. En esta entrevista, Bernal se refiere a su singular método de trabajo, sus relatos, su pasión por la música; y su perseverante búsqueda por nombrar lo inefable.

-¿Cómo nació su interés por la literatura?
Leo desde los cinco años; mi padre tenía una biblioteca bastante heterodoxa, donde podían encontrarse desde best-sellers tipo Papillon, o El retorno de los brujos; hasta obras de Kafka; Bradbury, Poe y Cortázar. Yo podía leer lo que se me diera la gana y sin necesidad de que un profesor de literatura me hiciera un examen. A partir de los 17 años empecé a comprar mis propios libros, de esa época recuerdo la lectura de El otoño del patriarca que fue una experiencia fuerte y que me tomó totalmente desprevenido pues no sabía que se pudiera escribir así (fue el primer libro de García Márquez que leí). 
¿Cuándo comenzó a escribir?
Comencé a escribir hacia los finales de los ochenta, después de haber leído una antología de poesía surrealista.
¿Qué autores mexicanos han influido en su escritura?
No sé si los autores mexicanos hayan influido en mi escritura, pero siento un enorme respeto por Francisco Tario, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas, Raúl Navarrete y Emiliano González, tal vez porque escriben cosas “raras” totalmente alejadas de modas literarias y convencionalismos.
La narrativa mexicana tiene una rica tradición realista. No obstante, su obra está en las antípodas de Riva Palacios, Payno, e inclusive el mismo Carlos Fuentes; ¿por qué esa vocación por el género fantástico?
No lo sé. Más que la literatura, mi influencia viene de la música… Conciente o inconscientemente trato de transmitir lo que “veo” cuando escucho alguno de mis 3,000 y tantos discos (estoy totalmente chiflado por el rock progresivo: Magma, Supersister, King Crimson, Gong, Gentle Giant, The Residents, The Legenday Pink Dots, etcétera), podría decirse que las características propias de ese tipo de rock están íntimamente ligadas con la creación de mundos fantásticos.
¿Cómo definiría usted a la literatura fantástica?, ¿cuáles son los aspectos que más le interesa explorar y por qué?
Pues ya lo dijo Borges: “toda la literatura es literatura fantástica”. Más que una cuestión temática, mi interés es crear un efecto a partir de cierto lenguaje. He escrito más poesía que narrativa, y la combinación de ciertas imágenes pueden crear un efecto insólito, a veces siniestro, donde más que lo que digo, lo que importa es cómo lo digo.
A pesar de escribir hace décadas, su obra es casi tan escueta como la del venezolano Julio Garmendia, autor de La tienda de muñecos.
La verdad es que actualmente escribo muy poco, y como no me interesa “ser escritor” o que “el mundo conozca mi obra”; prefiero pasármela bien (cuidando a mis perros, jugando videojuegos y ajedrez en línea, o viendo series policiales en la TV) que meterme en los problemas y la neurosis que representa escribir. Para subsistir, además de mis clases, hago guiones, redacto horóscopos, y actualmente es casi lo único que escribo; de vez en cuando trabajo en un pequeño proyecto narrativo (y al decir de vez en cuando, es eso: un par de horas al mes cuando mucho).
Según su criterio, ¿cuál es la utilidad de los talleres literarios?, ¿qué es lo que usted intenta transmitir a los estudiantes en sus talleres?
Desde hace más de una década coordino un diplomado de literatura fantástica y ciencia ficción, e imparto cursos de literatura de terror, cine bizarro, etcétera; me he convertido en una especie de gurú local en todo lo relacionado con la literatura de géneros. Lo que intento trasmitir es simplemente el gusto por autores fantásticos: desde Borges y Poe, hasta Machen, Lovecraft, Clive Barker y Philip K. Dick. En cuanto a los talleres, son un pretexto para recolectar cuentos que puedan publicarse en “La Mandrágora”, la revista de géneros que dirige mi esposa Doris Camarena y de la cual soy coordinador editorial.
¿Cómo surgió la idea de su cuento “Breve crónica de una condena eterna”?, ¿recuerda en cuánto tiempo lo redactó?
-Ese cuento fue una tarea para una clase de periodismo donde teníamos que hacer una crónica: escribía en la cocina y había una mosca revoloteando por ahí, de ahí surgió la idea. Al profesor no le gustó porque dijo que no era periodístico. Lo redacté en una tarde.
¿Antes de escribir un relato, ya tiene prefigurado el desenlace?
En algunos cuentos sí, pero otros son una especie de rompecabezas que tengo que armar sin tener en mi poder la caja donde viene la imagen final… Es como ir descubriendo el asunto. Soy malo para los desenlaces, si en algunos de mis cuentos funcionan, se debe simple y sencillamente a la bendita casualidad.
Su estilo en “La última cena”, Lady Clic, -como en la mayoría de su obra- es directo y depurado. Es notable como evita las frases alambicadas. ¿Es una decisión consciente?
No es consciente, pero recuerdo que en “La última cena” tuve que quitar muchísimas cosas pues me desviaban del asunto que quería narrar. En “Lady Clic” quise contar la historia de mis propios terrores infantiles, está estructurada como una micronovela.

¿Qué estimula su escritura?, ¿su narrativa surge siempre de la imaginación?
Quisiera escribir lo que no se puede escribir; llegar a dónde sólo se llega por medio de la música, la más abstracta de las bellas artes. El mejor estímulo para mí es el rock progresivo y el tiempo que dedico a viajar a ese universo sónico. Obviamente es muy frustrante, pues se trata de lenguajes diferentes. Una psiquiatra me decía que soy un músico frustrado, a lo mejor el asunto se resuelve en mis siguientes reencarnaciones, cómo saberlo…
Si tuviera que rescatar tres títulos de la literatura mexicana, ¿cuáles serían?
-Pedro Páramo, de Juan Rulfo, Los sueños de la Bella Durmiente de Emiliano González, y la obra completa de Jorge Ibargüengoitia.
¿Qué autores relee?
-Los autores que releo (además de los tres mencionados): Francisco Tario, Juan José Arreola, Borges, William Faulkner, Truman Capote, Jean Ray, Charles Sheffield y Carlos Castaneda (el mejor escritor de literatura fantástica de todos los tiempos). Actualmente estoy releyendo todo lo que tengo de Philip K. Dick, vaya que estaba loco el tipo…
¿Cuál es su próximo proyecto literario?
Reunir mis cuentos y enviarlos a alguna casa editorial para publicarlos como libro (la mayoría se encuentran en Internet), y  terminar el proyecto en el que he trabajado desde hace casi un año… Ya llevo como veinte cuartillas y, por lo menos hasta ahora, no se ha ganado la distinción de ser enviado a la papelera de reciclaje.
                                                                                                         

 

 

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