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Risa y filosofía

Luis Ángel Acuña Rodríguez

 

“Venerables contemporáneos,
 yo elijo una cosa: que tenga
siempre la risa a mi lado”.
Ningún dios  contestó; todos,
en cambio, se  echaron a reír.
Sören Kierkegaard

El siguiente ensayo intenta explorar y construir algunos vínculos mediante nociones y situaciones, por los cuales será posible relacionar la risa y la filosofía o el reír y el filosofar.
            De esta manera, tenemos que preguntarnos: qué nociones o conceptos permiten construir dicha relación, así como en qué situaciones o momentos de vida se presenta la risa como un filosofar. Este ensayo se compone de tres apartados, que mantendrán una conexión durante su desarrollo:
1) Se indagará en las nociones que aportan dos autores como Jorge Portilla en su obra Fenomenología del relajo y Octavio Paz en la obra Magia de la risa, ambos autores podríamos señalar se hallan en una problemática de la esencia de la risa.
2) Se revisarán las nociones y situaciones de vida que aportan autores como Bajtín en su obra La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais. y Bergson en su obra La Risa, situados estos autores en la problemática del fenómeno de la comicidad.
3) Y finalmente, se reflexionará sobre las nociones de risa manifestadas en Nietzsche, con lo cual, continuaremos la síntesis de las posturas anteriores, así como el intento de dar un pasó más allá de éstas, al establecer a partir de la risa nietzscheana, esa posible relación de vínculos entre la risa y el filosofar. 
                       
Nociones de risa en Portilla y Paz
Jorge Portilla intenta problematizar sobre la esencia de la risa, sin embargo, lo que nos importa en este ensayo son las nociones que se pueden extraer de su reflexión. Portilla intenta sacar a la risa de ese juego causal, donde queda determinada o producida por lo cómico, para él la risa no es reacción automática o efecto de eso cómico, sino al contrario es “una forma particular de conciencia, exactamente como una emoción o como una intelección, y no puede escapar a la ley universal de la conciencia, que es la intencionalidad…es una forma de estar dirigida la conciencia hacia un objeto” (Portilla,1984:43) En todo caso, la risa estaría dirigida hacia lo cómico (objeto),  como señala: “Mi reír es una recreación continua de la comicidad” (Portilla,1984:46).
            Así podemos notar que Portilla, le está dando a la risa una posición de creadora de algo, incluso en su estudio que hace de Bergson, la coloca en esa corriente creadora, tomándola como “una defensa del grupo social frente a la intromisión de lo mecánico en la corriente creadora de la vida” (Portilla,1984:44) La risa aparece entonces como un revulsivo contra la estratificación y la automatización de la corriente vital, como una manera de expulsar violentamente del ímpetu vital toda repetición mecánica. Igualmente de Freud extrae la idea de la risa como una liberación de energía acumulada en ‘la caldera del inconsciente.’ De Stern, toma lo que se halla dentro de su definición de la risa como juicio de valor negativo, la degradación de valores.
            En una especie de conclusión de las siguientes ideas, Portilla menciona que la risa es “una forma de conciencia que, ante la degradación del valor y justamente por esta degradación, trataría de asegurarse a sí misma su libertad frente a tal degradación y a asegurar, al mismo tiempo, el carácter invulnerable del mundo del valor en general.” (Portilla, 1984:47) La risa pues aparece como una seguridad frente a la amenaza de lo absurdo, la posible degradación de valores, es decir, como una garantía de que no ha pasado nada ni se altera la estabilidad de las cosas. 
            Pero en esa situación de lo que se degrada y lo que se asegura, aparece la noción más importante de Portilla, pues entre lo degradado y asegurado ocurre una distancia. Así sobre el reír dice que: “Sólo se puede reír si se guarda distancia de aquello de que se ríe” (Portilla, 1984:76) El espectador es el que puede reír, el que exterioriza su libertad, y sólo se puede reír de uno mismo cuando se es capaz de retroceder –o alejarse- ante la propia situación y volverse espectador. Igualmente el espectador en su reír, se vuelve ya participante de la risa misma, ocurriendo la distancia que conlleva la separación-acercamiento, dice Portilla: “Ríe quien lo provoca, ríe quien participa y ríe, incidentalmente, quien es su víctima.”  (Portilla, 1984:42)
Las nociones entonces que hemos tomado de Portilla son: La risa como distancia, degradación, liberación, conciencia y recreación.
            Por su parte, de Octavio Paz, menciona que la risa “sacude al universo, lo pone fuera de sí, revela sus entrañas” (Paz, 2004:16),  aquí vemos que la risa trasciende el ámbito meramente humano o mejor dicho el humano es contemplado en el mundo y a través del mundo. La risa para Paz también es negación al trabajo, pues ese trabajo humaniza al mundo y esa humanización es la que le confiere sentido, es decir, racionalización, la risa entonces es suspensión y pérdida del juicio, en ella el mundo pierde sus significados humanos, pero retorna a sus originales: “La risa devuelve el universo a su indiferencia y extrañeza originales… Por la risa el mundo vuelve a ser un lugar de juego, un recinto sagrado, y no de trabajo” (Paz, 2004:17)
            En este sentido que traza Paz donde el humano no determina a la risa y ésta entra en un ámbito más de lo divino o ritualesco, la risa parece tomar el sentido de arjé: “En el principio fue la risa; el mundo comienza con un baile indecente y una carcajada. La risa cósmica es una risa pueril… Risa del primer día” (Paz, 2004:20)
Sin embargo, en Paz también puede hallarse una coincidencia con Portilla en la noción de distancia, cuando reflexiona sobre la risa de Baudelaire (manifestación de la conciencia –escindida- moderna): “Nos reímos de los otros o de nosotros mismos; y en ambos casos señala Baudelaire, afirmamos que somos diferentes a aquello que provoca nuestra risa. Expresión de nuestra distancia del mundo y de los hombres, esa risa es sobre todo la cifra de nuestra dualidad…Nuestra risa es negativa.” (Paz, 2004:23) Es una risa que si afirma niega aquello, no asiente sino disiente; es sátira, burla o caricatura, polémica y señala, acusa o pone el dedo en la llaga; es reflexión manifestada en humor negro, blasfemia; es pensamiento como la única filosofía que disuelve los valores. Paz igual que Portilla conecta a la risa con la conciencia, con el pensamiento (crítico negativo), así dice: “La risa acompaña a la conciencia en todas sus aventuras: si el pensamiento se piensa, ella se ríe de la risa; si piensa lo impensable, ella se muere de risa. Refutación del universo por la risa” (Paz, 2004:20)
De Paz tomamos las nociones de: lugar de juego, distancia-negación, arjé-creación.

Nociones y situaciones en Bajtín y Bergson
Ambos autores los hemos situado dentro del fenómeno de la comicidad (risas, burlas, parodias, bufones, principios carnavalescos, etc.), desde sus estudios podremos ir extrayendo tanto nociones como situaciones de vida que presente la risa. De esta forma, las nociones que tomamos de Bajtín (y que nos estarán remitiendo a ciertas situaciones de vida) son: la degradación, la trasgresión, liberación, creación, y la risa popular-carnavalesca. Pero para ir revisando dichas nociones tenemos que adentrarnos al contexto del Medioevo, para luego incursionar en el estudio que hace Bajtín de las fiestas populares en contraste con las fiestas oficiales durante dicha época.
            Al entrar en el contexto de la Edad Media y querer visualizar la risa en ella, nos salta un concepto opuesto a ésta, el de la seriedad, dicho concepto suele estacionarse durante esta época. Se menciona que el medioevo estaba dirigido por una cosmovisión religiosa (católica-cristiana) que contenía como reglas de su sistema: la obediencia, el silencio, la humildad, la seriedad, el trabajo agrícola, artesano, cultural; y nada de palabras huecas ni risas vanas, pues eso era como el veneno de la víbora.  (Cándano, 2000:27-28)
            Sin embargo, aun con esta seriedad que rodeaba y podemos señalar componía la cultura oficial del medioevo había otra cultura, la popular, la cual aunque se subordinaba a esas reglas de la cultura oficial, también se le permitía tener sus fiestas (debido al poder masivo con el que contaba), a pesar de que éstas se restringieran sólo a épocas de carnavales, en esas fiestas la gente salía a las calles y plazas en procesiones, ferias, exhibiciones de extravagancia, bailes, burlas, y parodias de los actos oficiales serios. (Cándano, 2000:34)
En este tiempo la gente degradaba los ritos y símbolos sagrados, y construía un mundo antitético, es decir, contrario a su vida ordinaria; reinaba además la igualdad, a diferencia de las fiestas oficiales donde la situación o posición (jerárquica) de los personajes no presentaban diferencia a la vida cotidiana. Así el pueblo sometido a la falta de libertad e independencia en el medioevo, tenía en la risa su liberación, ya sea mediante fiestas populares o por la literatura festiva, donde se transgredían las normas al burlarse íntimamente de lo sagrado, de la autoridad o de lo ostentoso.  (Cándano, 2000:40)
Ante este panorama breve e introductorio hacia las ideas de Bajtín, podemos ir visualizando la importancia de la risa o las fiestas populares, el cual era el romper con esas situaciones de vida determinadas, impuestas, esclavizantes y religiosas-normativas. Pero no sólo eso, en esa contraposición de seriedad y risa o de lo oficial y lo popular, podemos ver nuevamente ese germen de la risa: la distancia y la degradación-creación.
Para incursionar en el estudio de Bajtín, es adecuado partir de su idea general sobre las fiestas o festividades, él nos dice que éstas son una forma determinante de la civilización humana, que siempre han tenido un contenido esencial, un sentido profundo y han expresado una concepción del mundo, además de tener siempre una relación con el tiempo (natural –cósmico-, biológico e histórico). También comenta que en todas sus fases históricas, han estado ligadas a momentos de crisis y trastornos en la vida de la naturaleza, de la sociedad y del hombre. De esta manera, los aspectos esenciales de la fiesta serían la muerte y la resurrección, las sucesiones y la renovación. (Bajtín, 2007) 
Así en la Edad Media, durante el régimen feudal, ese carácter festivo relacionado con la resurrección y la renovación (existencia humana), sólo podía alcanzarse en la fiesta del carnaval o en otras fiestas populares y públicas, que venían a ser como una segunda vida del pueblo, donde temporalmente se vivía en lo universal, en la libertad, la abundancia y la igualdad. A diferencia de las fiestas oficiales (de la Iglesia y el Estado feudal), las cuales, como ya hemos antes señalado no despojaban al pueblo de su orden cotidiano existente, es decir, no era otra vida, sino al contrario, consagraban, sancionaban y fortificaban el régimen establecido. De tal forma, estas fiestas en su práctica sólo miraban y retomaban el pasado, con el cual sostenían su orden presente, es decir, la estabilidad, la inmutabilidad y la perennidad de sus reglas (jerarquías, valores, normas, tabúes religiosos, políticos y morales). Se puede decir entonces que la fiesta oficial venía a ser el triunfo de la verdad prefabricada, victoriosa, dominante, que tomaba la apariencia de una verdad eterna, inmutable  y perentoria. (Bajtín, 2007) 
En contraste, la fiesta del carnaval era un triunfo de una especie de liberación transitoria, que transportaba más allá de la concepción dominante y abolía de manera provisional las relaciones jerárquicas, de privilegios, reglas y tabúes. Esta fiesta se oponía a toda perpetuación, perfeccionamiento y reglamentación, se inclinaba más bien por un porvenir aún incompleto, por ende creador. (Bajtín, 2007) 
De esta forma, mientras que en las fiestas oficiales su finalidad era la consagración de la desigualdad (acomodarla a otros espacios más), en las fiestas populares eran todos iguales y reinaba una forma especial de contacto libre y familiar entre individuos generalmente separados en la vida cotidiana por sus barreras de edad, condición o posición económica y social. Notamos que en la fiesta popular la alienación desaparecía, el hombre volvía a sí mismo y se sentía un ser humano entre sus semejantes. (Bajtín, 2007) 
En esta oposición que hace Bajtín entre fiesta popular y oficial, faltaría resaltar aun más el juego o la implicación que tenía la risa en la vida y en los individuos. Para esto seguiremos brevemente otro estudio que apoyará las ideas de Bajtín, se trata del que realiza Munguía sobre la postura de Luis Beltrán de repensar la historia literaria occidental a  partir de la oposición entre risa y seriedad. Con ello podemos obtener la siguiente división de Luis Beltrán (congruente con la fiesta popular y oficial de Bajtín), de una risa popular y otra jerárquica o culta, donde:
La risa popular expresa la continuidad del espíritu de las tradiciones, en forma de rechazo de las miserias de la desigualdad que ha impuesto la historia y de oposición al mundo cultural serio, que legitima esa desigualdad. La risa jerárquica representa un fenómeno en apariencia contrario. Se trata de la reprobación de lo que no se somete a la jerarquía civilizatoria. Esta risa suele contemplar la desigualdad con distintos acentos, que van desde la denuncia de la falsedad de lo serio y oficial hasta la reprobación de lo bajo como dominio del vicio  (Beltrán, 2002, apud: Munguía 2006)
 
De esta manera, para Munguía la risa jerárquica (oficial) es  “... la portadora de las visiones oficiales del mundo, y por tanto disfraz de la seriedad y la adustez…” (Munguía, 2006) Mientras que la risa popular es la “... que engendra la liberación del espíritu y la agudización del sentido crítico.”  (Munguía, 2006)
En esto podemos apreciar como la risa no sólo se quedaba en un festejo frívolo o temporales, sino que implicaba la libertad del espíritu, de la observación, del pensar, y no sólo un pensar aislado y sin conexión sino de sentido crítico hacia la realidad y la reflexión misma. Estas ideas nos conectan con nuestro apartado anterior, sobre la noción de la risa como liberación, pero aun más como pensamiento (crítico) que degrada los valores.
Pero ante todo esto que se ha señalado de la risa, sus diferencias, sus modificaciones, etc., faltaría explorar algo más: cómo es que la risa llegaba o se manifestaba al pueblo o a la sociedad del medioevo. Las manifestaciones o formas que  tenían como principio básico la risa, eran “las fiestas públicas carnavalescas, los ritos y cultos cómicos, los bufones y “bobos”, gigantes, enanos y monstruos, payasos de diversos estilos y categorías, la literatura paródica, vasta y multiforme…” (Bajtín, 2007)
            De esta manera, la risa era alimentada mediante los bufones y payasos, que eran los personajes característicos de la cultura cómica de la Edad Media, incluso eran los vehículos permanentes y consagrados del principio carnavalesco en la vida cotidiana, pues los bufones y los payasos no eran sólo actores que realizaban su papel en un escenario, sino que ellos seguían siendo bufones y payasos en todas las circunstancias de su vida. Su forma de vida oscilaba entre lo real e ideal, entre la vida y el arte.
            Pero otra de las importantes manifestaciones de la risa, era ese principio carnavalesco de la vida o fiesta del carnaval (que se daba en ciertas épocas como en los últimos días que precedían a la cuaresma). Esta fiesta del carnaval no era una representación artística o teatral, sino era la forma concreta de la vida misma, que no requería de escenarios ni de la distinción de actores y espectadores (el escenario sería la destrucción del carnaval). Así pues, el carnaval era la vida misma que jugaba e interpretaba,  -sin escenarios, sin tablado, sin actores, sin espectadores, sin todo ese espectáculo teatral- su  propio renacimiento y renovación sobre otros principios; su forma de vida era al mismo tiempo su forma ideal resucitada. El pueblo no asistía al carnaval sino que lo vivía, pues el carnaval estaba hecho para todos, tenía un carácter universal, era imposible escapar de él ya que no presentaba frontera espacial, y las únicas leyes que había eran las de la libertad. (Bajtín, 2007)
Por tanto, para Bajtín la naturaleza o el modo particular de existencia del carnaval era la vida misma que interpretaba, y el juego que por cierto tiempo, se transformaba en vida real. También implicaba una segunda vida del pueblo basada en el principio de la risa. Esto comenta Bajtín sobre la risa carnavalesca:
…es ante todo patrimonio del pueblo… todos ríen, la risa es “general”; en segundo lugar, es universal, contiene todas las cosas y la gente…el mundo entero parece cómico y es percibido y considerado en un aspecto jocoso, en su alegre relativismo; por último esta risa es ambivalente, alegre y llena de alborozo, pero al mismo tiempo burlona y sarcástica, niega y afirma, amortaja y resucita a la vez.  (Bajtín, 2007)

            Con esta cita podemos recordar lo mencionado por Portilla, respecto a que todos ríen y participan de ello, pero no sólo eso, sino también la idea de Paz de que por la risa el mundo vuelve a ser un lugar de juego. De nuevo aparecería aquí el degradar-crear, es decir, el pensar a distancia. Los participantes de las fiestas, de los carnavales se distanciaban y jugaban degradando-creando otros mundos. Incluso se puede decir que estos participantes tenían una lengua carnavalesca que se caracterizaba:
…por la lógica original de las cosas “al revés” y “contradictorias”, de las permutaciones constantes de lo alto y lo bajo (la “rueda”) del frente y el revés, y por las diversas formas de parodias, inversiones, degradaciones, profanaciones, coronamientos y derrocamientos bufonescos.  (Bajtín, 2007)

De esta manera, el pueblo tenía como base la risa, la parodia, la burla hacia lo establecido, sean normas, pensamientos, formas de vida o jerarquías. Se situaban con la risa y la fiesta de la risa (carnaval) en otro ámbito de vida, otra cosmovisión, otra manera de pensar e interpretar la realidad y sus relaciones, como dice Bajtín: “La risa influyó en las más altas esferas del pensamiento y el culto religioso.” (Bajtín, 2007)
            La risa entonces hace su presencia en el mundo, y en los hombres, se piensa en el hombre pero no se determina por el hombre, sino que ambos se copertenecen mediante el pensar, el hombre al ser tomado por la risa piensa (toma distancia), la risa al ser, al pensar, al presentarse su fenómeno degrada-crea a los mundos y al hombre.

            Continuando con Bergson las nociones que tomamos de él son la de la risa como reposo, malicia (transgresión, insensibilidad) y corrección.
            Para Bergson la risa tiene un significado social, responde a exigencias de la vida común, es decir, la risa se manifiesta en el mundo, que se ha vuelto cómico y tiene que ser corregido dándole nuevamente vida. Al igual que Bajtín, Bergson explorará lo cómico, pues dentro de él hace su presencia la risa.
            Lo cómico para Bergson aparece por la rigidez, lo mecánico y lo sistemático de los hombres (la distracción), esto significa que lo cómico es una “…imperfección del individuo o de la sociedad que impone una inmediata corrección” (Bergson, 1996:77). Y esa corrección  -y castigo- es la risa,  la cual consiste en romper con esos hábitos –y distracción- rígidos y mecánicos.   
…sobre todas las almas humanas pesan hábitos que le transmiten algo de tiesura y de rigidez para consigo mismo y para con los demás… Lo hecho, lo rígido, lo mecánico, en oposición a lo vivo, a lo flexible, lo que siempre varía; la distracción como lo inverso de la atención; el automatismo, en fin, en contraposición a la libertad de acción, he ahí, en suma, lo que determina la risa y lo que tiende a corregirla. (Bergson, 1996:90)

            La risa entonces, en su corrección castiga esa distracción o desatención del hombre, que consiste en no apreciar que se haya fuera del curso de la vida, es decir, en el movimiento carente de vida, en el automatismo. La risa en ese sentido tiene una función destructora-creadora, de enmendar dicha distracción –hacia el mundo, hacia los demás y hacia sí mismo- y sacar de ese enajenamiento al hombre, pues como dice Bergson: “...nada hay que desarme tanto como la risa” (Bergson, 1996:92)
            Sin embargo, la risa no contiene el sello de bondad o simpatía, sino al contrario, su medio natural es la insensibilidad, en esa misma corrección y castigo que nutre el juego de la risa, se haya su maldad o malicia.    
            Pero esta malicia, es la que le permite a la risa romper lo mecánico y retornar a la sociedad o a los hombres al curso de la vida, es decir, al reposo creador: “La risa posee, ante todo, un impulso hacia el reposo… desprenderse de las cosas y seguir percibiendo imágenes, romper con la lógica y continuar coordinando ideas, nos habla de reposo” (Bergson, 1996:110)

Risa nietzscheana (risa creadora o filosófica)
Antes de continuar con el apartado final, es necesario puntualizar lo que entendemos por filosofía y risa en este ensayo. Filosofía es “…el arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos…” (Deleuze y Guattari, 1995:9) Y de estos conceptos se dice que “…no nos están esperando hechos y acabados… Hay que inventarlos, fabricarlos, más bien crearlos…” (Deleuze y Guattari , 1995:11)
          Por risa entendemos lo señalado por Nietzsche que “…es un ser malicioso pero de conciencia tranquila.” (Nietzsche, 1999c: 187)  Y una de las características que le otorga es que: “No la ira, sino la risa mata” (Nietzsche, 1999a: 31)

            Las nociones o conceptos sobre la risa que se pueden extraer de Nietzsche son diversos, tales como: “santa malicia”, “risa creadora”, desacralización (eterno retorno), la aligeración de conceptos, desestructuración-reestructuración, juego, risa como superación de la metafísica y del pesimismo, entre otras. Sin embargo, reuniremos toda esta diversidad en tres nociones, lo que nos permitirá hablar más en concreto de una risa nietzscheana, y construir nuestra reflexión sobre la relación entre la risa y la filosofía.
            Estas tres nociones o conceptos, que trascienden la problemática de la esencia de la risa y su fenómeno de comicidad, son: la malicia riente (desacralización), el eterno retorno (juego) y el aligerar los conceptos (“el monstruo dionisiaco Zaratustra”)
La Malicia Riente
En este concepto (o risa manifestada) se da la ruptura con el espíritu de pesadez, es decir, se deja atrás toda consolación en conceptos metafísicos y morales. Relacionando este concepto con la metáfora de las transformaciones que menciona Nietzsche en Así hablaba Zaratustra, éste correspondería al león quien conquista la libertad para trazar el camino hacia la nueva obra.
       Esta risa –maliciosa- es la que deja ver o muestra ese carácter humano, insignificante, pequeño, mísero, ridículo de los supuestos grandes sentimientos que generan los grandes ideales. (Cragnolini, 1996) Por tanto, aquí se ríe de esa pesadez y en ello se aplasta y se mata dicho espíritu. Podría vincularse este concepto de malicia riente con la malicia señalada por Bergson, la cual intenta corregir ese espíritu de lo mecánico y lo automático
            Esta risa entonces destruye los grandes ideales, pero con vistas a dar ligereza a esa pesadez de conceptos: “y pudiera ser que, sabiendo reír, llegase un día que enviases al diablo todas las consolaciones metafísicas, empezando por la metafísica misma” (Nietzsche, 1999b:11-12)         

El Eterno Retorno
Este concepto es lo que envuelve –u oscila- toda la risa nietzscheana. Es el juego de destruir y construir o de desacralizar y crear (romper toda meta, finalidad y ordenamiento), en este juego se hace presente tanto la voluntad de construir como la voluntad de abandono: “¡…no existe ningún bien ni mal imperecedero! Por sí mismos tienen que superarse siempre de nuevo… Y quien ha de ser un creador ya del bien, ya del mal, debe antes destruir y quebrar valores. Así la maldad extrema está ligada a la bondad suprema, que es la bondad creadora.” (Nietzsche, 1999a:87-88)   
       El eterno retorno es lo que permite entonces esa creación, dar ese “sí” al instante, a ese presente que constantemente huye y regresa: “…todas las cosas bailan de por sí. Todo es acercarse y darse la mano y reír y huir – y volver… Todo se va y vuelve…” (Nietzsche, 1999a:167)

Aligerar los conceptos (Zaratustra)
Nietzsche lanza una pregunta y su respuesta: “¿Cuál de ustedes puede reír y estar elevado a un tiempo? Quien escala las más altas cimas se ríe de todas las tragedias, reales o ficticias” (Nietzsche, 1999a:30) Bajo este concepto del aligerar, del elevar, del volar (que es acompañado por el eterno retorno), se da la risa creadora, la que supera todo nihilismo o pesimismo, la que sigue ese juego del destruir y construir, o del transmutar lo pesado en ligero, el sufrimiento en alegría (como la risa carnavalesca que señala Bajtin) En la metáfora de las transformaciones este concepto correspondería al niño, que ríe, que es inocencia y olvido, nuevo comienzo (el arjé señalado por Paz), juego, un santo decir ¡si! (Nietzsche,1999a)
               Este volar –tan nombrado en el Zaratustra- consiste precisamente en hacerse ligero “Ahora soy ligero; ahora vuelo; ahora me veo debajo de mi...” (Nietzsche, 1999a:31) Esta risa que aligera, ya sin conceptos sagrados y válidos para todos los tiempos, es la que en su jugar y bailar crea (fabrica) y construye nuevos conceptos.
Esta risa creadora entonces es una nueva forma de pensar (estilos de filosofar), de hallar nuevos caminos, nuevas figuras, nuevos mundos como los que se trazaban en las fiestas populares y sus risas carnavalescas. Como dice Deleuze: “La vida sería la fuerza activa del pensamiento, pero el pensamiento el poder afirmativo de la vida. Ambos irían en el mismo sentido arrastrándose uno a otro y barriendo los límites, paso a paso en el esfuerzo de una creación inaudita. Pensar significaría: descubrir, inventar nuevas posibilidades de vida”. (Deleuze, 2002:142-143)  De esta manera, en ese juego de crear, la risa también afirma la (situación de) vida, la tierra (da el “sí”).
                Esta risa que da el “sí” a la vida, que piensa la vida, abre camino a lo múltiple, a lo diferente, donde no hay centro, así menciona Nietzsche: “…todo cuerpo ha de hacerse bailarín, y todo espíritu, pájaro… ¡Mira que no hay Arriba ni Abajo! ¡Lánzate para todos lados…!” (Nietzsche, 1999a:178) La risa entonces en su vuelo destruye y construye la vida, es decir, al elevarse aligera lo pesado (jerarquías, consuelos) y crea un pensar distinto los conceptos: “Zaratustra el bailarín…el ligero… pronto a levantar el vuelo… ¡Aprended a reír por encima de ustedes!” (Nietzsche, 1999a:224-225)

En resumen, los conceptos o nociones que nos permiten entonces pensar la vinculación entre la risa y el filosofar son la malicia riente, el eterno retorno y el aligerar los conceptos.
        Dentro del concepto malicia riente se halla la destrucción y degradación de valores, conceptos y consolaciones, que dan paso al elevarse nietzscheano. En el concepto del eterno retorno y aligerar los conceptos –que están íntimamente ligados- se halla la superación de esa destrucción, pesimismo y nihilismo, es decir, con la degradación o desacralización aparece la distancia-elevación y en ello la creación-construcción. 
        Sobre las situaciones de vida que permiten pensar la vinculación entre risa y filosofar podemos señalar aquellos momentos donde el hombre degrada o destruye las jerarquías sociales (fiestas carnavalescas) y lo mecánico (comicidad-risa que rompe el automatismo), liberándose y creando otros momentos de vida.
Sin embargo, la situación de vida que une el reír con el filosofar, tenemos que meditarla ya desde el pensar mismo, pues recordando, el pensar es el inventar nuevas posibilidades de vida, es decir, es el volar, elevarse y aligerar los conceptos mencionado por Nietzsche, con lo cual ya se transgrede la vida mecánica –como dice Bergson-, afirmándose en ello otras vidas y otros juegos de valores (hallarse en lo ligero).
         La risa aparece como un pensar filosófico, porque en su toma de distancia, es decir al elevarse ha degradado ya su tiempo, sus conceptos, etc., y en esa degradación-elevación crea-construye sus nuevas afirmaciones (valores, conceptos). Podemos decir  que la risa sigue un baile o germen de la distancia-degradación-elevación-creación. 
De esta manera, con las nociones extraídas de Nietzsche: la malicia riente, el eterno retorno y la aligeración de conceptos, podemos decir que la risa es un modo de filosofar porque en ambas ocurre la distancia, la degradación, la elevación y la creación de conceptos, valores y formas de vida. 

Referencias

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