
El error.
El problema filosófico como mera convención lingüística.
Nubia Denisse Soto Guevara.
El problema filosófico como mera convención lingüística: si aceptamos este enunciado podemos sugerir que no existe un problema frente al cuestionamiento por la verdad, por lo tanto, tampoco lo existe en la cuestión del error.
En los orígenes de la reflexión filosófica, los filósofos han esbozado sobre el problema de la validez en torno a sus concepciones de la realidad y la relación que existe entre esté conocimiento y las cosas. Siendo referente a un estudio metafísico, que pretende escudriñar en las causas últimas. La verdad viene a ser lo real que está situado en la mente humana. La realidad es convertirse en el fundamento de la verdad. La verdad comparativamente se convierte en un acto de comprensión que conoce como reflejo y que es manifiesto hacia una realidad.
La verdad no viene a ser, esa iluminación de lo real por parte del hombre, sino, se puede indagar más bien como un reconocimiento de la realidad que se desvela a sí misma y se hace presente en el hombre cuando llega a un recinto auténtico.
A lo largo de la historia de la filosofía, se muestra el desarrollo del pensamiento humano: haciendo alusión a esto, finalizando la filosofía cristiana medieval, trae consigo una serie de manifestaciones en las cuales se encuentran una capacidad crítica, para así, crear sus propias reglas o métodos. El inicio de la época moderna, establecida por una individualización del hombre y el acercamiento a la ciencia.
La época moderna hará del problema del conocimiento el punto de partida de la reflexión filosófica. Con el florecimiento de la filosofía moderna se expresa la necesidad de consumar una crítica hacia el conocimiento, es decir, las causas o fundamentos históricos que fueron determinantes en la Edad Media que habían negado la posibilidad de una metafísica y de la filosofía.
Tomando como tesis la revelada por Parménides concerniente a la doctrina del Ser sintetizada en el “Ser es, el no Ser no es”. Toda la argumentación se formula en una reducción ontológica lingüística, por lo que la realidad última del mundo coincide con un análisis lingüístico, en este caso del verbo ser.
El problema radicaría en la construcción lingüística que tenemos de la realidad, por lo tanto; ¿Cómo se da la construcción del lenguaje? ¿Cuál sería el empleo del lenguaje? Giorgias, mediante el análisis de caso en la antigua Grecia, esto es el caso de la traición conyugal de Elena, desarrolla un estudio aplicando la fuerza que desempeñó el lenguaje como un poder ejercido sobre ella, -en este ejemplo seducida por las palabras de un príncipe de Troya, seductor por los relatos que de él se establecen- por medio del lenguaje se pueden producir modificaciones físicas en quien las escucha.
El lenguaje se muestra aquí como una herramienta que puede ser utilizada con un fin manipulador, que logra anular la voluntad y que cambia totalmente el sentido de lo real. La palabra se convierte en un todo dominador, en una red de engaño y en el gran violador de los espacios mentales.
¿Pero qué pasa si la herramienta, -el lenguaje- se encuentra descompuesta? La manera en como una palabra o una imagen se relacionan con su contenido no es la realidad: Podemos decir que estamos ante la ausencia en la conexión directa entre significante y signo representado. Los signos visuales tendrían en tal caso un estatuto distinto al lingüístico. El lenguaje sería la mayor imperfección, que impide lograr conocer la realidad. “Un lenguaje claro y distinto, como lo llamaría Descartes, no requiere interpretación.”(Matthai Quelle, 2002, 162)
¿Existe una correspondencia entre el lenguaje y la realidad; entre lenguaje y error? ¿Cuál es el origen del lenguaje?
Demócrito afirmaba que las palabras son extrañas a las cosas, pero que sin embargo representan las cosas, y que éstas son puramente convenciones. El origen de las palabras es producto del temor y la utilidad recíproca. Si en algún momento de la historia se emitían voces privadas de significación, gradualmente se comenzaron articular las palabras y se establecieron expresiones convencionales para designar cada uno de los objetos. La naturaleza en las palabras en este caso viene a ser puramente convencional.
“La realidad contiene todo lo que sirve de base al lenguaje con que hablamos, pero consta de unidades elementales que se correspondan con los términos que usamos al hablar.” (Gilson, 1974) Es imposible conocer la realidad por medio del lenguaje, ya que todo en el lenguaje se encuentra lleno de accidentes; su uso es inestable y viciado por su misma aplicación, es aplicado sin conocer su significación. Se usan palabras sin ideas o sin ideas claras; no hay ideas claras y distintas.
El lenguaje es creador de una realidad lingüística, - una nueva cosmología-, la cual es totalmente ajena a la realidad; el hombre se encuentra primero frente a un contacto directo con el lenguaje y posteriormente a la realidad que él crea. El lenguaje frente a un objeto de conocimiento, pierde su valor, es sólo un instrumento que obstaculiza la interpretación de la supuesta realidad. En el lenguaje como una convención, el error no es una vía negativa por la que se llega a la construcción de la verdad.
No hay problemas filosóficos, sino problemas lingüísticos. Wittgenstein en su Tractatus aborda un interés hacia la valoración del lenguaje ordinario, en él Wittgenstein aseveró que éste es un lenguaje imperfecto, sin sentido, en el cual todos los problemas filosóficos son más que problemas lingüísticos; (analizando la idea de Russell en que la Metafísica nace del error de confundir una descripción con un nombre) para Wittgenstein es el confundir el signo con el símbolo. Con un interés en encontrar un lenguaje ideal que no tuviese los vicios del lenguaje común.
El fin de la Filosofia es la aclaración del pensamiento, esto es el análisis del lenguaje. Los límites del mundo propio, vienen a ser los límites del lenguaje. “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”. (Wittgenstein, 1973, p.163)
Referencias.
Gilson, E. H. (1974) Lingüística y filosofía: ensayo sobre las constantes filosóficas del lenguaje: Gredos.
Matthai, H. (2002) Textos Filosóficos (1989-1999). México: Universidad Autónoma de Baja California.
Wittgenstein, L. (1973) Tractatus logico-phisolophicus. Madrid: Alianza.
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