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ABREU: NO POR ACCIDENTE

 

Por Kevin Sedeño Guillén

Accidente, una de las más recientes novelas publicadas por el escritor cubano residente en Barcelona, Juan Abreu (La Habana, 1952), ha aparecido reseñada sumariamente en algunas revistas cubanas, pero luego de leerla, coincidiremos en que el libro merece mayor atención. Y en verdad es buena letra la de este escritor que salió de la Isla en 1980 a través del traumático éxodo del Mariel. Buena y torcida letra la que escribe un Abreu vitalmente marcado por la experiencia del exilio, que se manifiesta en una literatura mordaz, sarcástica, a ratos grotesca en su juego con lo sórdido.

Accidente sigue a otros libros publicados por Abreu: El libro de las exhortaciones (Playor, 1985), A la sombra del mar (Casiopea, 1998), Habanera fue (Muchnik Editores, 1998), Gimnasio, emanaciones de una rutina (Poliedro, 2002), El gigante tragaceibas (Lumen, 2002), Garbageland (Mondadori, 2001) y Orlán Veinticinco (Mondadori, 2003). En Habanera fue, escrito junto con sus dos hermanos, Juan y Nicolás Abreu, se recogen tres relatos en homenaje a la madre de los Abreu, fallecida en un accidente automovilístico. En esta obra puede rastrearse ya el origen de Accidente, novela que también tiene como hecho central la muerte de la madre en iguales circunstancias.

Abreu nos cuenta en Accidente la historia de una familia exiliada cubana que vive en Miami, después de un prolongado éxodo en el cual han pasado también por España. La familia la forman tres hermanos escritores, sus propias familias y la madre de los tres. Los hermanos se debaten entre los oficios a los que se dedican para ganarse la vida y su vocación por la creación literaria, en un medio donde no existe apoyo para este tipo de actividad. El ambiente familiar trata de reproducir la vida antes de la salida de la isla, con sus alimentos, sus costumbres y su lenguaje. Aunque los vínculos con los familiares que quedaron atrás, son presentados como relaciones interesadas y deshumanizadas.

La historia se radicaliza y se lanza hacia un trágico final, presagiado en las páginas anteriores, en el que uno de los hermanos, pintor además de escritor, hace de la venganza de la muerte de la madre un tema para su pintura, a la vez que un viacrucis que lo aleja de toda creación y de la vida gregaria, y contradictoriamente lo lanza a la fama póstuma. El accidente/muerte de la madre, es más una inmolación que tiene como objeto entregarles a los hijos un ‘Gran Tema’ que los lleve al éxito de sus carreras literarias. Es la máxima consagración materna, aunque en buen cubano pudiéramos decir que “ni su madre los salva”.

La novela gira en torno a una crítica permanente del sistema cultural que rige en Miami y por extensión en la sociedad de consumo, en la que el arte y la literatura son valoradas primordialmente como mercancías y por ende subordinadas a criterios financieros. Dentro de esta crítica las de perder la llevan algunos artistas de música popular muy bien posicionados en los medios de comunicación y de “cuyos nombres no quiero acordarme” –dice el narrador- y una muy conocida editorial cubana de Miami. Las alusiones son muy directas y no han sido casi elaboradas, lo que hace recordar el amargo aliento de Antes que anochezca,de Arenas.

La recepción que ha tenido la novela en Miami pudiera resumirse en las opiniones del narrador cubano Manuel C. Díaz en su reseña crítica “‘Accidente’: Una novela hecha de cuentos” (El Nuevo Herald, ago., 15, 2004). Según Díaz: “Juan Abreu sigue odiando a Miami. Como cuando se fue” y la novela debe ser leída...“desde su obsesiva inconformidad”. Qué otra respuesta podría esperarse de escenas como la que sigue: “Confiaban firmemente en que ningún periódico serio publicaría semejante carta. Pero El Nuevo Heraldo no era un periódico serio, así que, pocos días después, en la sección ‘Correo’, estaba la carta de su madre. ¡y no le habían quitado ni una coma!”

La inconformidad, la insatisfacción, son síndromes de la generación del Mariel, escritores que salieron de Cuba sin casi nada publicado y con mucha de su obra escrita perdida y que se sintieron coartados por la insensibilidad hacia la creación del medio al que llegaron y por el miedo a la implacabilidad del tiempo. Así lo confirma el escritor camagüeyano Carlos Victoria al plantear en su artículo “De Mariel a los balseros: Breve historia de una insatisfacción” que: “No todos los insatisfechos se vuelven escritores, pero todos los escritores viven insatisfechos. Al menos los genuinos. Hay un extraño vínculo entre la literatura y la insatisfacción” (Encuentro de la Cultura Cubana, No. 15, invierno, 1999/2000, p. 70).

En Accidente Juan Abreu revela rasgos que lo emparentan con la generación del Mariel. Junto a Reinaldo Arenas -al que lo uniera especial amistad- había dirigido la revista Mariel (1983-1987), en torno a la cual se nuclearon varios escritores del éxodo y compartieron una forma común de enfrentarse a la vida, la cultura y la creación en su asiento miamense. El fantasma de Reynaldo Arenas parece rondar la obra de Juan Abreu. Críticos como Antonio José Ponte e Iván de la Nuez no han escapado al deseo de relacionarlos. Este grado de relación se hace particularmente intenso si establecemos un paralelismo entre “Adiós a mamá”, cuento escrito por Reinaldo Arenas y Accidente. En ambas historias la muerte de la madre es el último lazo que une a sus hijos con la isla. Cuando ella desaparece, se pierde totalmente la posibilidad del retorno. Si en “Adiós a mamá” de Arenas, la muerte de la madre desemboca en la huida de la isla a través del mar, en Accidente la muerte de la madre se convierte en la causa de que el hijo abandone completamente su vocación artística y a través de un crimen/venganza se reconcilie a su manera con la vida, alcanzando el más alto grado de la maestría pictórica y por ende la posibilidad de abandonar el arte como estado de insatisfacción permanente.

Para terminar quisiera mencionar la cuestión sobre la pertenencia a una literatura nacional específica. Al respecto dice Abreu en Accidente: “Yo no quiero ser un escritor cubano, ni americano, ni chino, quiero ser solamente un escritor”. Agrega Antonio José Ponte en su reseña sobre Gimnasio (“El camino de toda carne”. Encuentro..., No. 28/29, primavera – verano, 2003, pp. 346 – 348) que: “Con tal causticidad, Juan Abreu brinda un matiz extremadamente raro, escaso (y por tanto precioso) en literatura como la cubana” (348).

 

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Juan Abreu
Accidente
Mondadori, Barcelona, 2004.
191 pp. IBBN 84-9793-224-2

 

 

 

 

 

 

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