Filosofia
Literatura
Entrevistas

 

CINCO POEMAS

Por María Paula Alzugaray

 
DETALLE DE UNA CONVERSACIÓN

…“te presto esta crema quitavergüenza, te la presto
para después del ridículo,
...Ojito que no hace milagros, pero menosduele eso sí,
se pasa después del tropezón o la grosería,
quita rojedad de los cachetes, también frega la malasangre,
yo creo que está hecha de promiscuidad condensada.

La compré en una inundación,
venía con un perfume Ocean Pacific y un rifle.

Además me conjunta con los demás potes del botiquín
y no sólo eso; tiene una etiqueta dorada que dice:

“El gran talento del ser humano está en su caída”.

(inédito)

 

TIJERAS

Últimamente
esconde los excesos
apenas inyecta heroína al reloj
y sólo en ocasiones
vagamente
brotan los monstruos.
Ya no puede enloquecer de tristeza
ni habitar un orgasmo perpetuo
o alucinar la superficie.
Esta vez
sólo arruga las puertas
se comprime
engaña más que nunca
pero ha desatado las tijeras.

Otros seguirán creyendo.
(del libro inédito INMACULADA CORTESANA)

 

Rueda la bolita por el pasillo del coche
no encuentra su lugar,
yo encuentro el mío en el sueño
de pasear lejos en automóvil
por una ruta con plátanos altos altos
que vayan haciendo de corazón natural.
(inédito)

 

¿Latinidad?

Pedro sin jardín
chorea bicicletas a sus vecinos de allá         de la villa,
no lo conmueve el río ni la luna

Más al centro, Elisa suena desde el churrero
y Pedro sin jardín limpia autos a los Señores Latipac
sin meditar
crudo
hermeneuta social
contento

-No, no sé, mamita, quién es ese Rubén Blades.

Me pide cartones
me dice piropos obscenos
se va cantando
yo
      carnal
me intimido.

(inédito)

 

LA SORPRESA

a Alejandro Schmidt

¿Puede el poeta, pero el hombre no?, ¿Cómo?
Si es el hombre quien le busca espuma
a las grandes habitaciones de la noche
para arrojarle al poeta gatos negros de luz...
Por qué no, si sí encierra otros universos.
Créala, no es un lunar en el centro de la cara
es apagón para volver a sentir inocencia
contagio silvestre de risoteo y despierte...
 
Ay ella, tan soslayo, suspensión que no exige tiempo
prima del sueño, ella que también salva y nos arde.

No la ahuyente, confíela,
en sus flecos ligeros existe una actividad receptiva.

Ábrasele, quédesela en sus fósforos,
no espere lo esperado.
En la realidad está el peligro.

(inédito)

 

 

 

Marzo-Mayo 09   •Directorio •Editorial •Proyecto •Números Anteriores •Contacto •Links