
FRAGMENTOS DE UNA ENTREVISTA A HÉCTOR HERNÁNDEZ MONTECINOS
Por Claudia Apablaza
¿Qué diálogo tiene tu escritura con los poetas de los 90’?
El único diálogo desde el comienzo fue cuando me dije que no quería escribir así como ellos, no quería pasarme cinco años puliendo diez poemitas como si fueran joyas, para luego publicar cinco de ellos creyéndome que eran el mejor ejemplo de esa escuelita de la ultracorrección, la moderación y el buen tino. Ellos creyeron que hacían obras que decantaban todo lo mejor de la tradición lírica nacional, negando todo exceso, todo desborde, toda mancha, acaso como si la vida misma no lo fuera. Conocí a varios poetas de ellos, todos me decepcionaron. No tenían un discurso sobre el ejercicio de escribir, no estaban pensando el mundo, no querían construir nada en este nuevo escenario nacional que era el ‘fin’ de la dictadura. Una manga de ilustradísimos ignorantes. Sólo podían hablar de literatura, y ni siquiera, sino que de historia de la literatura, de traducciones, de editoriales y nada más. El sentido vivo de la poesía que yo quería no estaba allí. Ellos fueron la mejor escuela de lo peor para no escribir como lo hicieron. Absolutamente fomes, muertos, polvo.
En entrevista con Bruno Vidal dices que tienes una paranoia con los 90’, ocasionada por la actitud de Rafael Rubio en la PUC. ¿Crees que la molestia que tienes hacia los noventa se justifica en los textos de los poetas de los 90’ o sólo a actitudes de los mismos?
En realidad más que paranoia es un estado insomne en cuanto a lo que para mí significa, y significó desde hace diez años, la literatura y en especial la poesía que es la zona muda donde se inscribe lo que hago. La poesía que se escribió en los noventa en realidad para mí no fue más que borraduras, pactos de silencio y blanqueo que desactivaron toda forma de dispositivo político y disruptor en la literatura de esa época: narrativa y poesía. Evidentemente hubo obras, o parte de ellas, que se escaparon como las de Yanko González y Germán Carrasco, y uno que otro más, pero en términos generales no se salen de la tradición españolizante del 27, o de la escuela gringa del objetivismo, o del pesado lastre de Parra y Lihn. Rafael Rubio es sólo un síntoma de dicho proceso, (y ahora más con el síntoma del espaldarazo del Cura Valente y el doble espaldarazo del Premio Neruda), de hecho con él hemos tenido una extensa y bizarra correspondencia por correo electrónico en el cual explaya su inquina, que yo leo como resentimiento, y yo le digo cuan pelafustán puede ser un corderito disfrazado de oveja. Me da risa. Por otra parte, leo las obras minúsculamente inofensivas, -no inocentes porque no lo son, de hecho es al revés- escritas con el miedo a no querer hablar de un tiempo y un espacio al que pertenecían, encerradas en sus bibliotecas mentales, sumamente literatosas, limpiecitas. Allí no veo más que el aprovechamiento de un renacimiento del campo cultural universitario (no digo academia porque en Chile no existe), el cual se autoimpuso una labor de salvaguarda de la literatura chilena, y en ese gesto violento y transaccional se dieron cabida estas poéticas enlodadas en la tradición más líricamente reaccionaria como la del soneto o el madrigal de fácil lectura universitaria o una en que imitaba hasta el más mínimo gesto del difunto poeta chileno de moda, hasta sus peores vericuetos versísticos. Vi las obras de todos esos poetas y me parecieron tan nimias, muertas, carentes de fuerza, de la vida misma que las llevaba a estar escritas. El miedo escrito, que a mí me aterrorizó.
¿Te interesa el trabajo de alguno de ellos?
Como te decía antes, leo lo de Yanko González me parece bien, aporte. Lo más delirante de Germán Carrasco y Javier Bello igual. Los cruces de Gustavo Barrera y Antonio Silva me parecen también algo súper interesante. Y un par de autores que se aislaron de ese mundillo y crearon obras que se escapan a todo como las de Piero Montebruno y Morales Monterríos. De ciudades fuera de Santiago, y de esa época, me llaman la atención lo último de Christian Formoso de Punta Arenas, de Juan Herrera en Concepción, no sé. En realidad, lo más que se escapa, lo más que busca nuevas formas y formas de decirlo, me gustan. El resto es soberbia y fácil continuidad de la continuidad de la continuidad, que en tiempos de riesgo como este siempre se celebra y se sobrevalora.
En algunas entrevistas y escritos, la novísima acusa a los 90`de fascistas y los 90’ acusan a la novísima de fascistas, ¿por qué crees que pasa esto? Yo lo veo como una necesidad de ambos por deshacerse de un fantasma que anda rondando por ahí y del cual nadie quiere hacerse verdaderamente cargo.
El fascismo es un fantasma que aún anda dando vueltas en Chile, y en realidad es más que un fantasma, sino un monstruo real con nombres y apellidos, pero existe un fascismo literario que tiene que ver con el conservadurismo (escritural), la doble moral (entre el papel y la vida), el afán enfermizo de economizar (lenguaje), el gusto por lo correcto, la bella forma, la concisión del poema, entre otras muchas características. Incluso para darle más sentido a lo de fascismo podría agregar que la mayoría de ellos hace clases de literatura en universidades en manos de ex militares y grupos ultra católicos de derecha, que sí son fascistas. Entonces el fascismo que ellos verían en nosotros no sé de donde vendría. ¿De recibir una beca del Consejo de la Cultura? ¿de salir en La Nación? ¿De estar en youtube?, de verdad, no lo sé. Habría que preguntarles a ellos. Es más, en mucha de la poesía de hoy, por ejemplo de Pablo Paredes, de Diego Ramírez, de Felipe Ruiz, de Arnaldo Donoso, incluso mías, aparece la palabra fascismo como tema, como metáfora, como tensión y fuga de escritura; no hay miedo de él, pero si buscas en los libros de ellos jamás verás una referencia a eso, ni a nada que tenga que ver con las instancias del poder, en ninguna de sus aristas. Yo lo tengo súper claro, incluso hasta puede ser una obsesión. Y Chile, por lo demás, cada día me resulta más enfermantemente fascista: su proceso de Hiperdictadura es absolutamente vertiginoso, su estado policial, represivo y de vigilancia extrema es desolador.
¿No crees que las poéticas de los 90’, digamos chatas, temerosas y encerradas, como las describes, son producto del mismo miedo histórico en que se gestaron? En ese sentido, creo que la novísima fue afortunada porque se generó en otros espacios más adecuados para presentar los proyectos de escritura (digamos un escenario de democracia, principalmente); es decir, de partida no se pueden equiparar en términos de escenarios de gestación y desarrollo. ¿No crees finalmente que para que existiera la novísima debieron existir los poetas de los 90’, son parte de un mismo recorrido? Digamos, ¿ustedes como sus hijos rebeldes? ¿Un cierto amor/odio?
No creo que su cobardía sea producto de ese miedo histórico, pues si fuera así no se habría gestado la Escena de Avanzada o ciertas poéticas muy arriesgadas desde mediados de los 70 hasta fines de los ochenta. El contexto de catástrofe que se vivió fue uno de los alicientes para que se iniciara esta indagación en y por el lenguaje. Es decir, al ver la paranoia dictatorial por coartar el lenguaje, el habla, los decires, tanto sociales, literarios, publicitarios, etc. los escritores quisieron potenciar ese dispositivo de disidencia que ahí había, por tal sus obras se densificaron en todos los niveles de expresión, y este fenómeno no se dio en los noventa, incluso siendo que ya publicaron cuando la dictadura militar había terminado. La propia década del noventa fue donde se vio con una nitidez insólita la dictadura del mercado, la misma que los cómplices de Pinochet idearon para seguir en los turnos de poder, y de ahí hasta ahora no mucho ha cambiado. Los mismos funcionarios del régimen son los empresarios que se reúnen con la Presidenta para ver los temas sociales. El blanqueo en Chile funcionó y esas poéticas como esas narrativas de la época fueron el coro fingido por un nuevo país apolítico, descomprometido (sic), y sin memoria, cosa que lograron. Es por eso que la novísima tiene ese carácter político tan marcado, porque hay una deuda, un tema pendiente entre el poder público y privado con respecto a la disidencia y el inconformismo que nace desde las artes. El hecho de que no estemos en dictadura no significa que haya libertad de expresión así en términos prácticos, pues el ruido que se genera desde los medios, las campañas políticas, la publicidad son formas de hacer callar a los disidentes, aislarlos. Por tal la novísima tuvo que hablar fuerte, decir con claridad y a vista de todos lo que pensaba, y eso fue lo que aún molesta, el hecho de que hablemos directamente tanto en un diario, como en los mismos poemas. A la otra parte de la pregunta la respuesta es categórica: no. O sea, la novísima no nace como reacción a los noventa, de hecho para caso nadie fueron tema, más que para mí como gesto de corte y para un par más de nosotros. Los noventa no nos importan en absoluto, son sólo una parte del iceberg que sí nos importa y es la relación entre poder, fascismo y escritura. Los noventa fueron víctima de eso, y no los causantes. No hay parentesco escritural, no hay puentes, ni siquiera diálogos más que estas mínimas polémicas. Sus obras son absolutamente prescindibles, no hay odio, ni pena. No hay nada.
¿Qué es la novísima, quiénes son parte y en qué sienta sus bases?
La novísima fue un nombre que se le asignó a un conjunto de escrituras que aparecieron desde el año 2000, emparentadas por la amistad de sus autores y por la correspondencia en sus espacios inaugurales de circulación. Una de sus señales es que acerca la noción de joven poeta a lo que significa el inicio de la mayoría de edad, es decir, fue una instancia en que muchachos y muchas de alrededor de 18 o 19 años comienzan a escribir sus proyectos personales con apuestas estéticas más bien cercanas a la experimentación, la radicalidad, el riesgo escritural, y que por una suerte de suerte de amigos estamos ya caso celebrando diez años de trabajo ininterrumpido. No es más que eso. Ha corrido mucha tinta sobre la novísima, la mayoría malintencionada, pero está bien, era lógico que pasara. Las poéticas de Paula Ilabaca, Diego Ramírez, Pablo Paredes, Felipe Ruiz, Gladys González y algunas más son desde su momento mismo de escritura una interrupción y una problematización desde varios ángulos. No hay manifiestos, ni reuniones secretas, ni nada de eso, simplemente un grupo de amigos primeramente, luego una pandilla poética como dice Paredes y ya. Todos escribimos sumamente distintos, leemos cosas distintas, nos movemos en discursos y tensiones distintas y eso es uno de los valores agregados, su misma heterogeneidad nómade. Algunos han querido aglutinarnos, pero sin duda el corpus se escapa solo de esas categorizaciones, ya que sólo hay que leer, que es lo que menos se ha hecho en estos años, sí hablar, y mucho, pero son pocos los que han leído todo lo que ha significado la novísima. No es más que escritura honesta, sin miedo al error formal, y siendo el soporte de nuevas formas de rebeldías como el delirio y la ternura, entre otras.
¿Crees que un escritor deba trabajar como un gestor cultural en su posicionamiento más allá de la publicación de sus libros? ¿Por qué?
En Chile la mayoría de los poetas somos gestores culturales, porque nadie hace nada desinteresadamente por ella. Las instancias culturales del Estado no organizan actividades de poesía abiertas ni masivas, tampoco los privados, o sea nadie salvo los propios poetas que se mueven para llevar a cabo empresas como el mismo festival latinoamericano Poquita Fe que hacemos en Santiago, o como muchos más por ejemplo el Riesgo País que se hace en el sur de Chile. Los mismos poetas estamos obligados a organizar, por salud mental y ecología social, estas zonas de diálogo y visibilización comunitaria de la literatura, pues tanto el mercado, como las universidades y la misma indiferencia del medio son el contexto aciago para que las escrituras sigan en las mazmorras del silenciamiento o la ridiculización. No es farandulizar la poesía, sino que devolverle su estatus de socialización de discursos en un contexto artístico, en un contexto anómalo y que pone en jaque al mercado como tal, y al literario que se solaza en el éxito de ventas de cierta narrativa o de cierto tipo de ensayos o testimoniales. La generosidad de la poesía consiste en abrir espacios para otros, para los que están y los que vienen, también para los que ya estuvieron antes y fueron de igual modo generosos. La poesía abre puertas, derriba murallas y destruye ciudades en cada página, para que sea real se necesita de la parte de uno.
¿Por qué los novísimos quieren “fumigar” el pasado?
Los novísimos no queremos fumigar el pasado, pues ese gesto es una forma totalitaria de hacerse de un presente, y no es necesario. Es sólo renombrar zonas y escrituras que fueron silenciadas y dejar en claro la anodina cobardía de otras que hoy hacen lo imposible por adquirir un valor en el mercado literario, cueste lo que cueste. Y claro, hay pasado y pasado, evidentemente nos molestan ciertas conformaciones y sedimentos, por eso es que uno se refiere a ellas para problematizarlas aunque de su parte no haya respuesta, pues temen a la crítica. Eso de “fumigar” apareció en unas lecturas de cierta poéticas que hizo Felipe Ruiz amparadas en el fascismo escritural del que hablábamos antes y a manera de devolverles el juego se hizo esta referencia que evidentemente cayó mal a la primera y no fue leída con la altura de lecturas que necesitaba. También lo señaló Zurita, de que escrituras más poderosas anulan, u obnubilan, a las que no lo son, y todo esto tiene sentido en la manera de ver más simple la historia de la literatura, no es ninguna acusación capital, ni nada que no se haya dicho con menos disimulo: ciertas obras devoran como hoyos negros a las que están a su alrededor, y basta mirar para atrás para darse cuenta. Es una especie de selección natural de las escrituras en una carrera no con la evolución sino que con la velocidad del mundo. No se puede seguir escribiendo como hace cien años siendo que lo que sucede en la realidad ya no tiene que ver con ese pasado, que por lo demás generalmente está diseñado como maniobra. La poesía más que nunca es un llamado de alerta a las condiciones de posibilidad del mismo género, y de los espacios de libertad y creatividad. Y es más, no son los novísimos quienes fumigarán a estas poéticas mediocres y miedosas, sino que los lectores que ven el mundo caerse a pedazos y ya no creen en la belleza, el bien y esa verdad que el conservadurismo literario ha querido mantener a la fuerza mediante beneméritos a sus cultores o al silenciamiento o la parodia rabiosa a quienes la han combatido, y quizá ese sea el lugar final de la novísima, haber sido hace diez años la piedra en el zapato a una continuidad timorata que también vio en la poesía de los 80 un exabrupto.
¿Por qué te fuiste de Chile?
En un momento Chile se me apareció como una pesadilla, tanto de sus políticas básicas hasta la instrumentalización que la extrema derecha hacía de todo lo que pasaba. Veo a Chile como una gran liquidación de un centro comercial global para que los poderosos del extranjero, en especial gringos y españoles, compren y destruyan lo que a su paso esté, me refiero a ríos, glaciares, bosques, comunidades indígenas. El Estado es cómplice de eso, incluso veo en el diario de negocios como se están licitando las aguas dulces y terrenos fértiles en el sur. Por otro lado, la doble moral mojigata me asquea, se impone como voluntad social y ante la cual no hay respuesta. El gobierno socialista se olvidó de su base: las personas, o como ahora ya no dicen, el pueblo. Todos somos usuarios y no ciudadanos. Las autoridades políticas, de centro derecha casi todos, no hacen nada por intentar mejorar algo, sólo quieren robar lo más posible antes de que cambie de coalición el gobierno, y los que quieren un cambio han sido expulsados o sancionados. La derecha chilena es obediente a los dictámenes de Bilderberg. La masa está adormecida e hipnotizada con tanta estupidez. Chile va en muy mal camino, y las pocas alternativas de conciencia son silenciadas y no tienen visibilidad. Cuando estaba allá me daba mucha pena ver la manipulación tan evidente, pero ahora con distancia incluso creo que lo que le viene a Chile se lo merece. Por eso yo no quiero estar allí, aporté con mi grano de arena abriendo espacios, generando diálogos, moviendo personas e instituciones para que la literatura sea una primera llamada a un movimiento mayor de apertura mental, de libertad y creatividad sin tapujos. No hubo mayor respuesta, el egoísmo, el miedo y el desgano triunfó. El mercado es lo más importante, quédense con él, y que cuando termine de caer que también caigan los que de él mamaron. Me da pena por lo que pasará en Chile, en especial por mi familia y amigos. Acá en México, me siento cómodo y feliz, no es el paraíso, claro está, y muchos de los problemas antes enunciados en Chile acá también se dan, sólo que hay más oportunidades, más reconocimiento al trabajo artístico y se puede vivir de eso.
En tus textos apelas mucho al concepto de periferia v/s oficialismo, ¿te sientes un poeta periférico, marginal u oficial? ¿En qué sitio podríamos encontrar hoy lo marginal en la poesía?
Me gusta la tensión entre periferia y centro, u oficial, como le dices, pues lo primero que me importa afirmar es que ambas son conmutativas, móviles, intercambiables hasta los grados más insólitos, entonces por ahí comienzo a repreguntarme el destello de la periferia y el deslumbramiento de la centralidad. Por ejemplo, en un hospital un enfermo terminal es más central e importante que uno que se haya quebrado un pie, es decir, uno es hegemónico por su estado con respecto al otro, que en términos fuera de ese lugar sería absolutamente al revés. Entonces me nace la pregunta más profunda que es por los escenarios donde se instalan esos discursos, en vez de preguntarme si son periféricos u oficiales, o de otro modo, escribo desde la Manicomia, que es la figura heterotópica de la reclusión, de la clausura, de un espacio que es más que un lugar-otro, pero menos que un no-lugar. Un libro en una buena editorial, una beca de escritura, una entrevista en un diario no te hacen oficial, tal como una edición fotocopiada, o la renuncia a las distinciones o las lecturas en lugares “periféricos” no te hacen no oficial. Conozco a varios poetas que apelan a ese discursillo paternalista de la periferia, del margen, de la descentralización, pero al ver sus hechos uno simplemente se ríe. Por cierto, la poesía, al menos en Chile, siempre ha tenido cruces y tensiones con los poderes de turno, muchos poetas tuvieron cargos políticos o diplomáticos, desde los Nobel hasta ahora, también muchos colaboraron en los gobiernos antes de la mentada institucionalidad cultural. Lo que puedo decir de mí es que siempre me he sentido ajeno, externo, extraño al mundillo, desde lo que escribo que no se parece a nada de lo que yo conozca hasta como se me ha dicho mucho desde un tiempo hasta ahora: rock star. Término que no termina de producirme gracia y un poco de ridícula ternura. Sobre la última parte de la pregunta la verdad es que lo marginal de la poesía está en su estado natural con respecto al mercado, pero no con respecto a la tradición literaria chilena, pues allí la poesía es sin duda el género más importante, de este modo y como decía al comienzo, la marginalidad se mueve por espacios, cuerpos y formas de discurso que en contextos determinados se cargan de ese dispositivo político, pues cuando entendemos lo marginal como una opción política en serio nos acercamos más a la renuncia de la obra y de la visibilidad de esta, en un primer punto a lo Juan Luis Martínez, a pesar de que el hecho de tachar su nombre haya sido subrayarlo. Lo que en términos más sencillos quiero decir es que lo marginal es una figura literaria más, que a algunos les ha resultado muy productivo como chapa, y a otros les ha pesado como un castigo divino, por eso me quedo con la imagen de que el margen siempre está ahí como un recurso literario disponible para los llorones.
A ratos se acerca mucho a la narrativa. ¿Te sientes cercano a ese otro género y crees que alguna vez indagarás directamente en él?
Los géneros para mi son sinónimo de promiscuidad, de enlaces, de ires y devenires, me gusta su sentido de no ser ni querer estar fijos ni inmóviles, de allí que la escritura tenga esas zonas de placer, de travestimiento, de máscaras detrás de otras máscaras, me imagino que el engaño y la trampa en este contexto son interesantes, pues pierden su criminalidad o su ilegalidad moral se hace seductora. La novela en sí es un género prostibular, una especie de casa de citas, donde todo texto es bienvenido, siempre y cuando ‘pague’ lo que ella cobra como expectativa de lectura; por su parte, la poesía es más bien el diálogo que se produce en ese lupanar, múltiples voces de desconocidos que relatan intimidades, que susurran o gritan, que mienten para conseguir algo, un ensordecedor silencio. Pero si hay algo que no soporto son los cuentos, los odio, para mí son como un estreñimiento intelectual, un aborto fracasado entre una mala novela y un buen poema. No me gusta leerlos, ni verlos, ni mucho menos escucharlos. Prefiero su acepción un tanto bastarda de relatos, que son piezas más bien anómalas de una máquina inexistente, y no como los cuentos que se pretenden máquinas más chicas, pero máquinas, siendo que no lo son. Una novela o un poema pueden estar formados o deformados por relatos y ahí se produce algo interesante, pero no pueden serlo por cuentos, porque su pretensión y su ansiedad resultan insoportables. Sobre el hecho de trabajar en novelas, así como se entienden generalmente, tengo uno apuntes dispersos sobre una especie de biografía delirante de Tycho Brahe, astrónomo danés nacido a mediados del siglo 16, que construyó sus observatorios en una isla donde él era rey, mago y el mejor científico del mundo hasta que conoció a su discípulo Kepler de quien fatalmente se enamoró, o algo por ahí va la historia.
¿En qué proyectos trabajas ahora? ¿Qué proyectos tienes para este primer semestre de 2009?
Estoy en hartas cosas acá en México, lo primero es que con el poeta mexicano Yaxkin Melchy armamos el sello cartonero en DF, Santa Muerte, y estamos súper felices y a full con eso. En enero y febrero nos vamos por toda Centroamérica con los libros y haciendo lecturas y conversatorios. Luego seguiré acá en México dando talleres y conferencias. Se está traduciendo [guión] al inglés para la editorial norteamericana Marick Press, y algunas otras cosas también en checo y polaco, y sale la nueva edición de [coma] en LOM en Chile como continuación de la trilogía. Buena onda.
¿Quieres agregar algo?
Además, que visiten este link de Los Sueños Divinos (LSD) que es una selección que hice de toda mi obra escrita hasta ahora, y que abarca diez años de trabajo ininterrumpido:
http://www.scribd.com/doc/10041576/LOSSUENOSDIVINOS19992009
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