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EL QUE TRATA DE NO SER

 

Por eLtRakEr

 

A LizzAlejandra
Antes del último sueño una cosa a Dios yo pido: un segundo ser su dueño – La Muerte Chiquita (Café Tacuba)

El vapor proveniente de los cuerpos que bailan inunda el lugar, todos lo notan, pero a nadie le importa, nunca les ha importado, podremos estar en el lugar más chico de la ciudad y no escucharemos queja alguna, al menos no mientras la mayoría se encuentran hipnotizados por la música – electrónica de preferencia, y sin azúcar – al salir el cansancio los hace buscar desesperadamente el carro, aunque nunca falta el hambriento con la idea de ir a comer tacos – preferentemente de frente al “Épocas”. Los “tacos de México” les dice un extranjero – hay los quienes se tiran de panza pa’ llegar antes, sin embargo debido a la magnitud del golpe pierden el apetito y solamente consumen uno con todo, habemos otros que podemos alimentarnos de entre 5 u 8 tacos, aunque sean casi las 4:00 a.m., nadie ha podido explicar por qué nos gustan los tacos después de ingerir cerveza, en ocasiones hasta grandes cantidades de diversos licores. Hace unos días estaba viendo, en un canal del cable, a una señora hablar y decía que no es recomendable ingerir carnes si uno pretende desintoxicarse rápido del alcohol, sin embargo ¿cuál sería la finalidad de embriagarse para desintoxicarse al siguiente día?
            Nunca he sido un hombre de respuestas, me causan mayor placer las preguntas, me encanta preguntar
Siempre me creí capaz de finalizar esta historia manejando, por cualquier carretera. ¿Rumbo? Indeterminado. ¿Objetivo? Innecesario. Me es imposible encontrarle objetivo a ciertas cosas, no obstante hay acciones que mantengo en el itinerario. Otras tantas sólo desaparecen.
Al caminar por el sendero que lleva al cerro sobre el cual alguna vez se postró “La Garra” le presto atención a sus ojos y los veo alargados, cada vez más chicos, parecidos más a los de un felino que a los de una persona normal y es cuando encuentro el momento oportuno para notar la falsedad del instante, mi mentira, mi farsa, la equivocación del intento por poetizar la situación, respiro de una innecesaria oportunidad por emendar las cosas; desde chico he intentado arreglar lo que no se ha descompuesto, reparar lo que aún no termina de resquebrajarse. Pienso en el final cuando no se ha terminado de redactar siquiera el índice. En lo personal me ayuda a soportar cuando realmente todo acabe. Cada noche una buena administración de dolor con la cual me arropo en este invierno que empieza, la frialdad de mi cama y la falacia de mis cobijas hace que se me comprima el corazón al recordar la noche en que aproveché cuando estabas medio dormida sobre mi hombro para besarte, eternizando la imagen en mi memoria, esperando se repita y a la vez sabiendo será única. Al llegar a casa deseo no corras, te quedes aunque sea una noche más, un sábado extra. Quiero que me cuentes la otra mitad de tu vida, me digas – sin importar su veracidad – no tenemos nada que perder, vamos a intentarlo. No es de mi interés tu ex, sin embargo “este machete que tengo es por si alguien le hizo daño, que yo por usted me muero” (Café Tacuba).
Tal vez no sea comprensible porque me he fijado en ti, tal vez sea demasiado obvio, no obstante suelo hacer lo contrario a lo que resulta evidente, y reniego de lo lógico. Sigo en la espera del abandono de mi indecisión y la llegada de la prudencia y claridad en tu pensamiento, para poder enunciar la frase sacada de una canción “antes de elevarnos deja te digo no tengas miedo tú estás conmigo” (Caifanes). Porque todo puede decirse por medio de canciones, bien pudiera esto estar redactado a base de ellas, sin palabra alguna que fuere de mi propiedad. ¿Sería eso chafa?
 He pensado en las clasificaciones que le damos a la vida y en sus causas. En la farsa de la causa-efecto, en mi necesidad por retener a alguien que debo dejar correr, en la estupidez cuando dejo ir a alguien a quien debiera hacer quedar.
En una reciente plática con unos amigos una me recomendó no desesperar, los demás lanzarme al abismo sabiendo de antemano que posiblemente sueltes mi mano antes de caer. Una neurona me dice que saltarás unos segundos después y jamás me alcanzarás, otra que no me aventaré, me quedaré a observar como te esfumas en la carretera con tu mochila sobre los hombros, dejándome en el recuerdo una sonrisa que demuestra todo menos felicidad, con la que algún día alrededor de las 2:35 am acepte que lo único que te regalé fue desilusión, como lo hice con aquella amiga que te platiqué (a medias). ¿Cómo aceptar que las noches obsequiadas ahora son en tu memoria un desperdicio?
Chaba dirá que se me está secando el cerebro por eso escribo esto, Karla que no puedo librarme del romanticismo crónico y que siempre seré el mismo enamoradizo, Ileana que me ondié de más, Jesús que me valga madre, Chris que me  he vuelto plomo, detrás de todas estas y muchas otras voces escucho a Felipe gritar: “¡pa’ tras ni pa’ agarrar vuelo!” Ni siquiera esto me incita a seguir.
Lo que ha empezado como una historia feliz o de borrachera ha terminado en una melancolía o resaca – en parte se debe a Blue Paper de Moby -. Cruza por mi mente aquel departamento en el que viví con Andrés, Kim e Inés. Cuantas veces dormí escuchando canciones deprimentes, Portishead, el mismo Moby, Mogwai, Radiohead, Pink Floyd, y un poco de soledad me eran suficientes para dejar salir las lágrimas, tan intensas y llenas de veracidad que me daban las 4 de la madrugada con un vino de tetra pack en la mano, el cual había sobrado de la anterior borrachera, del que sólo bebía un trago porque temía levantarme a tomar agua. ¿Cuántas veces sucedió? Pudo haber sido una o miles, el número no interesa en este minuto.
Ahora sentado en la recamara de mis hermanos en Ensenada vuelvo al primer cuento que escribí, ya no existe, fue eliminado, desperdicié una buena idea, surgida de mi novia en aquel lejano 2002. Hoy seis años después no sé si dejarme enamorar o anteponer la testosterona al sentimiento, dejar trabajar la fría razón ante el calido sentimiento de tu compañía. Tal vez pueda ser muy seguro de mí, pero en este instante me estoy resquebrajando.
A partir de este párrafo tengo la esperanza de levantar la mirada y escupir el espejo al rasurarme y dejar de esconder parte de mi rostro (sé no sucederá la rasurada).
Toda tu oscuridad me hace querer seguirte hasta donde vayas cuando pasen los 4 años premeditados en tu conciencia. Me estoy perdiendo y la linterna se la presté al perro celestial (Diógenes).
He despertado. Ya desayuné. Comí. No cené, me dio flojera, aun así me siento inspirado, terminó la redacción, la idea inconclusa. Hubo textos perdidos dentro de la I Mac™ de Israel, de buenas a primeras dejó de funcionar, así como el dueño tiró la cajetilla de tabacos a la basura. Han pasado bastantes cosas:

  1. muertes
  2. encierros en centros de rehabilitación
  3. encarcelamientos
  4. piedras lanzadas al mar
  5. trabajos adquiridos
  6. viajes forzados
  7. adicciones fortalecidas
  8. amistades rotas
  9. apañes no deseados
  10. besos negados
  11. estática en la Tv.
  12. y sexo sin protección en el auto, cerca de una escuela.

En el listado anterior nada es de utilidad, no tiene porque estar ahí, sin embargo lo lees. Te desagradará el relato, ya que carece de trama, lo que más odiarás es su dedicatoria, este sí la tendrá, ya dejé el miedo a ponerla con pretensión de publicarlos. Leyendo el blog de cierta revista tijuanense, me vino a la cabeza lo que nunca le aporté.
Posiblemente la mujer a la que le escribo en esta larga noche no se tome la molestia de leerte querido cuento, ignorando totalmente que con el tiene ya un pedazo de mí, además de poseer un lugar en mi baúl de los olvidos, con sus ojos distintos a todos lo que me habían hipnotizado.
            Suena el teléfono. No hay más que decir. Tomo las llaves. Recorro el largo camino de terracería. Bajo del vehículo. Pongo el aparato, que me robó las ideas, en la Reforma (Km. 60) y me retiro. Entro a la habitación, me siento y escribo… luego existo. Miro el reloj de la computadora, marca las 5:00 am, debo dormir, pero no sin antes ir al refrigerador por algo de alimento.
            Despeinado me veo al espejo, han pasado 12 horas desde que me comí un sándwich. Pienso ordenar una pizza. Veo tu imagen en el celular. Concluyo es mejor descansar que mañana esto será olvidado.

Noviembre08


Ahora me atrevo a poner nombres.

 

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