La Constelación
Por Esmeralda Ceballos
Sabía que su comportamiento era enfermo. Se recargó en la ventana al estilo James Dean, mientras su boca liberaba el humo de los pulmones. Lo sabía, estaba enferma. Pero dejó que sus alumnos continuaran. Escuchaba las voces que preparaban el ejercicio, hasta sintió el impulso de cambiar las indicaciones, pero, tuvo miedo de perder credibilidad. Los estaba utilizando para fines catárticos y con eso, quedaba fuera de la ética catedrática. Dejó que el tiempo estipulado para la preparación corriera, en el fondo deseaba que el ejercicio no se realizara. Ella reparó en que, no era magia lo que estaba a punto de vislumbrar, no iba a oler el hechizo de la caja negra, no, olería su propia podredumbre y eso, la asustaba. Los alumnos estuvieron listos y subieron al escenario.
Su cuerpo ya no le pertenecía, se había depositado en el de Kara, su alumna favorita. No se había sentado aún, cuando los muchachos apagaron las luces y gritaron telón. La función estaba a punto de comenzar y Ella no estaba segura de resistirla. Por eso, las grandes historias biográficas se cuentan después de la muerte de los protagonistas, se dijo.
Kara estaba de lo más entretenida con su personaje, tenía la oportunidad de encarnar a su maestra y vengarse de regaños anteriores. Ella distinguió todas las corrupciones de su personalidad: las físicas y la pudrición de su mente; su boca comenzó a temblar del estremecimiento, ante sus ojos, pequeños momentos de su existencia, los más punzantes, se lucían como un deja vu mortífero. Advirtió el error tan grande que había cometido, no había utilizado a sus alumnos para obtener un fin. Había puesto su vida a la venta. Pero era tarde para interrumpir el experimento, en el escenario estaba sucediendo la magia que Ella tanto exigía. Por primera vez, los muchachos habían construido personajes convincentes. Los diálogos fluían sin detenerse. Kara se movía como si tuviera otro cuerpo. Pero en el clímax del ejercicio, todo se paralizó, las luces del teatro se apagaron, los alumnos se detuvieron. En el universo dos fuerzas se conectaban y el rompimiento sucedía. Del cuerpo inmovilizado de Kara, un espectro se desprendió y caminó hacia la maestra. Ella contuvo el aliento, la visión que se acercaba era su reflejo. Kara comenzó a convulsionarse, mientras Ella, intentaba entender los reclamos que su espejo le gritaba a escasos centímetros de la cara. Pero no escuchaba, los latidos del corazón le tronaban en los oídos. No podía moverse, su cuerpo no le respondía. Cerró los ojos, pero un aleteo la obligó a abrirlos, como ráfaga, una libélula volaba por el escenario y, el ruido de sus alas era hipnótico. La escena estaba vacía, los alumnos la observaban desde sus butacas, cada uno tenía una libélula posada sobre su cabeza. Kara había ocupado su lugar en el asiento y Ella, se encontraba parada sobre el escenario. El insecto se instaló en su cabeza.
El sonido de una sirena la obligó a girar hacia la ventana y vio que a alguien recargado al estilo James Dean, un cigarro le quemaba los dedos.

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