Y reforzará tus huesos
Iván Humanes Bespín
(Barcelona, 1976)
Que hayan encontrado al matrimonio Manzini con la cabeza vendada de blanco y en camisón, agarrados de la mano y en la cama, reposando la muerte, no es extraordinario. Lo que debe suceder ya está marcado con antelación. Son los menos los que creen que existen vínculos entre la teoría que muchos de nosotros profesamos y ciertas inmolaciones. ¿Acaso alguien conoce el trabajo que supone encontrar los noventa y nueve nombres? ¿Cómo hacerle entender a Miriam eso mismo? ¿Decirle que ella es fruto de la búsqueda de la pureza? Para que se hagan una idea, sólo aquéllos que han visto la apariencia real de la bestia, como los Manzini, poco antes de adivinar sus garras en el cuello, han percibido el rostro, han accedido al Nombre.
Algunos de los teóricos a los que acudimos con frecuencia han escrito alguna vez que la ciudad está levantada bajo la disposición de los números cabalísticos, y de ahí la influencia sobre nosotros y que se haya despertado el secreto en nuestro corazón. Kether, como Corona y primer número, Hokhmah encarna la Sabiduría y es segundo, Binah la Inteligencia, tercero, y así. La disposición de las ramas del árbol cabalístico, que es representación simbólica de la vida divina, podría indicar el estatus de cada uno de los habitantes de la ciudad cuando lo trasladamos al mapa urbano. En verdad es imposible pretender a alguien sito en Kether, número uno, si nos encontramos en escalafones anteriores y somos Hod, Gloria, y para más concisión, número ocho en la escala. Pero eso puede ser, sin más, una errónea interpretación del árbol de los signos. La mayoría no sabe lo que dice y pretende imponer su conjetura sobre los demás. Pues lo que no se debe es creer que la simple transpiración geográfica del árbol al mapa ya supone haber alcanzado la sabiduría adecuada. No. Sólo unos pocos están allí porque deben estarlo, los demás forman parte del engalanado general, son mortales sin intereses ni intención. No podemos ser únicos y nos queda convivir con los demás.
Él buscó la perfección en otra mujer que guardara la pureza y eligió a Miryah, como he elegido, por su apariencia virginal, a Miriam. Casualmente ella y yo nacimos y crecimos en el mismo barrio, a efectos prácticos Netsah, casa de la Victoria y de grado número siete. Corresponde al hombre ser a la vez “varón y hembra”, tender a la unidad pese a la obligación de necesitar al otro para conseguirlo. Adán, el hacedor de milagros, nos dejó todo eso escrito y confió a su hijo el mandato de preservarlo y difundirlo entre los fieles. Desempeñamos el cometido punto por punto. Claro, no podemos declararlo a los cuatro vientos y subir a la mesa del despacho en el que trabajamos y defender que fue Adán el hacedor de todo lo que vemos. No. Hay que mezclarse entre los demás, clavar la vista en la pantalla del ordenador y esperar el final de la jornada para seguir con el estudio. Entonces, regresar a casa, besar a la esposa y excusarse con trabajo pendiente para continuar con el conocimiento, el conocedor y lo conocido.
Al principio éramos unos pocos, luego cada vez más. Manzini estaba con nosotros. Participaba en la corriente renovadora y, últimamente, a través del estudio de las obras de Isaac Luria creía haber dado con algo concreto, casi material y tangible. Pese a que eran muchas las dudas que sembraba su nueva presunción, Manzini había dedicado la mitad de su vida, más de veinte años, a la Cábala y sus derivaciones. Luego la policía hizo que los periódicos trataran su muerte como un suicidio lamentable. Era respetado en la comunidad pues había examinado en profundidad los colores, como Goethe, otro olvidado y profundo conocedor de la doctrina. Miriam lloró encima del periódico una vez leyó el titular. Habíamos cenado más de una vez con el matrimonio y recibió apenada la noticia. Fue imposible hacerle entender que quizás todo era resultado de un plan preconcebido, de la alianza definitiva. No debe extrañar que el otro, aquél que no ha accedido a la verdad, tenga dudas, demasiadas dudas cuando los acontecimientos están fuera de toda lógica.
Ella no está al corriente ni del Séfer Yetsirah, ni de el Zohar, ni de la Shekhinah, pero es el complemento perfecto para caminar hacia un solo cuerpo, hacia la unidad deseada. El misterio de la edificación del mundo y de su población, dice Nahmámides, es consecuencia de la unión del marido y la esposa. Y creo, a todo esto, que la esposa de Manzini tampoco participaba de la vida como conocimiento. Eso no debe obstaculizar nuestras indagaciones, todo lo contrario, actúa como contrapeso de la realidad. Estar aquí pero en verdad no estar, aparentar que se está y ser hierro y acero frente a Torá. Y a la pareja, que es imagen de la pureza, se le consiente todo, se le procura la vida habitual que se merece. Aquélla para la que ha sido enseñada desde el primer momento, un existir cotidiano, sin estridencias y seguro. Ése será su lugar, a la derecha para siempre. Pese a los regalos insustanciales de Navidad o de cumpleaños, hay que mantenerse. Y eso sí, el estudio siempre debe persistir en la cabeza, hay que resistir hasta destripar el nombre.
Dice Isaías (58,11): “Y el Eterno colmará tu alma en tiempos de sequía y reforzará tus huesos”. Al convenir con la Orden las directrices básicas nos comprometemos a evitar, en la medida de lo posible y sin levantar sospechas, los interrogatorios policiales; pero si nos citan en comisaría hay que negar nuestros contactos y enseñanzas, dar un mensaje vacío sobre Manzini y su vida anodina y hacer buena la cita de Isaías: colmar el alma y reforzar los huesos. No es justo maltratar el nombre de un sabio, pero cualquier otra cosa podría ponernos en peligro. Sobre todo a nosotros, a los que nos movemos por los guarismos inferiores del árbol cabalístico. Los que detentan por méritos propios el número uno, el dos, incluso el tres, no serán interrogados nunca. Conocemos a suficientes personas que ostentan cargos de importancia en la fiscalía que evitarán que ellos, los que están muy cerca de desvelar el Nombre, sean interrogados. No hay que incomodarles, interrumpir el estudio sería arrojar por la borda toda una vida de cognición, despistarles en la cuenta del número sagrado.
¿Y cómo reaccionaría Miriam si supiera que la cabeza vendada de blanco, y las manos entrelazadas, forman parte de un ritual sagrado? Son indefinidos los senderos que se bifurcan y que nos conducen a la verdad. ¿En qué consiste la esencia del Camino Real? La mayoría elige la vida como vía de penitencia, otros reproducen atajos que han sido dados y mantenidos por las generaciones anteriores. Si la policía hubiera mirado debajo de la cama del matrimonio habría podido encontrar una vasija con agua, que recibía la luz de Dios, y unas palabras grabadas con trazos de sangre bajo el colchón: “Mi alma es digna ante tus ojos”.
Se avecina un ciclo cósmico favorable, eso dicen nuestros escritos. Nos preparamos para su llegada y afinamos la percepción, también meditamos y contribuimos a crear un nuevo orden. ¿Qué sucedería si se destruyeran todos los espejos? ¿Acaso el hombre vulgar podría reconocerse si la imagen desapareciera? Dichos actos, por mínimos que parezcan, el destrozar espejos y cristales y cualquier superficie reflectante, forma parte también de nuestras atribuciones. Otro de los nuestros dijo en algún momento que los espejos eran abominables, pues multiplicaban la apariencia del hombre. Cierto. Pero eso son menudencias, juegos de cabalistas durante el tiempo libre. Lo más importante es el poder de información. Y de organización. Los anillos concéntricos son la forma tomada para acceder a la siguiente fase del conocimiento. Algo parecido a lo que Dante dejó escrito sobre el Infierno en su Divina Comedia, obra que es un compendio de materias secretas, pero nosotros lo utilizamos a la inversa: los círculos como ascensión hacia el cielo. Ocupamos una de esas esferas, el paso siguiente supone arrojo, demostrar conocimiento ante los que ocupan las más altas instancias a riesgo de perder toda credibilidad.
Dios nos guarde. ¿Será posible alcanzar el nombre que abra todas las puertas? Miriam en la cocina. Aspirar a la unión. Es improbable llegar a la interpretación definitiva de la Torá, hay que ser consecuente con las dádivas cósmicas y aprovechar los momentos favorables. La verdad estuvo ante el matrimonio Manzini en los últimos instantes. Y lo estará si uno tiene el suficiente poder de persuasión y le confiesa a Miriam que la sábana en la cabeza, la vasija y la frase ya están preparadas. Es cuestión de arrojo y apetito lo de acceder al rostro. No temer. Intentar que no te habite la mínima duda. Mirarle a los ojos y explicarle. Ser preciso. Utilizar el menor número de palabras para ello. De hecho, una vida entera dedicada a combinar letras debe procurar las frases necesarias para convencerla.

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