
“SOY UN ERROR DEL TEATRO MEXICANO”
ENTREVISTA CON ENRIQUE OLMOS DE ITA, AUTOR DE LA VOZ OVAL
Conocí a Enrique Olmos de Ita a través de su
columna de crítica de teatro en Milenio. Alguna vez hizo una observación
(sobre teatro de calle) y le escribí un correo electrónico para
externar mi desacuerdo. La sorpresa fue que de inmediato el crítico
se tomó la molestia no sólo de darme una respuesta ampliada
de su argumento sino que me remitió una serie de bibliografía
muy detallada.
Un maestro me dijo alguna vez que la gente que puede darte bibliografía
calificada es para confiar: sabe dónde se mueve. Con el crítico
tuvimos un breve y amable intercambio de mensajes, siempre sobre el trabajo
teatral y los procesos del actor, el texto y el director.
La comunicación era enteramente profesional. Para mí Enrique
Olmos era un señor muy instruido con una gran cantidad de teoría
que le pasaba examen al teatro mexicano los viernes. Después me llegó
la revista de teatro El paso de Gato y también ahí leí
algo suyo (un ensayo sobre el dinero que se gasta en el teatro de producciones
estatales en México).
Sin embargo, en mi último viaje a la ciudad de México (apenas
el segundo), en una librería vacía y muy grande de una calle
muy popular estaba el libro de un tal Enrique Olmos (Llanos de Apan, Hidalgo
1984), La voz oval, publicado en Fondo Editorial Tierra Adentro, que contenía
seis obras de teatro, la mayoría para niños.
Sí, es el mismo, me dije y lo compré. Y he aquí la extrañeza:
sólo tiene 22 años y ha publicado varias obras, han estrenado
su trabajo en muchos teatros y además era un crítico muy experimentado.
De inmediato me sentí vieja. Un joven de 22 años, no lo podía
creer. Entré a internet y había información precisamente
sobre el éxito del estreno de su obra La voz oval en La Fiesta Nacional
de Teatro.
Leí la obra que le da título al volumen y noté que estaba
leyendo algo nuevo, que era teatro, pero también un cuento largo o
mejor dicho una novela breve. Se trata de una propuesta donde la narración
es parte del contexto dramático y los personajes están dentro,
ya no son indicados excepto por el cambio de voces, que es múltiple.
La obra versa sobre un entrenador profesional de futbol y su hijo, con el
que vive en un hotel, y la novia del padre, que es una chica apenas mayor
que el adolescente. El triángulo amoroso es perfecto, irrefutable como
un teorema. Todo tiene que ver con la idea de los tres implicados y está
aderezado con varios palíndromos, que le dan a la obra un sentido único
y original.
Al principio quise sólo escribir una reseña; pero el temperamento
del autor, edad y circunstancias me hicieron pensar más en una entrevista,
realizada por medios electrónicos.
¿Eres un escritor de teatro o más un crítico de teatro?
Sobre todo soy un error del teatro mexicano.
En una entrevista comentabas que la dramaturgia se ha rezagado como género literario, con excepción de Argentina, ¿entonces por qué escribir teatro?
Corrijo, también en Argentina se ha separado la dramaturgia del cuerpo de las letras, quizá en España es donde todavía parecen hermanastras, ojalá se divorcien pronto porque el teatro español (en castellano, no leo catalán ni euskera) huele a viejo. Lo de menos es eso, mientras haya buena literatura dramática, y buenas obras de teatro (en escena, se entiende), amén de los sinsabores canónicos de la academia y los absurdos estudios matemáticos de investigadores diletantes. Alguna nueva dramaturgia se hace en la escena, otra no: se hace con recortes de prensa, y seguramente ya hay una dramaturgia que es copia y pega de chats y conversaciones del MSN. Sólo son procesos; hay que juzgar resultados.
¿Entonces qué caso tiene escribir teatro?
Yo no he dicho que tenga sentido alguno, ni la escritura, ni el teatro, ni yo.
Pareces un poco agresivo y pesimista respecto a tu propio trabajo. ¿Por
qué?
El miedo al fracaso, te diría un psicólogo. Mi novia te diría que como soy muy pobre y por suerte alcancé el alfabetismo, pues soy algo pedante: para hacer notar ‘mi cultura’. Yo prefiero sentirme melancólico respecto a todo.
Parece una postura muy común de los jóvenes, el pesimismo, eso suena a hueca actitud ‘de vanguardia’ y a veces sólo sirve para esconder su verdadero rostro. ¿Cómo puede alguien con tanto éxito (tan joven) ser pesimista?
El éxito está en otro lado. Publicar un libro no es éxito, pregúntale a los bosques. Yo dije melancólico, porque para pesimistas aquellos que se tratan de matar y no lo logran. Conozco un caso, más o menos reciente, de un chico que saltó al vacío y para contrarrestar su pesimismo por la vida, no pudo matarse, sólo se lesionó gravemente: eso es pesimismo en estado puro.
De acuerdo; en tu último libro La voz oval, trata sobre un adolescente, y está dirigido a los jóvenes; tú mismo eres bastante joven, ¿acaso se trata de una obra en algún sentido autobiográfica?
No, desde luego que no. Ojalá. Claro está que tiene que ver conmigo, por el futbol, por el Club Pachuca y por la libreta para escribir palíndromos, pero no, mi biografía es aburrida, a nadie le interesa, comenzando por mí.
¿Para escribir hay que leer o vivir mucho, o ambas?
Leer. No hay más, Salgari y Lezama apenas se movieron de sus pueblos. También creo que para vivir mucho, verdaderamente, hay que leer, para sentir la vida intensamente.
¿Por qué escribir narraturgia? ¿Por qué esta nueva forma de escribir teatro?
No es nueva, es la más vieja, anterior al drama aristotélico: el contador de historias, el rapsoda. Soy un tipo conservador, supongo que miro siempre hacia atrás. Me gusta la tranquilidad del pasado, su quietud, silencio de templo.
¿Prefieres el silencio o la estridencia? ¿La noche o el día?
Como buen maniacodepresivo, despierto de mal humor, y sobre todas las cosas odio las mañanas frías. Hacia las siete de la mañana voy pensando en dormir, a la media noche estoy en mi mejor estado. Trabajo de madrugada.
Dices que prefieres la noche, la oscuridad, pero tu obra La voz oval y otras para niños que la acompañan en el libro son bastante conmovedoras. Sobre todo, No tocar, sobre abuso sexual dirigida a niñas. ¿Te molesta ser un dramaturgo sentimental?
Me conformo con ser dramaturgo.
¿Hacia dónde va el teatro de tu generación? Hay muchos
jóvenes haciendo cosas interesantes.
Contra mis principios, prefiero no hablar en nombre de una colectividad; o sí, diré que nos dejaron –en general en todo Iberoamerica– un teatro sin públicos, sin pedagogías, sin dinero y sin prestigio, también sin actores y directores inteligentes. Nuestra misión es darle la vuelta a todo esto, contribuir humildemente y esperar un milagro, es decir, vamos hacia el carajo.
Daniela Jofré.
Actriz y periodista.
jofredaniela@latinmail.com