
La felicidad: estado intangible enclaustrado e irredimible desde la materia
...y sí.
Por Christian Díaz
La felicidad
En recientes fechas (and beyond), se me revelaron algunos axiomas (absolutos por supuesto).
I) Desear un mundo feliz para todo ser humano es un acto de egoísmo global:
Tomemos en cuenta que los animales no necesitan nuestra miserable ayuda; ellos
ya son felices tragando, fornicando y siendo asesinados por sus depredadores ( y
si no, vean a los conejos en Animal Planet).A la mayoría de la gente no le interesa
la felicidad. La consideran un acto de autoengaño digno de pusilánimes autocompasivos.
II) La gente no quiere ser feliz, sino sentirse segura.
Tener a donde huir de sí mismo de vez en vez y ausentar del ser su conciencia; o
su conciencia de su estado. Quizá por esto el grueso de la población
desprecia el sagrado ocio, adjudicándole la maternidad de vicios cuya mera
definición sería cuestionable (los artistas por algo han estado desde hace un par
de dictaduras definidos como proscritos, también por definición). Muchos
desprecian a los que sabemos gozar y estirar los ratos de ocio hasta alcances
inimaginables que harían palidecer a cualquier hiperactivo desdeñoso.
III) Este desprecio es más bien un temor disfrazado.
Estar inactivo, a solas, es lascivo. Emerge toda la basura que yace debajo de ese
polvoriento tapete llamado moral, o escrúpulos, o buenos modales, vaya, la
fachada. El ser se cierne sobre sí mismo, magnificado por la ausencia de afrentas
que lo tengan ocupado en la actuación.
Porque es en la soledad cuando -ajajá- uno queda a solas con su respectivo y
torcido interior; el humano no ocioso teme pues, su diálogo interno, que
seguramente será en extremo infumable. ¿Será que a solas se intuye la Real
Naturaleza del Ser?
No podemos acercarnos al Sol sin el riesgo de achicharrarnos; algunos medio
lánguidos de vista no podemos siquiera mirarlo de frente. Igual con la Verdad.
IV) La Verdad, esa puta.
Su mera cercanía, el sólo intuirla violenta a todo aquel incapaz
de reconocerse
fuera del espectro de la virtud. Inasible en su totalidad. La odalisca cuya
incansable
persecución lacera a sus (nunca) captores. Hidra solamente regenteada
en un par de aristas.
V) Divide y perderás.
La felicidad parte al mundo en dos segmentos de abismal lejanía.
La freudiana pulsión de la muerte en la familia de los autoflagelados admite la
asociación incestuosa. Además de que buscamos nuestro propio mal, amparados
en que dos o más cabezas laceran mejor que una, es menester aterrizar a todo
aquél que cree que a la vida se viene solo a gozar. Es pecado mortal no arrastrar
cadenas.
VI) El mundo perfecto sólo lo es si está debidamente seccionado.
Es el único Edén factible aquel que esté dividido en al menos dos
hemisferios posibles: el de los que quieren ser felices (o ya lo sean) y el de
aquellos que desprecian a los del otro hemisferio por aferrarse a un engaño.
Claro, como no hay una sola manera de sufrir o engañar, habría que hacer la
pertinente contextualizacion por estado, provincia, municipio, comuna, baldío
y/o jacal de un modo particular de flagelarse el alma, ó de autoengañarse, claro.
¿Qué personaje famoso estaría en cada hemisferio?
¿De qué lado habría vivido Nieztsche y de cual se le aclamaría? ¿o Wilde? ¿o
Henry Miller?
VII) De murallas y pretextos
La imaginación humana es infinita; dijo por ahí un vivillo que
también la estupidez humana; del híbrido de esta pareja emerge
otro engendro inacabable: los pretextos para la infelicidad.
Otro vivillo intuyó que fue por falta de valor que nos escudamos en estos, pero
hay un gran Ostentoso de la Cima de los Millones de los pretextos (¿o afrentas?)
para no ser feliz con toda comodidad:
El Estado Material Condicionante, en su estado más
asible, visible y diverso: dícese
de toda aquella limitación, ubicación o condición que
contravenga lo que
concebimos como paradigma o salvoconducto para la fluidez del desarrollo del
ser pleno (qué bonito es lo bonito).
Así pues, es casi inaccesible el estar por encima
del Estado, por el hecho de tener conciencia de que cada
cual vale por su talento y lo que le valga madre.
Conclusión:
La Verdad es una herramienta, o arma de múltiples filos, muchos de los cuales
apuntan hacia uno mismo si no se le empuña del lado correcto; esto
condicionado por la conciencia; por tanto, tenemos cuatro vectores sumamente
azarosos que deben apuntar en una sola dirección para que no se nos lleve
directo y sin escalas al hemisferio de la dicha.
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DATOS DEL AUTOR:
Christian Díaz (Guadalajara, Jalisco, 27 años).-
Estudiante de Ingeniería.
Colaborador y parte del
consejo editorial en http://civilmotion.org.
Ha participado en
http://andante26.com
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