
UNA CLASE DE LITERATURA
A Doña Maggy
A Élmer Mendoza
El Europeo llega con su habitual sonrisa y en las manos un té helado,
al que de cuando en cuando da un sorbo. Hoy contará a sus alumnos las
peripecias de Flaubert para crear su gran obra, Madame Bovary. Pero, antes
de eso, pide a La Conciliadora abrir el baile, es decir, iniciar con los comentarios
respectivos, ya que realizará su trabajo final sobre la misma.
Obsesión quiere meter su cuchara; sin embargo, respeta el turno de
su compañera. Ésta confiesa que Emma le pareció una mujer
bastante egoísta, sólo preocupada por su bienestar y placer,
opinión que todos comparten, excepto Belleza Felina, quien sostiene
que la susodicha Madame es víctima e incluso la justifica en nombre
del amor. Lo único que gana es que le contesten que Emma es una vieja
loca, convenenciera y que mejor hubiese dejado a Charles si era tan papanatas
como se describe en la historia.
Este último punto es defendido con vehemencia por La Hechicera, quien
no concibe tanta estupidez en una mujer.
Mermeladov brilla por su ausencia y con ella deja un gran vacío. Como
puede haberse quedado filosofando sobre cuál es el mejor método
para descular hormigas, puede estar haciendo tareas a contrarreloj o terminando
un poemario insólito, gozoso o desconcertante, según el caso,
para quienes han escuchado algunos de los textos.
Por su parte, El Artista tampoco aparece, de seguro por andar en la farándula.
La discusión continúa; los alumnos reflexionan sobre el adulterio
y reprueban el comportamiento de la protagonista, por considerarlo imbécil,
mientras Belleza Felina defiende con dientes y garras lo opuesto.
La Hechicera a Belleza Felina: Vas contra la corriente, y a ésta se
le engrifan más los chinos al ver que nadie la apoya.
El Europeo interviene como réferi.
Obsesión, obsesionada con el sexo, alega que Emma debería haber
puesto a Charles a leer el Kama Sutra pero, en vez de eso, cayó en
la tentación de que tanto su clítoris como su punto G fuesen
descubiertos y estimulados por sus amantes (uno por uno, se entiende).
La Mona Lisa piensa de un modo radicalmente distinto al de Belleza Felina,
y así lo expresa.
La Cruz del Diablo afirma, como lo han hecho la Mona Lisa y El Multifacético,
que le gustaron muchísimo las descripciones presentes en el texto;
al inocente Viernes no le dan chance de externar su punto de vista, es por
ello que Obsesión pide la palabra en su nombre, la que luego de un
rato le es concedida y, poco después, arrebatada.
Viernes considera que la Bovary creyó en las novelitas seudoliterarias
como en un artículo de fe, y quiso encarnar en heroína de una
de ellas, lo cual logró, pese al suicidio con que da fin a sus días.
El Europeo, al ver que ya intervino todo el grupo (salvo El Gótico,
quien escribe un poema con todo y su autorretrato crucificado) cuenta su entusiasmo
al leer la novela de una autora judía, donde se describe un triángulo
amoroso, hecho que le sorprende, puesto que siempre ha considerado a dicha
sociedad como muy conservadora.
De ahí pregunta al grupo, en su mayoría, jóvenes pertenecientes
al sexo femenino, cómo ligan.
Nadie suelta prenda, ni siquiera Obsesión, femme fatale en ciernes;
más que nada, por temor a derrumbar el buen concepto que La Conciliadora
tiene de ella.
Lo que sí hace es compartir la anécdota de cuando le llegaron
en el Rodeo.
El Europeo, emocionado: ¿y le dijiste que sí?
Profe, si me hubiera gustado, yo le hubiera llegado a él.
Risas generales.
Belleza Felina insiste en la gran necesidad de ternura de Emma, y la obsesiva
Obsesión: Se hubiera puesto a lavar la loza, para evitar pensar en
eso…
Es que no era ese tipo de mujer, contraataca Belleza Felina…
¿Y quién la va a sacar de ahí?
La clase sigue adelante; El Europeo hace carcajearse a su pequeño auditorio,
gracias a lo inesperado de sus anécdotas.
Luego les recuerda las fechas y condiciones para la entrega de ensayos; Obsesión,
ávida lectora y feroz redactora, le entrega 3 o 4 textos, incluido
el efectivo, así como una carta donde le expresa el gran cariño
que le inspira. El Europeo la lee a hurtadillas y agradece, humilde, el detalle,
después da un vistazo a las biografías de los autores pendientes,
eso no libra a los alumnos de cumplir con sus obligaciones.
Justo cuando falta un cuarto de hora para salir, llega El Artista, de quien
se esperaba: “Yo soy Madame Bovary”, dada su eterna búsqueda,
o algo similar, de lo cual se abstiene.
Como es, al mismo tiempo, la última clase en general y del semestre
en particular, todos se despiden entre sí.
La Hechicera y Obsesión, que se han vuelto buenas amigas, permanecen
un rato más en el aula, pues esta última necesita preguntarle
al maestro su punto de vista acerca del cuento que le envió; mientras
tanto, la primera teje cual Penélope una cobijita para bebé.
La Hechicera logró cautivar al Europeo durante el semestre, por mostrarse
muy atenta y participativa; incluso la nombra "la revelación del
semestre".
Ella disfruta infinitamente al escuchar sus palabras; sólo deplora
que la Mona Lisa y La Cruz del Diablo, quienes desdeñaron su amistad,
no escuchen tan hermosa distinción, máxime que viene de quien
viene.
Obsesión ofrece al Europeo material de una revista, que podría
servirle para su próxima novela, y se compromete a enviárselo.
La Hechicera y Obsesión se van realizadas del aula (de hecho, se sienten
como pavorreales), al comprobar una vez más cuán grande es el
alma del Europeo.
ELENA MÉNDEZ
DATOS DE LA AUTORA:
Elena Méndez.- (Culiacán, Sinaloa, México, 1981). Licenciada
en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma
de Sinaloa. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos
María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escribe cuento.
Ha publicado parte de su material en la revista TEXTOS, de su Universidad
(no. 14, abril/julio 2004) y en la páginas literarias www.aviondepapel.com
y www.letras.s5.com.
correo electrónico: obsesion81@hotmail.com
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