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Una nada almohada que rehuye la cabeza
Una nada mantel sobre una mesa de nada
Una nada polen por el aire de la nada
Una nada almeja abandonada sobre una playa no de arena, de nada
Una nada reducida a pasta de nada, a polvo de nada
Una nada resbalosa, huidiza
Una nada tinta sobre un papel de nada
Nada lo que yace o apunta, lo que se filtra y siempre es anterior o tardío
Una nada escombro, una nada borrón e imposibilidad de raíz o boca
Nada se ve y si se viera sería la misma cosa
Una nada que no es pasto ni luna ni puerta
Una nada embrión y fósil
¿Respira? ¿Quién fabrica un violín y quién sangra?
¿Y esos ojos de roedores, que acechan?
Nada que se sumerge y emerge y es la misma nada
Nada que raspa, rasga, rasguña, lastima
Nada que destruye la apoyatura
Nada llena de ojos y ciega, sin pie, sin contorno ni figura
Nada toda nada, mojada de aguarrás de nada
Nada que se bebe y no es bebible, que se come y no es comestible
Muerte que viene adentro de una bolsa de harina vacía

Nadie es capaz de transformarla en capa, en frazada



Pero no es eso
ni aquello,
no es eco, no es sombra,
no es papel, no es lanza,
no es esmalte, tampoco
sudor, lacre, bauxita, alondra.
Podría girar pero no gira.
Podría hablar, decir algo,
pero no lo hace.
¿Es lo que cuelga de un hilo?
¿Es lo que ensucia el agua del balde?
¿Es el extremo de la soga,
el borde del día y de la noche,
el filo del metal de la campana,
el hollín por lo dorado de la brisa?
¿Se ahuma, se tatúa,
rocía, dicta, hurga, tamiza?
¿Y si de pronto rumiara,
tuviera un dolor, una mancha?
¿Dónde quedan su pezón,
su aguja, su caja?


Debiera ser un liquen.
Pero de este liquen
no se obtiene tinte ni tornasol
ni alimento para el ganado.
Pero este liquen no cura,
no es emoliente ni pectoral.
Además, esto no es Islandia:
no hay viento arriba
y abajo no hay fuego.

Diciembre 7, 2005.

¿En qué creer?
- le pregunté-
¿ En alguna palabra ingeniosa?
¿ En la hierba que nace de la tierra seca?
¿ En la boca que besa una espalda
a la que a su vez besa otra boca?
¿ En una bolsa llena de fango?
¿ En el musgo?
¿ En la humedad en el muro?
¿En cuanto creímos hasta ayer,
que ahora se quiebra, se deshace?

I

A través de los restos de un cometa
muerto. El agua sin sed
y el pan sin apetito, y quien
escribe es el viento,
el mismo que echa abajo ventanas y puertas.
Durará días, noches.
Puede decirse, sin error,
que para siempre. Siempre
podría ser el juego de un niño,
su peonza y su esfera. Y
también la pregunta,
qué hay detrás del muro,
al fondo del océano.
Puede decirse que es un animal,
atado con soga
en la tormenta, aúlla,
ladra, bala, da coces
contra el aguijón, muerde.
Todo cuanto cae, fosforece.
Y luego, casi enseguida, se apaga.
¿Y yo, que nací
del revés, azul,
sin aire? Eterna madrugada
de máscaras,
enanos ataviados de dioses,
bailarinas con el misterio
debajo de sus vestidos. Yo,
entonces, no sabía
de ese hueco,
tan cálido como oscuro.
Ahora, ¿lo sé?




Carlos Barbarito
Pergamino, Argentina, 1955). Publicó quince libros de poesía y dos de ensayo y crítica de artes plásticas. Su obra poética y ensayística está traducida, en parte, al inglés, francés, italiano, portugués y holandés. Fue incluido en antologías y volúmenes colectivos editados en su país, España, Francia y Estados Unidos. Obtuvo, entre otros premios: Premio Fundación Alejandro González Gattone, Premio Fondo Nacional de las Artes, Premio Dodero de la Fundación Argentina para la Poesía, Premio Bienal de Crítica de Arte Jorge Feinsilber, Premio César Tiempo, Premio Raúl Gustavo Aguirre de SADE, Menciones de Honor Leopoldo Marechal y Carlos Alberto Débole, Gran Premio Libertad, Premio Francisco López Merino, Premio Hespérides, Premio Iparragirre Saria y Mención Plural de México. Finalista Premio Internacional Desiderio Macías Silva, México.

 

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