
ESTADO MODERNO: DE LA ELIMINACIÓN DE LO COMÚN A LA INDIVIDUALIZACIÓN
Por Fabián Octavio Camacho Arredondo
I.- INTRODUCCIÓN
El presente trabajo se realiza con la finalidad de analizar los cambios sociales que han permeado las dinámicas políticas de la institución política denominada Estado. Es decir, se da cuenta de las repercusiones históricas que han influido en las relaciones sociales y que a su vez generan nuevas exigencias al Estado, para así seguir ostentando el monopolio legítimo de la violencia. La intención es nombrar las consecuencias de éste reacomodo en la manera de preservar el poder por parte del Estado. Porque, sin lugar a dudas, el cambio de relaciones sociales determina la formación de los individuos y el actuar de los mismos.
Como primera parte del trabajo, se limita al Estado moderno a partir de las peculiaridades en una fase de globalidad y de imperialismo en el mundo. Por globalidad se entiende la ruptura de límites lingüísticos a partir de los sucesos que rompen fronteras lingüísticas, nacionales, ideológicas, etc., y que derivan muchas veces en una resignificación hueca, que a su vez ocasiona el vaciamiento de significado. Por otra parte, imperialismo es la internacionalización de la economía, la política, la cultura y de las ideologías; lo cual genera una conmixtión de culturas determinadas por la ideología predominante. En términos reales; a propósito de la globalización y del imperialismo, la manera en que se hace política, de intercambiar mercancías y de comunicarnos se está homologando.
En la segunda parte se desarrollan las formas de dominación que a causa de los nuevos hechos sociales deben tender al reacomodo y a la utilización de controladores sociales de vanguardia. Una de las herramientas que el poder ha utilizado para preservar el control ha sido los medios de comunicación. Esto debido al auge tecnológico y a la posibilidad de estar al alcance de la mayoría de la población. De esta manera, los llamados mass-media, han determinado de cierta manera el actuar de la sociedad; por lo que en un tercer apartado se habla de una sociedad de la comunicación.
Como última parte del trabajo, se describe el conflicto derivado de la lógica del sistema, la cual tiende a desaparecer lo común y a preservar al individuo; no como la visión renacentista del individuo capaz de desarrollar sus capacidades, sino el individuo capaz de acceder a las mercancías y la cultura del consumismo. De esta manera, el Estado moderno tiende a desaparecer lo común y a generar un distanciamiento al grado de fracturar las relaciones sociales a su mínima expresión.
Es así como se pretende hacer análisis del Estado de hoy, de una sociedad moderna que tiende al consumismo, de una modernidad que tiende a la homologación. El presente ensayo se presenta como una crítica hacia esa sociedad moderna, hacia la sociedad del progreso y de los estereotipos. Es un análisis postmoderno desde la perspectiva crítica de la llegada tardía de una modernidad tan mentada.
II.- EL ESTADO MODERNO
El Estado Moderno se encuentra inmerso en dos procesos: uno es la globalización y otro la internacionalización. Los dos responden a la lógica e ideología hegemónica y buscan la continuidad y preservación del sistema o status quo. A final de cuentas, son etapas del capitalismo que de manera innata siempre ha pretendido la ruptura de fronteras para su desarrollo y libre tránsito (del capital) por todo el planeta. Distinguir entre lo global y lo internacional como ideas poder, depende de entender a la globalización como la ruptura de fronteras lingüísticas y de un vaciamiento de significado en esta etapa moderna; mientras que la internacionalización se explica a partir de la noción de homogeneizar las prácticas políticas, económicas y culturales. A final de cuentas hay un punto donde convergen estas dos nociones y se da como una herramienta más de control social de la que se hablará más adelante.
Regresando al Estado Moderno, este se da de manera histórica, después que el Estado de bienestar. El primero nace con el objetivo de desplazar la concepción canónica del Estado de bienestar. Lo anterior se debe a que el segundo generó dos competentes que se contraponen con la lógica del sistema la cual busca la eficiencia y la optimización de recursos en un contexto determinado por la ley natural, el más capacitado es el que sobrevive. Estos dos componentes consistían en que el Estado de bienestar estaba obligado a suministrar asistencia y apoyo, y por otro lado reconocía a los sindicatos. Lo cual ya no es funcional; en su tiempo lo fue como intento de superación de las contradicciones y luchas sociales propias del capitalismo, pero ahora el Estado Moderno tiende a desaparecer esa lógica de administrar el poder.
Por otra parte, la globalización es un fenómeno que ha roto barreras entre lo interno/externo, ahora lo externo se hizo interno y lo interno se potencializó. Esto determina el desarrollo estatal, el cual se da a partir de un conflicto nacional y global; es decir, las fronteras se han roto y es hoy cuando las relaciones internacionales entran en la agenda nacional de cualquier gobierno, y tienen importancia como cualquier rubro nacional.
Vivimos en tiempos caracterizados por fragmentación; en donde se generan fuerzas sociales centrífugas y creación de identidades locales y particulares, que son el reverso de la integración y uniformación del mundo en el plano global. Unidad y diversidad diferenciada son los términos que construyen la paradoja de la globalidad regionalizadora.
Hoy todo se mezcla: espacio y tiempo se comprimen, por ejemplo. En la globalidad, la simultaneidad es esencialmente la modalidad temporal dominante. Las decisiones y las actividades que se producen en una parte del mundo, tienen un efecto casi simultáneo y significativo sobre individuos y comunidades situadas en partes muy distantes del mismo. Las telecomunicaciones han eliminado al tiempo y al espacio, ya que con un clic uno se sitúa en Italia, Japón o Sudáfrica eliminando también al tiempo y la distancia. Siendo, así se genera una ilusión digna de otra discusión y de otro ensayo con relación a la posible ontología del individuo moderno, ¿un individuo que ha dejado de estar (tiempo-espacio) y que ha empezado a ser (rompe con el tiempo y con el espacio)?
La cultura global “ha resignificado al presente, frente al pasado y el futuro, como la temporalidad omnipresente: el aquí y el ahora son las coordenadas de la conducta social y política que le dan valor a la actividad individual y a la acción colectiva.” Esto ha generado una resignificación de los hechos contemporáneos, lo cual genera una perdida de visibilidad causal en el diseño de políticas y conductas previsibles; por lo cual la confusión y la indeterminación predominan en el Estado Moderno. De tal suerte que se ha designado a esta perspectiva azarosa como el azar global.
Como consecuencia de lo anterior y de la velocidad de los cambios sociales, se da un desfase en el uso de las palabras y en el contenido analítico de las categorías para nombrar al nuevo estado de cosas. “El proceso de asimilación cultural del contenido de las categorías que nombran los nuevos fenómenos, tiene una temporalidad directamente vinculada con el manejo ideológico y con las necesidades técnicas y los intereses particulares de los actores en la interacción social.” Es decir, la asimilación de los nuevos fenómenos y la construcción de conceptos que los nombren están determinadas por el manejo de la ideología dominante. Aclarado lo anterior, el discurso que se genera en la mayoría de los casos es hueco debido a que se ha perdido el referente contextual del pasado y su significación histórica. Sin embargo, estos nuevos conceptos se asientan en el imaginario colectivo modificando.
El discurso está hoy impregnado de la condición de fugacidad dada por el peso de la cultura de mercado. La eficiencia del mensaje está en su condición de ser impactante, compacto y directo; lo cual a su vez genera un vaciado de significado, el cual es funcional para el sistema en el sentido de descomplejizar al lenguaje. Al respecto, Marcuse señala: “Lo que hacen la política y sus proveedores de formación de masas promueven sistemáticamente el pensamiento unidimensional. Su universo del discurso está poblado de hipótesis que se autovalidan y que, repetidas incesante y monopolísticamente, se tornan en definiciones hipnóticas o dictados.” Se cae en la eliminación del diálogo y en la simplicidad del discurso, él como se dijo, carece de la posibilidad de réplica, lo cual genera la reproducción de monólogos, y a la larga la homogeneización del discurso y de la reflexión.
La situación de pertenencia a una cultura planetaria plantea cuestiones en donde lo global no significa el fin de las diferencias culturales, sino el manejo instrumental y la manipulación racionalizada de la dialéctica entre lo global y lo local, desde el ámbito político-ideológico hasta la manipulación en la imagen global de los territorios étnicos. De ahí se explica por qué el sistema político vuelve a poner en juego al mito: “el nacionalismo, la superioridad de la raza, el espíritu del pueblo y la comunidad de la sangre, especialmente en los países con fuerte estratificación social y con tradiciones culturales más o menos arcaicas pero profundamente arraigadas.”
Se ha dado como consecuencia del discurso regional y democrático una promoción a la apertura y a la participación social ampliada y diferenciada, de carácter individual y ciudadanizada, cuyo objetivo es la desmasificación de las clientelas cautivas de corte corporativo, propias de los estados nacionales consolidados en la etapa del Estado de bienestar. De esta forma se denotan los intereses de parcelar lo común y de las nuevas técnicas empleadas para preservar al Estado; técnicas que se detallarán en el capitulo siguiente.
III.- NUEVAS FORMAS DE DOMINACIÓN
El Estado, siguiendo a Holloway, es una forma que torna rígidas las relaciones sociales. Más en concreto, es el proceso mediante el cual se forman estas relaciones sociales, por lo que el Estado esta en constante autoconstrucción a partir de las necesidades cambiantes que exigen orden y una actividad coercitiva por parte de éste. Gramsci dice: “el Estado, en cuanto es la misma sociedad ordenada, es soberano. No puede tener límites jurídicos; no puede tener límites en los derechos públicos subjetivos, no puede decirse que se autolimita. El derecho positivo no puede ser límite del Estado ya que puede ser modificado en cualquier momento por el Estado mismo en nombre de nuevas exigencias sociales.” Esto responde a las posibilidades de cambio del Estado a partir de las exigencias sociales, y en búsqueda siempre del orden; por lo que si la sociedad cambia, el Estado también lo hace así como sus formas de coerción y control.
En el Estado moderno, los derechos y libertades que fueron factores vitales en los orígenes y etapas tempranas de la sociedad capitalista, se debilitan en una etapa más alta de esta sociedad. De alguna manera, estos derechos y libertades han sido estandarte de revoluciones y luchas que han determinado el pensamiento y el actuar político de nuestros días. Sin embargo, son hoy cuando han tomado un curso de dominación, los derechos que como individuo se tienen son también arma coactiva y represora del Estado. La libertad ha quedado en una simple ilusión, aunque se sigue utilizando como consecuencia del vaciamiento de significado.
El individuo tendría libertad para ejercer la autonomía sobre una vida que sería suya si el aparato de dominación (el Estado) no dirigiera la satisfacción de las necesidades vitales; lo cual impide la autonomía individual. “El aparato impone sus exigencias económicas y políticas para expansión y defensa sobre el tiempo de trabajo y el tiempo libre, sobre la cultura material e intelectual. En virtud de la manera en que ha organizado su base tecnológica (racionalidad tecnológica), la sociedad industrial contemporánea tiende a ser totalitaria.” Por que no sólo es totalitaria una coordinación política terrorista de la sociedad, sino también una coordinación técnico-económica que opera a través de la manipulación de las necesidades por intereses creados; por lo que la guerra contra la liberación por parte del Estado (totalitario) es la creación de necesidades falsas. “Se puede distinguir entre necesidades verdaderas y falsas: Falsas son aquellas que intereses sociales particulares imponen al individuo para su represión: las necesidades que perpetúan el esfuerzo, la agresividad, la miseria y la injusticia.”
Bajo el gobierno de una totalidad represiva, la libertad se puede convertir en un poderoso instrumento de dominación; de una dominación que parte del discurso vacío y engañoso que se vierte en el individuo generando en él ignorancia y deseos mediatos. Este tipo de controles sociales exigen la abrumadora necesidad de producir y consumir el despilfarro; “la necesidad de un trabajo embrutecedor cuando ha dejado de ser una verdadera necesidad; la necesidad de modos de descanso que alivianan y prolongan ese embrutecimiento; la necesidad de mantener libertades engañosas tales como la libre competencia a precios políticos, una prensa libre que se autocensura, una elección libre entre marcas. Escoger libremente entre una amplia variedad de bienes y servicios no significa libertad, si estos bienes y servicios sostienen controles sociales sobre una vida de esfuerzo y de temor, esto es, si sostienen la alienación.” . Ahora la libertad se da en el sentido de elegir entre una cosa y otra, entre votar por un candidato u otro, entre decir si o decir no; eso es la libertad para nosotros, una libertad que ha perdido su significado idealista y que el sistema ha absorbido y ha asimilado haciendo de esta una idea sistémica y de dominación.
La gente se reconoce ahora en sus mercancías, el mecanismo que une al individuo a su sociedad ha cambiado y el control social se ha incrustado en las nuevas necesidades que ha producido. Las formas predominantes de control social son tecnologías en el nuevo sentido de garantizar la automatización de la satisfacción de necesidades vitales. De esta manera la dominación se extiende y absorbe todas las alternativas. La racionalidad tecnológica revela su carácter político a medida que se convierte en el gran vehículo de una dominación mas acabada.
Parece ser que hoy más que nunca y debido a lo azaroso e impredecible del tiempo y a la omnipresencia del hoy, que las ideologías han desaparecido. Este parece ser un discurso muy seductor que se contrapone a una sociedad utilitaria y practica, sin embargo, como uno de los logros del progreso, la falsa conciencia se ha convertido en la verdadera conciencia; esta absorción de la ideología por la realidad no significa el fin de la ideología misma. Por el contrario, la sociedad industrial neoliberal es más ideológica que sociedades capitalistas anteriores, en tanto que la ideología se encuentra hoy en el propio proceso de producción. Es por eso que la razón teórica y práctica, la academia y la ciencia si vinculan en plano común, el del Estado moderno que convierte al progreso científico técnico, en un instrumento de dominación.
La metamorfosis del poder se da pues con la innovación tecnológica, la extensión de los mass-media o el surgimiento de la cibernética universal y la creación de una ideología consumista como cemento social, representan transformaciones reales de las articulaciones del proceso de producción y reproducción de los instrumentos de domino y de control social, de las figuras de trabajo y de sus formas de socialización.
IV.- LA SOCIEDAD DE LA COMUNICACIÓN
La sociedad contemporánea se desarrolla como parte de un proceso de modernización que consiste en la eliminación definitiva del problema de lo natural y la resolución de toda polaridad entre artificio y naturaleza en la autosuficiencia y la circularidad de la artificialidad. Consiste en la reducción del mundo de la naturaleza de la vida, de la experiencia individual y social, al único mundo considerado en adelante posible: el mundo artificial. La modernización se presenta así como el acabamiento de la modernidad; por lo cual la tendencia es a habitar exclusivamente el mundo del artificio, el mundo que es producto de la técnica. “La modernización es entonces la tentativa extrema de una nueva neutralización: el control sistemático de la contingencia, donde tiene lugar la vida material y práctica de los individuos concretos. La esterilización de la comunicación social por obra de los nuevos mediadores de la homologación y de la indiferencia recíproca es la estrategia para desactivar la criticidad de lo moderno.” Ante este panorama es como se presenta la sociedad que pretende a la comunicación como herramienta de control social y homogeneizador en un sistema sin fronteras, sin conceptos claros, y donde lo la asimilación de las disfuncionalidades generan su continuidad.
La desaparición de las fronteras temporales generan un fenómeno de simultaneidad mundial, de flujos de información que se ha generalizado en todos los sectores de la actividad social y ha producido una revolución tecnológica que significo la transformación radical de la producción, el trabajo, la educación, el tiempo libre, las actividades privadas y, en el extremo, hasta de las relaciones personales de todos aquellos que están incluidos en la gran red de información llamado internet. Este gran flujo de información atraviesa espacios tradicionales destruyéndolos y anula las distancias temporales con una inaudita aceleración del tiempo.
Hoy en día, la comunicación se nos presenta como condición y sentido de la acción social. La idea de comunicación se vuelve ideología, referente identitario que ha sido elevado a la condición de eje ordenador de la interacción de los individuos. “Hoy, la comunicación crea una nueva identidad e iguala a los individuos que entran en contacto por medio de ella.”
Además, los mass-media (diarios, radio, televisión, o en general eso que hoy se llama telemática) han sido determinantes para producir la disolución de los puntos de vista centrales, lo cual suscita una homologación general de la sociedad, En este sentido son un reductor de complejidad de las diferencias a un común denominador; un canalizador que define modalidades, condiciones (espacio, tiempo, etc.) de aparición de las diversas imágenes dentro de los límites de tolerancia del sistema; “permitiendo incluso la formación de dictaduras y gobiernos totalitarios capaces de ejercer, como el Gran Hermano de Orwell, un control capilar sobre los ciudadanos, por medio de la distribución de slogans, propaganda (política y comercial) y visiones del mundo estereotipadas.”
Como consecuencia de ésta nueva función de los medios de comunicación, se han debilitado los controles sociales y culturales establecidos por los Estados, las iglesias, las familias o las escuelas. Es un fenómeno de transgresión de los supuestos axiológicos de las tradiciones nacionales, el cual ha producido un fenómeno de aceptación de las conductas sociales en las que las fronteras edificadas por las culturas nacionales, entre lo normal y lo patológico, lo permitido y lo prohibido, han perdido la claridad de sus contornos. De tal suerte, la claridad conceptual no esta clara, y el vaciamiento de significado es inmanente en esta sociedad moderna. Es así como también se fundamenta el actuar del individuo de manera hedonista, donde los limites de lo permitido y de lo prohibido no están claros, donde lo bueno y lo malo como principios axiológicos han quedado en la ambigüedad; lo único claro es el estado de derecho el cual esta a disposición y bajo el control del Estado, y éste de cómo siempre tiene las herramientas que posibilitan la preservación de su dominio.
Por otra parte, cuanto más se expande el sistema de las relaciones funcionales informatizadas, más se ven obligadas la lógica y la forma de producción (costos, precios, salarios, retribuciones, etc.) a ocupar los ámbitos de vida confinados tradicionalmente a las relaciones de grupo, a la solidaridad y a la amistad: todas las actividades han de asumir la forma de trabajo contabilizable y computable, y todas las necesidades, la forma de demanda mercantil; en un mercado planetario nada tiene ya un lugar y un tiempo determinado.
Como efecto de la modernidad se da también lo que se llama política espectáculo, la cual impide a los ciudadanos conocer claramente los problemas decisivos de la vida colectiva y disponer de los elementos para formarse sobre ellos una opinión no contradictoria. “El presidencialismo y la democracia plebiscitaria son en realidad, una forma posible de modernización impuesta por la revolución tecnológica” La espectacularización de la política es la forma de la desestructuración de toda idea de comunidad, a partir de la concepción de la autorrepresentación social, de todo intento de determinación de los contenidos y de las identidades que definen vinculaciones sociales y opciones alternativas y valiosas sobre los problemas de la vida colectiva. Es decir, mientras el desinterés y la desilusión influyan en la visión que los ciudadanos tienen de la política, se pierden los vínculos de representatividad (o autorrepresentatividad en términos democráticos) a partir de la desmasificación de la política, lo cual genera la destrucción de la idea de comunidad política.
La lógica de la modernidad ha provocado el aumento del control monopolista de la información y el vaciamiento de toda autonomía de los poderes democráticos (gobierno municipal, estatal o federal). La comunicación y el manejo de los medios de comunicación son otra herramienta de vanguardia utilizada para el dominio estatal, ya que distorsiona el diálogo y destruye cualquier posibilidad de critica y reflexión; generando únicamente estereotipos a seguir y homologando el lenguaje y el actuar. “La enajenación, si es que aún guarda sentido esa palabra manoseada, no es únicamente consecuencia de los sistemas sociales, sean estos capitalistas o socialistas, sino de la índole misma de la técnica: los nuevos medios de comunicación acentúan, fortalecen la incomunicación. Deforman a los interlocutores: magnifican a la autoridad, la vuelven inaccesible –una divinidad que habla, pero no escucha- y así nos roban el derecho y el placer de la replica. Suprimen el dialogo.”
V.- INDIVIDUO Y COMUNIDAD
Por comunidad entendemos “a una relación social cuando y en la medida en que la actitud en la acción social –en el caso particular, por término medio o en el puro- se inspira en el sentimiento subjetivo (afectivo o tradicional) de los participes de construir un todo.” La visión neoliberal del Estado y sus funciones en la sociedad, supone una concepción individualista de la autorregulación social, una ruptura de la solidaridad orgánica y una desintegración de los elementos constitutivos de la cohesión social; una destrucción de lo común, es decir, de la comunidad.
Esta visión estatal es nueva, ya que todavía en el siglo pasado la ciudad ha sido aún la ciudad del obrero, de la burguesía y la ciudad de los profesionistas y de los burócratas: la estratificación se expresaba principalmente por las formas de comunicación. Sin embargo, como producto del Estado de bienestar, la polarización social se desquebraja dando surgimiento a una amplia clase media; desvirtuando así la división de clases desde la perspectiva marxista (burgueses – proletarios). Se genera entonces la intensificación de la división del trabajo lo cual se traduce en “la extensión del sistema de las relaciones funcionales en el proceso productivo, el cual, empobrece el sistema de producción de sentido ligado a la comunicación social, a los vínculos de pertenencia, al morar y al estar juntos para algún objetivo común, etc.”
La modernidad tiende a referirse a sí misma y a designar como contenido suyo su propia producción de funciones y significados; es decir, designa sus propios recursos y motivos del obrar individual y colectivo. Desintegra los significados que se refieren al pasado y los que se visualizan al futuro debido a la temporalidad de la modernidad: el hoy. El momento es lo que da significado, los lugares tradicionales dejan de serlo y se vuelven importantes en el momento en el que se les da sentido. “La ciudad postmoderna es el punto de llegada del individuo finalmente libre de todo vínculo o condicionamiento ideológico: justamente, del individuo sin metas u objetivos.” Al individuo postmoderno le importa el movimiento (el hoy y ahora) y no el resultado (mañana).
La ciudad postmoderna no es solamente un espacio indeterminado: es un sistema, un conjunto de estructuras conformadas por la función de dar respuestas a los diversos problemas que surgen en el ambiente social, unificadas en torno a la función general de dar estabilidad y orden. El mundo ha invadido la ciudad y la ciudad ha invadido el mundo, y todo parece reductible al sistema general de las relaciones funcionales que paradójicamente realiza el máximo de movimiento y el máximo de quietud: se podrá trabajar y consumir quedándose en casa, y ello podrá acaecer en cualquier lugar, porque aparentemente no hay ninguna conexión entre habitar y trabajar. La finitud del espacio y del tiempo urbano se ha dilatado en un espacio ilimitado en el que cualquier punto es equivale a cualquier otro, y el tiempo se ha vuelto simultáneo en la contextualidad de la presencia informática.
En la modernidad desaparecen aquellos símbolos que hemos proyectado hasta en la forma de la ciudad: en la cúpula de una iglesia antigua y en la torre de un municipio medieval, o en las viejas pirámides egipcias y en los misteriosos monumentos mayas. El proceso de modernización consta de la acción de individualización; contraria a la corriente de individualidad. Distinguiendo, individualidad derivada de la opinión europea general que la época del renacimiento italiano creo es: “el desprendimiento interno y externo por parte del individuo particular de las formas comunitarias de la Edad Media que habían ligado su configuración vital, funciones y rasgos esenciales en unidades niveladoras; con esto habían hecho desvanecerse en cierto modo los contornos de la persona y habían refrenado el desarrollo de la libertad personal, la unicidad que descansa sobre sí, la autorresponsabilidad.” La individualidad se ha dejado de un lado y se ha pasado a un proceso de individualización el cual consta de distinguir al individuo descontextualizado de la masa, de la comunidad. La individualización designa al individuo libre de ideologías e identidades, y le asignan únicamente intereses de los que difícilmente se produce lo común. Es decir, la individualización toma al individuo como un sujeto histórico (del momento) pero sin historia. Es el paso para la destrucción de la comunidad; del todo para todos.
La modernidad pues, esta determinada por la confusión y la indeterminación; factores que dan forma a un estilo de vida y que a su vez destruyen toda articulación posible de identidad y de la diferencia. No sólo elimina a la comunidad; también se niega la promesa de una vida individual más rica.
VI.- CONCLUSIÓN
El Estado moderno desarrolla herramientas de dominación acordes a la realidad social. Ha sido la transición del Estado y de la sociedad hacia una globalidad y una internacionalización del capital, las que a través de su transformación de la empresa, de la intromisión de los mass-media, cuando se ha producido el cambio a la ciudad del consumo, de la ciudad electrónica y telemática.
El discurso, la creación y dominación de necesidades, la tecnología y el progreso (ciencia e ideas poder) y las comunicaciones han determinado las nuevas herramientas de dominación. Herramientas que en un contexto de modernización pretenden la disociación de la sociedad orgánica; es decir, de la comunidad. La modernidad tiende a generar un hábitat artificial que responde a la lógica del mercado donde los vestigios del Estado benefactor no son funcionales. La destrucción de lo común se está dando a partir de la manipulación de la misma comunicación y de las formas de interacción social.
La transformación se debe dar entonces en esos modos de relacionarse; de comunicarse con el otro; de generar el diálogo con el otro. “La comunicación con el otro, como base necesaria para confirmación de mi identidad, puede abrir la puerta a una forma distinta de estar juntos.” A partir del conocimiento que tenga del otro es como me reconozco a mí mismo, no a partir del individuo que soy, sino a partir de la identidad que cargo, de la ideología que tengo; diferenciando al otro determino mi personalidad y me distingo dentro de una comunidad.
El principio sería entonces respetar a los otros y cambiar uno mismo. “Reconocer en el otro a un ser humano y reconocernos a nosotros mismos no en la semejanza sino en la diferencia.” De cualquier manera, el conflicto se da también en la manera de nombrar a los nuevos fenómenos sociales. Definir la relación nueva entre lo finito y lo infinito, entre límite e ilimitado, entre mesura y exceso es el ejercicio que dará significancia de acuerdo al contexto (tiempo-espacio). El conflicto es regresar las fronteras al lenguaje, y solo así regresar la identidad, las ideologías; el pasado y el presente.
BIBLIOGRAFIA
POZAS Horcaditas, Ricardo, La modernidad desbordada, EN: BASAVE, Jorge et. al., “Globalización y alternativas incluyentes para el siglo XXI”, México: Editorial Porrúa, 2002, p. 488
BARCELLONA, Pietro, Postmodernidad y comunidad: el regreso de la vinculación social, España: Trota, 1999, pp. 23.
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