
Jorge Luis Borges, “Funes el memorioso”
Hablo desde la frontera de la verdad que gobierna. Las fronteras son nómadas, hay que encontrarlas. Escucho sus pasos, siempre diferentes, pero veo qué zapatos usará. Hay que estar alerta; afilar el oído. Kafka escuchó su frontera, desde allí escribió. No voy a hablar de Kafka, ni a interpretar la Metamorfosis, no voy a hablar de la noche. Voy a hablar como la noche.
Gregorio Samsa no escuchó el despertador; amaneció extraño a sí mismo. El cuerpo de Gregorio se transformó por la noche mientras dormía. El cuerpo y la noche. El reposo, el sexo, el baile, la embriaguez. El asqueroso sol sale a cagar el palo, se cree el timbre universal, el que obliga a producir infelicidad. El cuerpo de Gregorio decidió quedarse para siempre con la noche. Su cuerpo hermoso, bajo la luz del sol es un asqueroso bicho. Tengo miles de ojos y digo que el sol es tu patrón, tu razón, tu autoridad, tu familia, tu alma, la verdad que gobierna. Bajo la luz del sol, Gregorio y Kafka son lo mismo, uno causa del otro, uno la representación del otro, una soledad, un problema familiar. Gregorio y Kafka son lo mismo: personajes. La soledad de Kafka es de Marthe Robert, pero éste último cree que la soledad es de Kafka. La luz quiere terminar con la producción del deseo. El cuerpo de Gregorio fue excluido por decir lo que piensa, por amar la noche. La mente de Gregorio es una comedia para la luz. El cuerpo de Gregorio es una tragedia para la luz. Jesús resucitado para ponerle más clavos.
Las noches con luz son lo peor. Las noches blancas son el imperialismo. Para los latinos, noche, nox, quería decir también sueño, descanso, noche eterna (de los infiernos), oscuridad, tinieblas, desorden, confusión política. El cuerpo pertenece a la noche. Gregorio sólo se ubicó. Se liberó del alma. La claridad política es la disciplina. Es la tecnología de la vigilancia de los cuerpos. La política de la luz es la política de disciplina al cuerpo. La política solar es un toque de queda a la noche. Lo noche ya no es como antes; hoy continua la producción por las noches. El estado de sitio y el fascismo democrático son políticas solares. Las noches son obstáculos llenos de sinrazón más claro que hay.
La noche piensa en el día porque quiere suicidarse. Norberto Bobbio con su moderación propone una política solar. Así como Hegel identificó al ser con la nada por que ambos son abstracciones puras, Bobbio abstrae la izquierda y la derecha y dice que es lo mismo en la medida en que son extremos. Hegel y Bobbio son políticos solares. Muestran la mano abierta porque no traen armas. Para qué quieren armas si cuentan con una artimaña más poderosa: la razón dialéctica. La política solar abstrae al cuerpo, lo pone en un cajón y si no cabe (nunca cabe) el cuerpo es mutilado de sus extremos. El centro es lo último que quedará, después del tronco ya no queda nada. El tronco es el origen, la fuente, de él brotan los extremos; el tronco es la raíz. Derecha e izquierda son lo mismo, lo ha descubierto la política solar; pero ni siquiera dentro de su misma lógica puede ser: el centro tronco también es cuerpo que contiene extremos. Mientras sea cuerpo tendrá extremos. Bobbio odia el cuerpo. Odia la noche. Los extremos son las fronteras. Odia las fronteras.
La primer noche de La metamorfosis fue la última noche de un cuerpo politizado solarmente. Jesús preparó su última noche con sus amigos, planeo su última noche, un festín, tal vez una embriaguez, un momento fuera de las jerarquías, una fiesta. Contrariamente, Gregorio no piensa en su última noche, su alma no sabe lo que ocurrirá a su cuerpo. El cuerpo de Jesús es uno. El cuerpo de Gregorio es muchos, su cuerpo piensa otra cosa que su alma. Nada brilla en su cuerpo, cada vez es más oscuro, su cuerpo no se ve, se palpa. El cuerpo camina. El cuerpo pertenece a la noche. Todo camino nocturno es un laberinto, pero el cuerpo esta en su casa: no hay tal laberinto. La política solar tiene el hilo de Ariadna que conduce al final de la vida. Lo sigue y sigue la muerte que le llama vida. La noche está contra el sueño.
En la metamorfosis no hay metáforas y ese fue el propósito de Kafka (Deleuze). Pero no quiere por ello decir que la metáfora esta ausente, sino todo lo contrario: es inútil escapar de ella. La noche piensa seguir hasta el amanecer. El que cree hacer metáfora es porque habla desde la política solar. De la metáfora no podemos hablar sin ayuda de ella (Derrida). Todo es otra cosa. El cuerpo de Gregorio no es una metáfora; no es el resultado de una traslación. El cuerpo de Gregorio es el punto, el foco donde se une la metáfora de la política solar y el concepto. “Podrán tenerme encerrado, pero mi mente es libre” quiere decir la política solar desde la izquierda moderada. A la noche nadie la engaña: la mente es la cárcel del cuerpo. La moderación es una metáfora de la exaltación. La política solar cree no tener metáforas en sus discursos; se limpia las manos con metáforas sucias. Ya es hora de que revienten los conceptos hinchados de la política solar: ESTADO, SOCIEDAD, HOMBRE, NATURALEZA HUMANA, VIOLENCIA, etc. Y también que reviente el concepto noche. Si vivimos en el capitalismo y amamos la vida, y esa vida no esta en el cielo, sino aquí, entonces debemos amar algo del capitalismo. Aceptarlo es tomar el trago amargo que nos falta siempre que empezamos a deshinchar conceptos ¿Será que todo concepto no es sin hinchazón? No se trata de cambiar de verdad que gobierna. Se trata de reventar, también, la verdad. Se trata de anarquía que esta en la periferia y que no quiere ser un centro. No hay ningún problema de raíz. Los malabares intelectualistas han convertido sus impulsos en una aburrida razón política. ¿Cuándo volverán a ser sólo una payasada?
El concepto es una tecnologia mental. Por estar desprovisto el hombre de garras inventó la flecha, las armas.; del mismo modo inventó el concepto para capturar a su presa: LA REALIDAD. Mediante la abstracción (proceso mental para llagar al concepto) reducimos, homogeneizamos, eliminamos diferencias, generalizamos, para atrapar a la realidad. Entendemos el concepto silla gracias a la abstracción; nuestro concepto de silla no se refiere a ninguna silla en particular, sino que generalizamos; del tal modo que podemos llamar silla a una que está dibujada, una que sea del tamaño de la palma de la mano, una que sea de metal, una que sea de madera.
El mismo acto de pensar podríamos decir que es conceptualizar. Sin concepto ni siquiera podríamos hablar. Pero si ya hemos aprendido a vivir sin Dios, ¿por qué no vivir sin concepto? Jamás nos liberaremos del concepto en tanto que actividad mental, pero si podemos en tanto que autoridad. Automaticamente el pensamiento hace autoridades, automatiza la realidad. Hay que reinventarla. La literatura, y el arte en general, desautomatiza la realidad, quiebra el espejo-realidad en multiples fragmentos que reflejan otras cosas. La vida como obra de arte es el cuerpo despolitizado y desconceptualizado. Pensar es hacer autoridades, pero también destruirlas. La automatización es una ilusión que salva al alma de un peligro: vivir.
Gregorio no es un concepto. Caben en su cuerpo muchos conceptos, y se destruye entre sí. El concepto quiere monoteísmo. La vida ordinaria se convierte en algo extraordinario... Gregorio se convierte en un antihéroe. El héroe es la exaltación de la ilusión de un pueblo automatizado. “ Yo te tenía en otro concepto”.
La vista fue considerada como el principal sentido del hombre (Aristóteles), pero no su único sentido. La apariencia de Gregorio es repugnante. El brillo del cuerpo de Gregorio sólo se aprecia en la noche. La noche es lo mejor del día. El sol, con su arrogancia no deja a las cosas brillar, mostrarse; sólo se muestra él. Me irrita los ojos, me duele la cabeza. Nada brilla inmediatamente como el sol nos hace creer. La política solar nos muestra su desprecio a la vida y no a las cosas políticas. Quiero ver a Gregorio y necesito que caiga la noche. La noche es lo más largo y será el fin del mundo una eterna noche. Gregorio no está ahí, debemos buscarlo en el centro de cualquier periferia. Encontrarlo y volverlo a buscar. Gregorio es un pretexto para hablar de política. Yo soy un pretexto del lenguaje.
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