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 MUERTE INFINITA, MUERTE LIBRE, MUERTE VIVA

 

“Lo que conozco no sé; lo que sé no conozco”
(Mathai:2002, 384)

 

Desde el principio de la humanidad, la curiosidad de conocerlo todo ha llevado al hombre también ha tener miedo a lo desconocido. La luz es representada por aquello que proporciona tranquilidad, la oscuridad por el contrario ocasiona temor y angustia. Bajo el pensamiento occidental, y sobre todo aquel pensamiento basado en un monoteísmo, el miedo a la muerte no es más que un montón de prejuicios ante lo que la razón no puede explicar.
            Mi razón es igual a la de cualquiera que escuche o lea esto, por ello no voy desgarrar ningún misterio de lo que la muerte significa. Pero sí, podemos reflexionar en torno a ella. Quiero comenzar hablando sobre cómo el conocimiento racional se basa en una objetividad de lo que existe en el mundo y en la representación de las cosas. Lo que nos permite conocer una realidad es la razón, por medio de ella captamos los fenómenos del mundo -hablando en el sentido kantiano y la crítica de la razón pura, que no es más que un análisis de la razón misma-- podemos comprender gracias a las categorías del espacio y tiempo. Nada  racional pasa fuera de ello, pues para que algo exista debe encontrarse dentro de un espacio y tiempo.
La temporalidad, como parte importante en el conocimiento racional, es entonces lo que nos conduce a la finitud, lo infinito, en este sentido, no es razonado más que sólo como aquello que se sale de la finitud, es su contrario, es la permanencia a lo eterno, lo infinito es atemporal, no nos  encierra en el tiempo. Quiero exponer entonces aquí a la razón como una manera de limitar y reprimirnos ante la temporalidad, exponer a la razón como una represora de la finitud; por lo tanto la culpable de los temores de lo desconocido, a lo infinito y también de la constante evasión de conocimiento interno, del subjetivo.
En el pensamiento precolombino, y los regidos por creencias politeístas, poseían una idea del tiempo y el espacio de manera distinta, por ello su conocimiento era basado por otros principios y una forma de percepción hacia lo desconocido de manera más natural y sin menos temor. En las culturas precolombinas, por ejemplo en la cultura mexica (azteca), la idea de la muerte representaba una transmutación, un cambio, miquiztli era la transformadora y generadora. La muerte entre los mexicas era aceptada con honor y respeto. Era parte de la dualidad vida-muerte, la muerte estaba siempre presente en toda su vida. Su conocimiento no era totalmente racional, era una mezcla entre misticismo, religión y realidad. Todo estaba sustentado en base a lo dual. No habia un Dios, ellos ni siquiera les llamaban así; hablaban de esencias de las cosas y cada una estaba representada por un ser supremo que creaba lo que podiamos entender.

En este sentido, la muerte era la dualidad de la vida, el principio de algo nuevo y se podía encontrar no sólo en lo humano; sino, a cada instante y en cualquier cosa. El Mictlan era el rumbo de la oscuridad, la muerte y conciencia eterna,  este rumbo se regía por Mictantecutli y Mictlantecihuatl, padre-madre  que también eran parte de los 4 rumbos y por tanto los 4 elementos que producian la vida. La muerte aquí no es un contrario con la vida, la muerte así es el complemento de la vida misma y por tanto esta presente en cada instante.  La caracteristica de que cambia y rompe la visión en América en relación a la muerte es la implantación de una religión moniteísta por enciama de una politeísta, la cual por suspuesto cambia la visión de entender el mundo y nuestra función como seres parte de un todo, no inferiores. Mathai (2002) ve algo similar con la edad antigua, con los griegos los cuales también poseían un pensamiento y creencia políteista.

El politeísmo antes mencionado, pues, otorga la deidad a todos los entes (... ) cada uno de los cuales, siendo un cosmo o universo en su propio derecho, contiene infinitos otros mundos, también dioses, y así ad infinitum (Mathai:2002:284)

La aceptación a este infinito que las culturas precolombinas reflejan en su vida diaria, va de la mano con  la perdida de una temporalidad y por ello su visión  acerca de la muerte no se evade en el miedo, sino que enfrenta en seres conscientes de una vida que no está sin muerte. Por otro lado, Heidegger (2002) en El ser y el tiempo  le dedica una gran parte a la reflexión entono a la muerte y afirma:

El “ser relativamente a la muerte” se funda en la cura. En cuanto yecto “ser en el mundo”, es el “ser ahí” en cada caso ya entregado a la responsabilidd de su muerte. Siendo relativamente a su muerte, muere fácticamente y además constantemente mientras no ha llegado dejar de vivir” (Heidegger:2002; 283)

Morir en vida, no como nostalgia, no como dolor; sino con una responsabilidad que abre y lleva la libertad de la vida misma, de la razón. Vernos como seres para la muerte para  comprender la función en la vida y transformarnos a diario, olvidar el sufrimiento y la tristeza reflejo de una nostalgía que explica, describe pero no comprende, que responde pero se piede en la respuesta y olvida su complemento. Si la muerte es a diario, la finitud de la vida pierde sentido, pues entramos en un eterno presente que no cuantifica al tiempo, qeu se queda plagado en la razón represora, encontramos pues el éxtasis del eros que nos libera.  Marcuse (1989) habla de la posibilidad de la muerte como liberadora, pues esa muerte nos conduce a la libertad de un razón que se encierra en lo finito, liberación del sufrimiento y de la represión misma de la vida. Esa muerte que genera vida que transforma y transmuta es sinonimo de placer y de felicidad, es casi un arte.

            El placer de la muerte es la felicidad del hombre al comprenderse en el mundo como parte y  un ser para ello, para morir. Vivir ahora de manera infinita, cambia la postura clásica que nos encierra en un finito doloroso y el cual es el culpable de tantos males como el dolor de el fin de nuestro seres queridos o el miedo  de la muerte de nosotros mismos, evadimos ser eternos, y la razón misma no lo puede explicar, porque la historia del pensamiento la ha encerrado en explicaciones que quedan cortas, y limitadas a un mundo real, objetivo. La muerte no se encierra en la objetividad de la razón, se encuentra prisionera, ansiosa de conectarse con ese conocimiento subjetivo que nos conecta con el todo y de amnera individual.

Schopenhauer (1998) habla de esta misma existencia individual  que comprende la existencia que va más allá de de eso objetivo, dice:

En realidad,  a la existencia  individual subyace algo completamente diverso, de lo cual ella es expresión. Este algo es ajeno al tiempo, por lo que no conoce ni permanencia ni final. Imaginemos a un ser que pueda pensarlo todo, conocerlo y dominarlo; para este ser, la pregunta de si continuaremos existiendo después de la muerte no tendría problablemente ningún sentido” (Schopenhauer:1998;84-85)

Hasta este momento, no sé si alguno de ustedes se ha preguntado sobre qué pasara después de morir, pero irónicamente basandome en un pregunta frecuente, digamos común  caigo en la misma idea que Schopenhauer plantea entorno a lo absurdo de ello, no puedo razonar lo que la muerte es en sí, y en este sentido, no razono lo que nada en sí es, simplemente lo que mi yo individual entiende de eso, usar la razón de manera consciente y divertida da la oportunidad de no reprimir el éxtasis de lo aquello que no conozco de manera lógica y bajo las categorías de espacio y tiempo.  Aún no lo logro y  la piedra ya está en el aire.

Cuando en una conversación ordinaria alguien, de entre muchos que quieren saberlo todo, pero logran aprender nada, nos pregunta por la permanencia de la muerte, la respuesta más pertinente, y también la más cercana a la verdad, es ésta: “ Después de muerto serás el que eras antes de nacer”  (Schopenhauer:1998;83)

 

 

Bibliografía
Heidegger, Martin (2002) 10ma. Ed, El ser y el tiempo , Fondo de Cultura Económica: México.

Matthai, Horst Quelle (2002), Textos Filosóficos (1989-1999) Universidad Autónoma de Baja California: Tijuana.

Schopenhauer, Arthur, El dolor del mundo y el consuelo de la Religión Edición Diego Sánchez Meca: España.

Marcuse, Herbert, (1989), Eros y Civilización, Editorial Ariel: Barcelona.

Internet

http://es. Wikipedia.org/wiki/Mictantecutli.
http://es. Wikipedia.org/wiki/Miquiztli.

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