Filosofia
Literatura
Entrevistas


EL JUEGO COMO REPRESENTACIÓN DE TIJUANA

Por Yaren Rojas  

 

Existe una relación entre Tijuana y el juego, una relación más intima de lo que muchos políticos y científicos sociales quisieran negar, y más profunda que un simple conteo de juegos publico-urbanos o investigación minuciosa de juegos privados. Dicha relación no sólo tiene que ver con los casinos que el presidente Lázaro Cárdenas prohibió en 1938, sino con una estructura más esencial y cualitativa como lo es el azar y la frontera.  

Lo que se entiende por juego en cada cultura es una cosa distinta. En este sentido es posible decir que una parte de las culturas se define por sus juegos. El juego es una forma de organizar nuestro instinto lúdico. Para entender la sutil diferencia entre el juego y lo lúdico baste decir que este último es un contenido parecido al temperamento: es tan natural e innegable aunque subyacente y manifiesto. Toda forma (juego) posee un temperamento que le distingue y al mismo tiempo le vuelve común. Digamos entonces que  el azar es este componente que subyace en las formas lúdicas de Tijuana. 
La representación, cabe aclarar, es un concepto usado para describir un acto psico-físico, entendido como práctica y como percepción (Gímenez y Héau, 2007). Como lo afirma Gímenez y Héau, no hay percepción pura, ni practica libre de percepciones. De este modo, al transformar la práctica se transforman las representaciones de dicha práctica, en este caso el juego, entendido como un elemento-arquetipo de la identidad de Tijuana.   
Lo anterior lo hemos dicho para explicar el motivo por el cual pensamos que la prohibición de los juegos de azar en Tijuana fue un cambio obligado de prácticas y por lo tanto de representación. La fundación de instituciones escolares sobre estos mismos fue una sustitución simbólica, una sustitución de forma. Pero lo que interesa a esta reflexión no es analizar lo anterior como hecho histórico, sino la huella del azar como temperamento de las formas lúdicas y por ende como contenido de los juegos públicos y legales, los cuales suponían la instauración de la ley y el orden.
Resulta significativo revisar que la historia del juego -sea desde un punto de vista evolutivo inscrito en un marco cultural general o simplemente al explicar el desarrollo cognitivo desde un punto de vista psicológico e individual- consiste en relatar la transición de los juegos sin reglas a los juegos con reglas, de los placeres desorganizados e individuales a los placeres compartidos socialmente. Es como si la historia de la humanidad consistiera en analizar cómo las diversas instituciones van adaptando nuestro instinto de juego a formas socialmente aceptables. El deporte y el trabajo son ejemplos claros de ello, y la prohibición de los juegos ilegales en Tijuana son otro ejemplo muy concreto.
Lévi-Strauss (1984), nos dice que la distinción “physis-nomos” es  “instrumento de método”: no se puede hablar de separación “naturaleza-cultura”, “physis-nomos”; “juego-regla”, fuera de una significación histórica, si no es para justificar su utilidad; utilidad que de cualquier forma remite a su instauración dentro de dicha significación, asentando con ello, su mutua implicación, o su relación. La utilidad de la ley y el orden no es otra que la construcción de límites al azar y el desorden social.
Ahora bien, ¿qué  hace posible la prolongación del temperamento lúdico? A ningún lector  que viva en Tijuana o que la conozca por cualquier medio le parecerá extraño que aduzca esta causa a la situación fronteriza de la ciudad.  Sin embargo no me refiero a la frontera como una geografía, sino como una metáfora que alimenta el y al azar.  La frontera es en este caso: la fuente del imaginario lúdico sobre la ciudad.  La frontera expresa la contradicción que viven la ley y el azar al encontrarse en un solo espacio. La  frontera es la ley y el orden que existen para ser violados, fragmentados, desechos como lo son algunas reglas de juego.      
La situación fronteriza como un orden imaginario no es algo que hemos pensado gratuitamente. Por una parte, Duvignaud, considera que el juego es “la práctica de lo imaginario” (1982; 16). Por otra, según Graciela Rodríguez (2005; 9) existe una relación entre limite y actividad creadoras. De este modo, lo fronterizo es un espacio de invención constante y esto puede explicar también el vínculo entre Tijuana y juego como un elemento que parece ausente entre tanta heterogeneidad: la identidad social.
Lo anterior, nos propone una situación ventajosa ante la invención de prácticas, de modos de juego y  nos podría llevar a pensar en la relación que existe  entre la condición fronteriza y multicultural de la ciudad de Tijuana con sus prácticas de juego (el turismo por ejemplo), pues pensar en el significado y sentido de  los límites, imaginarios y reales, es pensar la constitución de nuestras narrativas sociales.
Quizás, las afirmaciones anteriores parecen basadas en la sustitución del principio del placer por el principio de realidad, de acuerdo a Freud y Marcuse. Pero el juego no podemos considerarlo una represión del instinto, por el contrario, siempre es liberación, y mucho más si se trata de intervenir y transgredir el espacio. En cambio, si podemos considerar que los usos socioculturales del juego dentro de la vida cotidiana son una “moderación” social. Medir los alcances de las representaciones socio-históricas de las formas de juego en la vida cotidiana nos propone de nuevo, una gama infinita; de ahí que a la representación lúdica le sean importantes sus magnitudes de representatividad.
Decir cuántos y quienes se identifican en una forma lúdica, no obstante, resulta un trabajo que sólo puede ser abordado cualitativamente si lo que queremos es comprender el uso del juego como productor de sentido social. Si bien existen tantos tipos de juego como maneras de jugar, la endoculturación mediante el juego nos muestra la tensión que el individuo vive al adaptar su instinto e imaginario a las formas lúdicas culturales, al mismo tiempo que tiene la posibilidad de transformarlas mediante su creatividad. En estos términos, el juego puede ser cotidiano por su ambigüedad entre la rutina y la espontaneidad; entre la estructura y la irrepetibilidad; entre el individuo y la práctica sociocultural; entre el hábito de jugar y el deseo de jugar.  Al respecto nos dice Gonzalbo:
La vida cotidiana, con sus valores implícitos y sus reglas de comportamiento, equivale a un juego de estrategias en el que existe cierta libertad, siempre que no rebase los límites de los movimientos autorizados (Gonzalbo, 1990: 37) 

En suma tenemos que: la relación entre juego y Tijuana proviene de hechos históricos tanto como de una situación fronteriza, fuente del azar como componente de los juegos. Una breve revisión sobre la historia del juego en Tijuana nos permite ver que la convivencia del juego y la regla dan pie a la invención de formas. Sin embargo, lo que no hemos dicho aún es ¿Cómo identificar el elemento azar en los juegos públicos y legales de Tijuana ahora en el presente? Descartando (por necesidades epistemológicas) el infinito, pensemos en dos juegos comunes: el deporte y los juegos urbanos. Sólo una observación minuciosa de estos podría llevarnos a identificar lo fronterizo como una cualidad de ellos.
Pero me pregunto si observar será suficiente. El juego a diferencia de otras practicas culturales, tiene de peculiar un carácter fascinante compuesto de realidad y fantasía. No siempre estamos jugando pero  constantemente queremos volver a jugar, y más constantemente estamos jugando sin querer, es decir, sin establecer límites entre lo lúdico y lo serio, entre la libertad y la coerción. Por eso, el juego además de ser actuado, puede ser impensado y pensado. Esto disculpa todas las conclusiones que no podemos dar por ahora y que seguramente, el lector esperaba. En cuanto a la relación entre Tijuana y el juego ha quedado clara por ahora.  
La forma en que la historia lúdica de Tijuana es presente, es huella –concreta- en los imaginarios y realidades sociales constituye nuestra siguiente tarea de análisis.


BIBLIOGRAFIA

Duvignaud, Jean (1982), El juego del juego, México, FCE.

Deleuze y Guattari (1985), El antiedipo: capitalismo y esquizofrenia, Bs. Aires, Paidós.

Jiménez, Gilberto y Héau (2007) “El desierto como territorio, paisaje y referente de identidad”, UABC, Revista Culturales, Vol. III, num. 5, enero-junio.

Gonzalbo Aizpuru (2006) Introducción a la historia de la vida cotidiana, México, El Colegio de pp. 19-69.

Lévi-Strauss, Claude (1984, Antropología estructural: mito, sociedad, humanidades, SIGLO XXI, 4ta. ed., México.

Rodríguez, Graciela (2005), “La inscripción de la ley en los cuerpos: un recorrido por lo limites. Foucault, Bourdieu, De Certeau”, UABC, Revista Culturales, Vol. 1, num. 2, julio-dic.

 

 

 

 

 

 


Febrero- Marzo 2008   •Directorio •Editorial •Proyecto •Números Anteriores •Contacto •Links