
EL CADÁVER DE LA NOVIA O ESA CIERTA CURIOSIDAD POR LAS TETAS
Por Alejandro Cavalli
Sadismo, masoquismo y humor, por sobre todas las cosas, es lo que el lector puede encontrar en este libro, editado por Gárgola Ediciones en noviembre de 2006. Porque el escritor sublima en él su costado más sexual y pervertido, y sus pesadillas más atroces. “...Continuaré siendo romántico y realista delirante, en un mundo de objetivistas y sanos de mierda”, expone Laiseca en uno de los primeros párrafos, en el que se auto introduce como personaje. Más adelante vuelve sobre sí para contarnos rasgos de su infancia, divaga con elocuencia y recuerda vivencias con su padre, al que no duda de calificarlo literalmente como “hijo de puta”, por las mil y una maldades que practicó con su hijo, o sea él, según nos confiesa.
Tenemos, además, a un japonés necrófilo llamado Tojo, decidido a llevarse las tetas de su amada muerta recién sepultada. Y la “muertita” (Analía, la poeta) que abre los ojos, para horror del asiático. Entonces retrato de Analía a los doce cuando le viene y se la pasa masturbando día y noche. Y el monstruo de la chancleta erótica que la vive acosando para desgracia, y no tanto, de ella. Y esto ya que cuando la ataca ella le tiene miedo y cuando no viene lo extraña. Ese tipo de ambivalencias macabras. Luego Analía, la insaciable, sexeando con compañeritos de escuela, ellos chochos, ella más. Y “cuando flasheaba para la mierda, escribía rarísimo. Casi con genio. Lástima que le duraba poco”. Se la pasaba homenajeando en sus poesías a Plath y Pizarnik, sus poetas preferidas. Luego aparecen amigas de Analía como Martita, por ejemplo, a la que por entrar sin bombacha al barrio japonés la violaron y mataron, y eso que Analía le había dicho: “Mirá que allá la Yakuza patrulla día y noche”. Encontraron el “esqueletito”, se habían enfiestado con ella y terminaron comiéndola mezclada con pescado crudo en sushi.
Las historias están plagadas de orgías inacabables y desenfrenadas porque “la vida es corta y en el otro mundo no hay ni tetas ni cerveza” según el escritor. Claro ejemplo del humor que lo caracteriza es la letra de tango titulado Qué conchaza tenía la vieja, que aparece en sus páginas y que, en la presentación, un grupo de alumnos de su taller interpretó en vivo y en directo:
“Qué conchaza tenía la vieja. Todas las noches en ella guardaba el piano, luego de haberlo plumereado y envuelto en celofán. Viejo puto: todas las hechicerías que quedaron sin venganza. Viejo puto: las viejitas yeguazas con sus yeguarizas. Viejo puto: cómo pululan los sorias en su progresión. La sumatoria infinita de la concha tendiendo a cero. La verga desmesurada como integral definida y las constantes variables. ¿Dónde está? ¿Dónde está? ¿Dónde está la teta calculada con auxilio de pi? Tres catorce quince nueve veintiséis cinco treinta y cinco… ¡Tclang!: como los guitarristas, de Gardel.”
Y luego reflexiones sobre la cultura oriental. Un decálogo sadomasoporno de su autoría. Enemas a la fuerza y una reinterpretación libre titulada La fantasma de la Ópera. Más críticas hacia el padre por su trato para con él cuando niño y, finalmente, cuentos cortos dentro de la novela, que funcionan independientemente, como el titulado La mansión del gaznápiro o El subte de un solo hombre. “Todos en esta historia cuentan historias, y entre todos inventan a Laiseca, para que él delire y escriba novelas geniales”puede leerse en la contratapa, y es así, no caben dudas.
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Ficha técnica:
Alberto Laiseca nació en Rosario en 1941. Trabajó en diferentes oficios en distintas provincias. Fue durante seis años empleado telefónico y durante otros diez corrector de pruebas en el diario La Razón. Desde hace algunos años es asesor de la editorial Letra Buena. Ha publicado las novelas Su turno para morir (1976), Aventuras de un novelista atonal (1982), La hija de Kheops (1989), La mujer en la muralla (1990) y El jardín de las máquinas parlantes (1993), los relatos de Matando enanos a garrotazos (1982), el ensayo Por favor ?plágienme! (1991) y los Poemas chinos (1987). Pero bastante antes de publicar su primer libro, Alberto Laiseca ya estaba trabajando en lo que se convertiría en su mítico hijo literario: Los Soria, una monumental saga novelística de mil quinientas páginas que intenta «reflexionar sobre el poder absoluto y la posibilidad de organizarlo de un modo más humanizado», según Laiseca. Finalmente, dieciséis años después de terminada, Los Soria fue publicada en 1998.
Entre sus obras:
*Comentario sobre la novela Sí, soy mala poeta, pero… de Alberto Laiseca, publicada por Gárgola Ediciones.
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DATOS DEL AUTOR:
Alejandro Cavalli (Santa Rosa, La Pampa, Argentina, 1975).- Cursó el taller de poesía dictado por la poeta Aurestela Mini entre 1994-1999; y el de narrativa del escritor Guillermo Saccomanno durante 2004. Se recibió de Periodista y de Licenciado en Comunicación Social en la Escuela Superior de Periodismo, Instituto Grafotécnico, Buenos Aires. Ha trabajado para la Agencia Internacional de Noticias Literarias Librusa, el diario argentino Infobae, y para el periódico mexicano Excélsior, el sitio mexicano www.palabrasmalditas.net y el sitio argentino www.4semanas.com.ar, entre otros medios. Actualmente vive en Capital Federal, Argentina, y trabaja escribiendo para el diario pampeano La Arena, para el sitio de Internet Latinoamericano www.newpolitic.com y para la revista mexicana Replicante. Ha publicado, entre otras obras, el poemario El agua de la sombra (Editorial Extra, Argentina, 1997) y la novela El hombre de la pipa (www.amarilloeditores.com). Entre sus textos inéditos se encuentran Los orígenes del alga (poesía); Podrías decirle unas palabras, preguntarle cómo está la niña (poesía); Almejas profundas de la bella dona (poesía); Charango (obra de teatro infantil para títeres) y Berta (novela).
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