
EL VIAJE QUE TRANSFORMA: ROSARIO SANMIGUEL
Por Elena Méndez
Rosario Sanmiguel: Una prosa sutil, depurada, lúdica. Un viaje que
transforma mediante las palabras.
Rosario Sanmiguel nació en Manuel Benavides, Chihuahua, en 1954. Radica
en Ciudad Juárez desde 1955. Es candidata a Doctor por la Universidad
Estatal de Arizona, donde cursó una especialidad en novela histórica
mexicana del siglo XX.
De 1983 a 1985 participó en el Taller Literario del Instituto Nacional
de Bellas Artes (INBA), coordinado por el escritor potosino David Ojeda 1.
Ha dirigido diversos talleres literarios, destacando entre ellos el Rosario
Castellanos, donde se ejercitaba la escritura creativa y se reflexionaba sobre
la escritura realizada por mujeres.
Ha traducido del inglés textos de Chirríe Moraga, Norma Cantú,
Norma Dee Cervantes y Diane Gonzales Bertrand. Actualmente forma parte del
equipo de traductores de Arte Público Press, editorial ubicada en la
Universidad de Houston. Entre las traducciones que ha hecho para ellos destaca
Desert Blood: The Juarez Murders, de Alicia Gaspar de Alba, que se publicará
en español en el 2008.
De 1995 a 1996 dirigió la revista literaria Puentelibre que -pese a
haber tenido sólo cinco números- dio a conocer a escritores
noveles ahora destacados, como Antonio Zúñiga 2.
Durante ese mismo año fue becaria del Consejo Nacional para la Cultura
y las Artes con el proyecto “Construcción Liminal. La literatura
del Norte de México”.
Al año siguiente, compiló, junto con Jesús Barquet, la
antología Más allá de la isla. 66 creadores cubanos (Puentelibre
Editores).
De 1997 a 1998 la Fundación Rockefeller le otorgó una beca por
su proyecto “Frontera Textual: la escritura chicana” (libro inédito).
Durante 2003-2006 se desempeñó como docente en la Universidad
Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), impartiendo la cátedra
de Literatura Mexicana e Hispanoamericana.
Durante 2004-2005 fungió como editora de las revistas culturales de
dicha institución, Entorno y Revista de las Fronteras; y en 2006, como
asistente editorial de Chasqui, de la Universidad Estatal de Arizona, campus
Tempe.
Ha sido incluida en la antología Sin límites imaginarios. Cuentos
del norte de México (Selección, prólogo y notas de Miguel
Ángel Rodríguez Lozano, Universidad Nacional Autónoma
de México, 2006).
Es autora del cuentario Callejón Sucre y otros relatos (Ediciones del
Azar, 1994); la novela Árboles o apuntes de viaje (PuenteLibre Editores,
2006) y el libro de ensayos De la historia a la ficción (aún
inédito).
Actualmente está escribiendo una novela histórica relacionada
con el norte mexicano.
Sus cuentos han sido traducidos al inglés, islandés y neerlandés.
Entre sus temáticas se encuentran las relaciones humanas (en particular
madre-hija), la soledad y el viaje, mismas que realza con fraseo breve, sutil
aliento poético, gran ironía y rescate del lenguaje coloquial
fronterizo, incluso del spanglish.
______
Conocí a Rosario Sanmiguel al leer Callejón Sucre…libro
que transita por rincones fronterizos, preferentemente marginales (la cantina
con prostíbulo anexo, la ‘tierra de nadie’ donde los polleros
contrabandean personas rumbo a Estados Unidos…). Me sorprendió
el estilo sutil, el ritmo ágil, la violencia que permea las páginas
de esta obra, que, no obstante, deja resquicios para la ternura y el humor.
Después tuve oportunidad de leer Árboles… un ejercicio
nostálgico relacionado con la vida familiar. En ambos libros está
latente la idea del viaje como posibilidad de transformación interior.
Tras mi lectura, comprendí cuán a pulso se ha ganado Sanmiguel
un lugar dentro de los narradores más destacados del norte mexicano
en la actualidad.
Entrevisto a la autora vía internet. He aquí las reflexiones
sobre su quehacer literario.
¿Por qué presentar a la frontera como territorio estético?
Para responder esta pregunta haré un poco de historia familiar. Nací
en Manuel Benavides, un pequeño pueblo a cuarenta kilómetros
al sur del río Bravo, hacia la región este del estado de Chihuahua,
donde por dos siglos ha vivido la familia de mi madre. Antes de cumplir un
año mis padres me llevaron a vivir a Ciudad Juárez, donde he
pasado si no toda mi vida, parte importante de ella. Así pues, nací,
crecí, me eduqué y me enamoré por vez primera en ese
lugar que geográfica, política y culturalmente identificamos
como la frontera con los Estados Unidos. Sin llegar a extremos deterministas,
esta circunstancia, ajena a mi elección, marca mi manera de ver el
mundo y en consecuencia mi escritura.
La frontera es para mí, sobre todo, un espacio de confrontación;
el momento en que soy consciente de la existencia del otro; la presencia de
lo que podría ser igual pero es diferente; memoria de lo perdido. También
uno de los extremos, intramuros, que vive un mexicano. Sin embargo, no es
este segmento de la realidad -en sí mismo- lo que me interesa llevar
a primer plano en mi trabajo. No es la frontera que marcan la política
y la historia lo que llevo a mis historias como un telón de fondo o
un contexto social. Mucho menos la percibo como el tema de moda sobre el cual
hasta el escritor canónico afila el lápiz (pues el que es buen
gallo en cualquier gallinero canta, diría, aunque desafine), en todo
caso, la frontera es, en mi escritura, una condición inseparable de
la vida que imagino para mis personajes.
Cierto es que los personajes que deambulan en la noche de mis relatos son
como tantos otros que hemos conocido en otros libros, al igual que los personajes
que aman, mueren o viven solos y desamparados. Pero estos, los que pueblan
los relatos de Callejón Sucre, o salen al paso en la noveleta Árboles
o apuntes de viaje, desarrollan una relación dialógica con este
espacio específico que es la frontera, a través de su particular
lenguaje, de su mirada sobre el mundo, de su relación con los otros,
de las pequeñas batallas del diario vivir.
Me considero una escritora realista, una que se nutre de la realidad verdadera
para construir otra, que aunque ficticia no menos real que la que palpita
más allá de las páginas que escribo. De manera que cuando
una situación que me parece escribible (sic) me ronda por la mente,
o cuando pienso en un posible personaje, sin proponérmelo, digamos
que de manera ‘natural’ lo imagino en el espacio que mejor conozco.
Lo anclo en esta realidad geográfica y cultural específica que
es la frontera, y a partir de ahí inicio la construcción de
un mundo donde espacio y personaje se amalgaman para dar, además de
textura, sentido a la ficción.
¿A qué atribuye su tendencia a presentar personajes transgresores
(citemos a Francis y Katia en ‘Un silencio muy largo’; a Martín
en ‘Bajo el puente’; y a Anamaría en ‘La otra habitación’)?
Creo que la literatura es una forma de abordar la realidad, como lo es la
sociología o la historia, por ejemplo. El hecho de que en mi narrativa
aparezcan personajes ‘transgresores’, como usted los llama, es
porque en el mundo ‘real’ que sirve de referente a mis relatos
viven ellos, están ahí, deambulan y respiran y sueñan
dentro de un espacio concreto y tangible que es la zona geográfica
inmediata al río Bravo. Sin embargo, es importante aclarar que yo no
me planteo su existencia dentro de mis relatos como ‘personajes transgresores’,
pues no los construyo desde la perspectiva de la moral o las buenas costumbres,
sino como elementos o piezas clave en la elaboración y representación
de un mundo particular. Personajes en íntima relación con su
propio espacio.
Su novela Árboles o apuntes de viaje nos parece escrita desde la nostalgia.
Quisiéramos que nos hablara al respecto.
Árboles o apuntes de viaje es una novela donde se plantean las posibilidades
de la memoria y la imaginación en la construcción de la realidad.
Creo que este sería el tema central del texto. Sin embargo, en él
aparece el escenario de la frontera, por la simple razón de que los
personajes que recuerdan e imaginan han hecho su vida en el ir y venir a un
lado y otro del río. Es por eso que asuntos como la migración
y otros que se han convertido en un cliché en la literatura de la frontera,
forman parte esencial de la vida de estos personajes, por lo que su tratamiento
no responde a ninguna moda sino a la exploración del mundo interior
de estos personajes. Pero también el relato recurre a un tema común
en mi narrativa, las relaciones familiares, y particularmente la relación
entre madre e hija. Todo esto dentro del marco de una crónica de viaje.
Usted dirigió la revista cultural Puentelibre. ¿Qué tanto
se valora socialmente una publicación de este tipo?
Fundé la revista cultural Puentelibre para crear un espacio que apoyara
los productos culturales del norte de México, principalmente la literatura.
Creía (aún lo creo) necesaria para la ‘buena salud de
la cultura’ de nuestro país la existencia de proyectos como Puentelibre,
que combatía el anquilosado centralismo mexicano. Una revista siempre
da cuenta de varios aspectos de una sociedad (el arte, la política,
las prácticas sexuales, etc.) en términos de ideología
o visión de mundo. De ahí se desprende su importancia. Todos
los que colaboramos en la publicación de Puentelibre, artistas e intelectuales,
testimoniamos (algunos con mayor talento o fortuna que otros) con nuestro
trabajo una época, un lugar, una comunidad. La historia de la literatura
y la cultura de un país tan vasto y rico como México no se escriben
desde un único punto de vista. Si en el pasado así fue, ya no
lo es más. Sólo por eso es importante y se debe valorar una
publicación de este tipo.
¿Considera usted que las obras literarias cuyo tema central es el narcotráfico
trascenderán más allá de lo mercadotécnico?
Todavía no he leído una novela o cuento cuyo tema central sea
el narcotráfico. No obstante, creo que el valor literario de un texto
no depende del tema sino del tratamiento ‘literario’ que se le
dé. Si en nuestros días el tema del narcotráfico resulta
actual y por lo mismo rentable para escritores y editores, no lo será
más cuando las circunstancias sociohistóricas hayan cambiado
y esos textos no ofrezcan algo más que anécdotas. Por el contrario,
las obras que exploran y proponen nuevas formas de expresión, tanto
a nivel del lenguaje como de la estructura, tienen más posibilidades
de sobrevivir a los cambios políticos e históricos de una sociedad.
Esta respuesta que doy a su pregunta se desprende de la idea que tengo sobre
la literatura, pero, en realidad, no sé de qué depende la trascendencia
de una obra literaria. La historia de la literatura mundial nos demuestra
que las obras se convierten en clásicas o trascendentes por razones
diversas.
¿Cuál sería la función de la literatura en un
mundo cada vez más globalizado?
La función de la literatura -ya sea entretener, evadir, conmover, explorar,
representar, construir o criticar- según los escritores y los lectores
de los que se trate, no cambiará por el hecho de que en los Campos
Elíseos, la Plaza Roja o la Zona Rosa se consuman tantas hamburguesas
Mc Donald’s como en el centro financiero de la ciudad de Chicago, por
ejemplo. Si la globalización cambia la manera de manejar las mercancías,
su destino y la velocidad con la que se trasladan de un punto a otro del planeta,
es evidente que impacta los estilos de vida, y a la larga las mentalidades
de las diversas comunidades del mundo. En ese sentido, la materialización
de la literatura en el objeto libro, en una mercancía que viaja y se
instala en un abrir y cerrar de ojos en los sitios más insospechados
del planeta, tal vez fomente la más común entre las funciones
que históricamente se le han atribuido a la literatura: la comunicación.
Pero se trata de una comunicación en la que cambian las reglas del
juego, ya no se hablará más de la relación entre la nación
y el resto del mundo, sino entre la región y el mundo. De ahí
la relevancia que a últimas fechas ha tomado la frontera norte de México.
¿Todavía puede hablarse de 'géneros literarios'?
Ya a mediados del siglo XX Roland Barthes decía que relacionar la escritura
con los géneros literarios era una visión burguesa de la literatura.
Prefería el término texto al de novela, cuento o noveleta por
ser más dúctil, tal vez más acorde con sus planteamientos
sobre las lecturas escribibles (sic). Cuánta razón tenía.
Leer un texto es volverlo a escribir en más de un sentido. Y escribir
un texto desde adentro hacia fuera es desprenderlo de conceptos fijos y limitantes.
Cada texto exige su propia forma, una que se va construyendo a medida que
el lenguaje -íntimo-, el que sólo expresa a este personaje y
no a otro, se mezcla con los otros lenguajes y toman su curso y edifican su
mundo particular. Por ejemplo, Árboles o apuntes de viaje es un texto
elaborado a partir de técnicas comunes en otros autores; es breve,
fragmentario, polifónico, abierto… y sin embargo no es una novela
convencional; sí un ensayo narrativo que explora el mejor camino para
desahogar una memoria, unas conjeturas, una frontera, unos apuntes de viaje.
¿Cuál es su perspectiva sobre la narrativa chihuahuense actual?
Considero que, en general, la narrativa chihuahuense ocupa un lugar destacado
dentro del panorama más amplio de la literatura mexicana actual, debido
a la producción literaria de escritores de la talla de Ignacio Solares
3, Carlos Montemayor 4, Jorge Aguilar Mora 5 y Jesús Gardea 6. Sin
embargo, trataré de dar respuesta a esta pregunta a partir de los narradores
que escriben dentro de los límites geográficos del estado de
Chihuahua. Destaco el factor geográfico porque es importante distinguir
la literatura escrita en Chihuahua de aquella que se produce en el centro
del país, ya que es este hecho particular el que nos habla de la condición
real de la narrativa del estado. Tomo como punto de partida la publicación
en 1980 de Los viernes de Lautaro, de Jesús Gardea, para señalar
el inicio de una nueva época en la narrativa chihuahuense. No porque
esta colección de cuentos memorables haya hecho escuela entre los narradores
de Chihuahua, sino porque mientras Gardea escribía en solitario, en
algunas ciudades del estado los jóvenes se agrupaban en los recién
fundados talleres literarios del INBA. De tal suerte que la publicación
del primer libro de Gardea inaugura una época de efervescente actividad
literaria, la cual se refleja también en la fundación de revistas
y suplementos culturales, la celebración de encuentros de escritores
a nivel regional y nacional. Asimismo, en la presencia de diversos proyectos
editoriales que, de frente al centralismo cultural que caracteriza a nuestro
país, han apoyado la producción literaria de la región.
En realidad, creo que agregarle el adjetivo chihuahuense al sustantivo narrativa
no dice mucho. Entiendo que la literatura se clasifica en categorías
diversas para su sistematización y estudio; pero esto mismo, en ocasiones,
la empobrece, sobre todo cuando se trata de justificar el adjetivo. No obstante,
pienso que la narrativa chihuahuense goza de buena salud gracias a su vocación
por la pluralidad, pues tanto los narradores viejos como los jóvenes,
los del D.F., Maryland o Chihuahua, abordan la escritura desde perspectivas
diferentes y con lenguajes diversos.
Elena Méndez
(Entrevista realizada el 24-agosto-07)
______
NOTAS
1.- Escritor nacido en San Luis Potosí, San Luis Potosí, en
1950. Premio Casa de las Américas en 1978. Actualmente se desempeña
como asesor de Jóvenes Creadores en FONCA, Categoría Cuento.
Su novela más reciente es La Santa de San Luis (Tusquets Editores,
2006).
2.- Dramaturgo, guionista y actor nacido en Parral, en 1965. Premio Nacional
de Dramaturgia en el 2002. Miembro del Sistema Nacional de Creadores del Fondo
Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Su libro más reciente
es Chihuahua para niños (Instituto Chihuahuense de Cultura-ICHICULT-,
2007).
3.- Escritor nacido en Ciudad Juárez, en 1945. Premio Xavier Villaurrutia
en 1998. Dirige la Revista de la Universidad de México desde el 2005.
4.- Escritor nacido en Parral, en 1947. Es integrante de la Academia Mexicana
de la Lengua, de la Real Academia Española y de la Asociación
de Escritores en Lenguas Indígenas. Ha obtenido importantes reconocimientos
a su carrera, tales como el Premio internacional Juan Rulfo (1993); Xavier
Villaurrutia (1971); José Fuentes Mares (1990); Narrativa Colima para
Obra Publicada (1991). Durante 1992- 1998 fue becario de la Fundación
Rockefeller.
5.- Escritor nacido en Chihuahua, en 1946. Su libro más reciente es
Los secretos de la aurora (Ediciones Era, 2002).
6.- Escritor nacido en Delicias, en 1939. Premio Xavier Villaurrutia en 1980;
y José Fuentes Mares en 1985. Sus obras fueron traducidas al inglés,
francés y polaco. Murió en su ciudad natal en el año
2000.
______
DATOS DE LA AUTORA:
Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada
en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma
de Sinaloa. Narradora. Ha participado en los talleres literarios de los escritores
mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Escritos
suyos han sido publicados en TEXTOS,Acequias, La Pluma del Ganso, La Línea
del Cosmonauta, La Prensa, Expreso, Milenio, Universo de el Búho, Replicante,
Letras.s5.com, Miel y Amoniaco, Espiral, Espéculo, Baquiana, El coloquio
de los perros y Homines.
| Octubre-Noviembre 07 | •Directorio | •Editorial | •Proyecto | •Números Anteriores | •Contacto | •Links |