
MÉXICO 68: LOS ESPECTROS DE LA MEMORIA EN LA HISTORIA HERIDA DEL PLENO VUELO DE LA PALOMA DE LA PAZ
Por Jorge Martínez Marín
El régimen militar de Myanmar, la antigua Birmania, desató nuevamente la represión sobre cientos de personas que se manifestaron en las calles de la capital. Los informes oficiales señalan que nueve personas murieron, entre ellas un fotógrafo japonés … quién, ya herido, fue rematado por un soldado cuando intentaba tomar una placa. Rusell, Rosallind, 2007. |
Thomas Harrison, en su ensayo “Filosofía del arte, filosofía
de la muerte” en torno a la pintura moderna en general, cita a Robert
Musil (1880-1942), quien en su novela escrita entre 1930 y 1942 “El
hombre sin atributos”, se refiere al expresionismo. Escribe Musil:
Pero, como lo decía la palabra, era un estrujamiento de visiones constructivas,
pero éstas, al ser comparadas con la tradición artística,
eran igualmente destructivas, por lo cual el hecho de llamarlas sencillamente
estructivas, no compromete en absoluto, y la frase ‘concepción
estructiva del mundo’ suena bastante respetable (Vattimo, 1999).
Al respecto, Harrison señala que: “La contribución positiva
de un arte que contabiliza la negatividad de sus propósitos más
íntimos consiste en la inauguración de su actividad ‘estructiva’”
(Ídem).
Desde una concepción estructiva de las imágenes, éstas,
como despresentaciones de la pluralidad, son aquí tachadas. Esta narrativa
de construcción y destrucción, gira y se sale de la órbita,
para el caso, de una paloma herida en pleno vuelo, se sale, por ser trato
con fantasmas, con la memoria, con el recuerdo de los muertos del México
de 1968.
Al volar la paloma de la paz, cobija a las olimpiadas de aquel año,
la fiesta de las plurales humanidades, pero su vuelo deja huella también
de acontecimientos en medio de la violencia y la injusticia. Su vuelo es hoy
recorrido por mujeres y hombres sin olvido.
Con la otra mirada, la del vuelo de la paloma de la paz, la humanidad ha planeado
su propia historia, antes con el sueño de volar, ahora volando en plena
vigilia. Los sueños y las realidades socialmente construidos de la
humanidad, comúnmente se presentan o representan. La paloma es la creación
de una imagen que se ha despresentado en la historia, como en las cuevas del
paleolítico superior, siguiendo a Derrida: “… la representación
también es una des-presentación” (Derrida, 1998).
Estas despresentaciones, son ilustraciones en la narrativa del caminar histórico,
con huellas a la manera del graffiti, la pinta, el mural, la fotografía,
el dibujo, la estampa.
La paloma tiene un nombre poli semántico, plural, contradictorio y
diferente, el del 68. A ese nombre del volar del pensamiento, competen despresentaciones
y significados socialmente construidos.
Dice Wallerstein:
El mundo es tal como es debido a todo aquello que ha precedido
a este momento. Lo que el analista intenta discernir es cómo la colectividad
ha construido al mundo, utilizando por supuesto su propia visión socialmente
construida (Wallerstein, 1999).
Esta paloma y su materialidad radical socialmente construida, se transforman,
cambian, acontece en sus despresentaciones en cuanto descansa digna en la
soledad o es acompañada por los festivos de la paz y de la justicia.
Como acompañaría la paz alada, al movimiento estudiantil hasta
los días de la agresión y la masacre.
Con su grabado ¡Lo que puede un sastre! Goya, el pintor inaugurador
de la modernidad, denuncia nuestra proclividad a creer en otredades sublimes,
a las que acríticamente idealizamos. Este ser idealizado, se despresenta
intencionado, manipulado, como con un títere de cuerpo que hace cundir
el pánico, la veneración o el llanto de los niños. Destruye
el pintor, con despresentaciones; apariencias, costumbres, prejuicios y dogmas
de fe, para construir o ilustrar con la razón, una mirada crítica.
Otra mirada ante lo aparentemente inobjetable.
Pero esta es la narrativa de la historia herida de la paloma. Goya tacha las
idealizaciones de la realidad aparente. También la paloma de la paz
es tachada con la despresentación de una criminal herida. Fusil-tachadura
superpuesta al cuerpo de un contorno, cual herida transversal de la imagen;
paz tachada, lastimada en su idealización acrítica.
De la dignidad herida en pleno vuelo y afán de democracia y libertad,
trata esta narración que tras la paloma herida (tras esta tachadura,
tras sus rasgos formales, materiales), se remite con la huella de la memoria,
a los fantasmas de la muerte, del asesinato de estudiantes mexicanos, remite
a la injusticia y la matanza que no se olvida, a la memoria que insiste en
aparecerse en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.
El recorrido histórico del vuelo de la paloma la representa herida,
no muerta, se trata de una visión socialmente construida. Si bien esta
herida es mortal, aún en vuelo, la paloma acontece como una despresentación
que se re-significa con su tachadura. Señala Derrida:
Tal cruz sin embargo no es un (signo simplemente negativo)… La tachadura
es la última escritura de una época. Bajos sus trazos se borra,
quedando legible, la presencia de un significado trascendental. Se borra permaneciendo
legible, se destruye ofreciéndose como la idea misma de signo”
(Derrida, 1998)
Así por ejemplo, con la tachadura, se nos muestra en lo posible lo
que acontece, como el significado de la represión en una modernidad
ilustrada, iluminada por los mass-media. Medios masivos, como el de la prensa
que era señalada reiteradamente en las pintas de los muros de la ciudad,
como una prensa vendida, mercenaria y con ello, criminal. Tachadura para la
memoria sobre los periódicos, la radio y en especial, de la televisión
ya entonces hegemónica como ahora, con los contenidos de una caja idiota.
Elena Poniatowska en La noche de Tlatelolco, con la huella de la escritura
y de las imágenes, nos remite a lo negro y blanco de las fotografías
de un libro que trata de la noche, pero que días antes comienza con
las imágenes de las marchas, fiestas, la feria, la alegría de
la juventud. Fiestas clausuradas con el: “¡APUNTEN, fuego!...”
(Poniatowska, 1974). La alegría de la fiesta es reprimida con el fuego,
Poniatowska escribe de sangre:
¡Fuego! El relámpago verde de una luz de bengala. ¡Fuego!
Cayeron pero ya no se levantan de golpe impulsados por un resorte para que
los volvieran a tirar al turno siguiente; la mecánica de la feria era
otra; los resortes no eran de alambre, sino de sangre; una sangre lenta y
espesa que se encharcaba, sangre joven pisoteada en este reventar de vidas
por toda la Plaza de las Tres Culturas (Ídem).
En las despresentaciones queda la memoria, la huella de las: chanclas o zapatillas,
zapatos, calzado que abandonado en la Plaza de Tlatelolco da cuenta de una
ausencia, da cuenta de muertes de jóvenes ilusionados en la libertad
y en la paz con justicia.
Pero volvamos al vuelo de la paloma herida. La pregunta es por la paz y por
la justicia, ya que la imagen de esta paloma tachada, herida por el fusil,
acontece como huella que, con Jacques Derrida: “…es la diferencia
que abre el aparecer y la significación” (Derrida, 1998). Esto
quiere decir, que el significante con su materialidad radical marca a un significado,
el de la memoria alada que recorre la incertidumbre con la pregunta por lo
otro radical de la justicia. En Tlatelolco, el 2 de octubre, la huella es
de la sangre, de los cuerpos de los muertos y los heridos. Sangre, huella,
retirada al amanecer entre zapatos y zapatillas, entre la indignación
y el terror de los recuerdos dolorosos de las familias de los estudiantes,
los de la alegría de las fiestas de la liberación.
En La noche de Tlatelolco Poniatowska escribe:
Son muchos. Vienen a pie, vienen riendo… muchachos y muchachas estudiantes
que van del brazo en la manifestación con la misma alegría con
que hace apenas unos días iban a la feria; jóvenes despreocupados
que no saben que mañana, dentro de dos días, dentro de cuatro
estarán allí hincándose bajo la lluvia; después
de una feria en donde el centro del tiro al blanco lo serán ellos,
niños-blanco, niños que todo lo maravillan, niños para
quienes todos los días son día-de-fiesta hasta que el dueño
de la barraca del tiro al blanco les dijo que se formaran… (Poniatowska.
1974).
La paloma es alcanzada, herida en pleno vuelo por una bayoneta. Con esa tachadura,
aparece la pregunta por la justicia en torno a una paloma, en tiempos, en
los que ya acontecía una imagen que apuntalaba los actos creativos
de resistencia, situación significativa ante la idealización
actual de las grandes marcas.
Esther Cimet indica que la gráfica de los XIX Juegos Olímpicos
se produjo con equipos multidisciplinarios, incluso con profesionales extranjeros:
Su circulación, su amplia difusión por todos los medios masivos,
instituyo en el país la demanda de un diseño gráfico
que tenían (sic) en aquellos objetos su modelo… junto con las
nuevas tipologías que se venían utilizando en los países
metropolitanos, es decir, los logotipos y el concepto globalizador de la imagen
corporativa o institucional (Cimet, 1981).
Hoy sabemos que las grandes marcas nos acechan en el tercer mundo con la injusticia
criminal del trabajo esclavo. Pero ya en ese entonces, por así decirlo,
el fuego proviene del Zen de Barbie al que se refiere Naomi Klein en su libro
No logo, fuego que con su particular violencia, acontece en un mundo compartido,
de imágenes que idealizamos como a dioses, como a aquella paloma de
la paz del régimen. Paloma del diseño, de un arte implicado
que no lo es necesariamente integrado, o como dice Ventós:
arte implicado no significa arte integrado, del mismo modo que arte “puro”
no significa arte subversivo o contestatario” (Ventós,1979).
Las despresentaciones en el mundo moderno, toman posiciones para enajenar
y para concientizar. Sin embargo y con otra mirada, atendemos entonces a las
imágenes que no nos dejan ver la injusticia, que ocultan los artífices
de la sombra, del dolor, del crimen y la injusticia, la que no se olvida.
Conclusiones
La paloma herida del 2 de octubre de 1968 en México, cuya autoría
estructiva es de Melecio Galván, es una imagen como despresentación
de la paloma de la paz que Gustavo Díaz Ordaz transmitía en
México y al mundo, para idealización de la imagen oficial de
la paz con motivo de los juegos olímpicos. La paloma es tachada por
Melecio Galván, con ello, aparecen los muertos, los fantasmas de la
memoria en la noche de Tlatelolco.
La imagen de esta paloma herida, es un importante antecedente de otra mirada,
la de la pluralidad de las lecturas que se posibilitan con la tachadura, por
ejemplo, de las grandes marcas y su idealización acrítica.
La tachadura crítica, es la herramienta para la conexión con
lo que no aparece en una despresentación. Así, tachar, se abre
a la diferencia del aparecer y la significación de una herida que reaparece
en la huella, la de unos zapatos de la memoria, de un recuerdo que no se olvida,
que insiste en aparecer como un fantasma, como el del 2 de octubre del 68,
o como con la fotografía de la muerte de un fotógrafo en medio
de la violencia, en medio de la injusticia y la represión.
Bibliografía:
Cimet, Esther S, Arte y diseño gráfico: Transformaciones recientes
en la educación superior, INBA-SEP. México, 1981.
Dallal, Alberto, et al., Arte y violencia. UNAM. México, 1995.
Derrida, Jacques. Adiós a Emmanuel Lévinas. Palabra de acogida,
Trotta. España, 1998.
Derrida, Jacques. De la gramatología, Siglo XXI. México, 1998.
De Ventós, Rubert. La estética y sus herejías, Anagrama,
España, 1974.
Klein, Naomi. No logo: El poder de las marcas, Paidós, España,
2005.
La Jornada, 28 de septiembre, México, 2007.
Poniatowska, Elena, La noche de Tlatelolco, Ediciones Era, México,
1974.
Rusell, Rosallind, Reuters, The Independent (traducción; Gabriela Fonseca),
en; La Jornada, Viernes 28 de septiembre de 2007.
Vattimo, Gianni, et al., Filosofía y poesía: dos aproximaciones
a la verdad. Gedisa, España, 1999.
Wallerstein, Immanuel, El legado de la sociología, la promesa de ciencia
social, Nueva Sociedad, Venezuela, 1999.
| Octubre-Noviembre 07 | •Directorio | •Editorial | •Proyecto | •Números Anteriores | •Contacto | •Links |