
SIESTA EN PARQUE RIVADAVIA
Sé que lo que digo sangra de uno mismo
sé que escuchas todo lo primal del viento
Illya Kuryaki
Ella sigue sin estar en su departamento. El conserje comienza a sospechar
de ti. Tú sospechas que Ella huye. Vagas por los cafés de Santa
Fe. El fernet te encuentra un día y ya no te suelta. Subes a un taxi,
bajas en Bosques de Palermo. Exposición latinoamericana en el MALBA:
un Rivera que nadie conoce. Has pasado días, con sus noches, en la
orfandad del pensamiento. Buscando aquello que ni siquiera está en
Buenos Aires, que probablemente dejaste en la Ciudad de la Mierda. Cuando
estás en Buenos Aires extrañas D.F., y en D.F. extrañas
La Habana. Tres boliches para recorrer: uno: el de la bebida rosa extravagante,
con su gente de raros peinados; dos: el lugarcito en donde consumiste una
Quilmes de a litro y el Sordo te dijo que todas las hojas son del viento;
tres: la noche en que, mirando las bolas de billar rodar, comprendiste que
la amistad es un intenso signo de interrogación difícil de pronosticar.
De noche la ciudad está teñida de boliches y minas baratas en
Santa Fe. Al regresar al departamento, durante la madrugada, finges escribir
pero no haces otra cosa más que tomar fernet y escupir fotografías.
Al siguiente día, muy de mañana, extrañas algo, quizá
a alguien que dejaste en DF. Bajas a Santa Fe y buscas el locutorio más
cercano. Cometes la estupidez de entablar una conversación telefónica
con la Mujer de Ojos Grandes y la catedral de lamentaciones te aplasta una
y otra vez. Abandonas el auricular. Sales. Huyes. Ignoras el elevador con
su rejita que te hace gracia. Corres hasta cruzar Billinghurt. Loco ausente
en General Díaz. Charly te saluda desde su balcón. Subes al
camión con ruta al abismo. Bajas en parque Rivadavia. ¿Los sucesos
ocurren a fuerza de utopía? Recorres las marquesinas que arrullan libros
de viejo: Lulu on the bridge te coquetea desde una editorial inmensamente
cara. Esta tarde tu sensibilidad descansa en la lente de Minolta. Compras
un pancho porque estás en el parque, porque es barato, porque te causa
curiosidad que aquí no tenga el ridículo nombre de hot dog.
Te tiras al pasto, cierras los ojos y la Minolta hace clic. Sueño múltiple:
navidad de 1994, habitación 1429 en el MGM de Las Vegas, fotografías
prohibidas en casa de Hemingway, nítido aire en las playas de New Port
Beach. Abres los ojos porque sabes que todo debe de empezar, va a empezar.
Es hora de huir.
Capítulo extraído de Negativos extraviados
en el placard.
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DATOS DEL AUTOR:
Rubén Don (Ciudad de México,1977).- Licenciado en Ciencias de
la Comunicación. Escritor y periodista. Ha sido corresponsal en México
de la Agencia Internacional de Noticias Literarias Librusa, colaborador del
suplemento Arena del periódico Excélsior, editor web y colaborador
de las revista Conozca Más y PC Magazine. Ha publicado la novela La
consecuencia de los días (UACM, 2005), Premio Nacional de Narradores
Jóvenes 2005; y Negativos extraviados en el placard (Amarillo Editores,
2006). Actualmente es colaborador de la revista Swishy y escribe a cuatro
manos la novela Casa de campo con el escritor argentino Alejandro Cavalli.
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