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Algo sobre lo posmoderno
Karla Villapudua
Hablar de lo divino no es una moda ni un cliche. Son esos temas –más que un tema- , que permanecen imborrables dentro del parloteo incansable del pensamiento moderno. Son ideas insuperadas, por su naturaleza raíz, esto es, esenciales dentro del crecimiento de lo humano –sin caer en ideologías humanistas, por supuesto-. Son esas coyunturas del pensar que se vuelven inmortales y absolutas por su moldura de silencio.
Las ideas de los pensadores posmodernos permanecen en esta perspectiva, desde el momento en que aceptan formar parte de éste torrente energético. Pues, presuponen una dimensión en donde el pensamiento recupera su naturaleza Dionisiaca y se seduce a sí mismo. Sin intervenir en ningún capricho conceptual, como bien lo sabe Derrida por ejemplo, que no duda en dirigir la naturaleza de su pensamiento más allá de la metafísica de la representación. Estas reflexiones van encaminadas hacia un espacio en donde ya no es necesaria la idea de estructura, sino que la meditación misma nos arroja a un límite en donde lo que no se habla (pensar y hablar es lo mismo ), matiza la percepción del fin del fenómeno.
Los retractores de la posmodernidad no comprenden la naturaleza divina de este pensamiento. Y constantemente se les reprocha el no tomar en cuenta lo “político”, echándole en cara su carácter espectral. Se les critica su falta de seriedad y metodología
-peyorativamente-, cuando en realidad en ello radica su fuerza revolucionaria. En lo posmoderno no hay ningún retroceso por no tomar en cuenta las reglas cartesianas, pues burlarse siempre de nuestro modo de acceder a la realidad; es más fructífero que seguir con la creencia absurda del antropologismo, esto es, pensando que el hombre es superior sobre los demás entes del planeta.
Además, la política desde la perspectiva del marxismo, tiene como propósito cambiar las fuerzas económicas, por medio de luchas de poder –igual que los capitalistas- que en ocasiones resultan violentas. Sin embargo, pretender cambiar el mundo, aludiendo solamente al orden material, no sirve absolutamente de nada; es como barrer por encima uno de los abismos del espíritu humano.
Por otro lado, la “política” tal como se le concibe actualmente es simplemente una “avidez de novedades”, ese síntoma decadente que ya Heiddegeer había detectado en el hombre moderno. Desafortunadamente –sin resentimiento alguno- el vínculo que devela a la política actualmente es el “chisme”. Es relatar y describir quién desea el poder, por cuál medio y estrategias. Para luego describir ese tipo de inteligencia –que nos guste o no- se necesita para acceder al poder.
Claro que con ello, no se justifica ese tipo de conductas humanas, simplemente se revelan como un pedazo de conciencia, de la cual todos tenemos algo que ver. Pues, ¿no somos nosotros mismos en ocasiones los que deseamos la victimización? Sí. Algunos quieren que les roben, los exploten, humillen y todas esas cosas. Hay una falta de voluntad. Y no es juzgar esos actos como buenos o malos, es simplemente, detectar que ciertos estilos de vida son una elección del inconsciente de las masas. Deleuze y Guattari en el Antiedipo señalan lo siguiente: “Por qué soportan los hombres desde siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de quererlas no sólo para los demás, sino también para sí mismos?
Por otro lado, embriagados por la perspectiva marxista hay demasiados seres preocupados, por saber qué es lo que sucede en el mundo. El acto de ver los noticieros, es una disciplina agobiante (la decadencia de la sociedad). Pero, no necesitamos ver la televisión para darnos cuenta que el hombre actual definitivamente está desorientado, pero no por una cuestión política sino por una cuestión divina. Kundera alude al respecto: “La desdivinización del mundo (Entgötterung) es uno de los fenómenos que caracteriza a los Tiempos Modernos”.
Con el acto de las noticias, tal como se le concibe actualmente, se esta haciendo un “mal” uso del lenguaje, puesto que éste es sagrado. Hablar sin tener conciencia, con palabrería quejumbrosa por ejemplo, no ayuda en nada, sólo genera más contaminación mental (neurosis). Quejarse es de por sí ya un acto decadente, que ejemplifica la falta de “voluntad de poder”. Echarle la culpa a la sociedad por las propias desgracias, es una manera muy fácil, de no aceptar la responsabilidad en el mundo.
No es que sea una receta, ni una formula, nada de eso. No hay ninguna moral al querer encontrar lo divino de la vida, ni mucho menos religioso –tal como se le concibe actualmente-. Es solamente sentir esa nostalgia, por el acontecimiento mismo que representa el estar vivos; cuando se ha logrado comprender –minimamente- que no hay nada que cambiar. Que la cuestión del cambio tal como se concibe en las “revoluciones”, no es sino un síntoma de decadencia y falta de respeto por lo sagrado.
Por eso cuando Artaud escribe en “Plena noche o el Bluff surrealista”: “Que cada hombre no quiera considerar nada más allá de su sensibilidad profunda, de su yo íntimo, es para mí el punto de vista de la revolución integral”. Estaba totalmente convencido de que el verdadero propósito revolucionario, está conectado con una transmutación de los estados del alma humanos. Escarbar en los secretos más íntimos de la sensibilidad, experimentando todo tipo de intensidad, capaz de redimirnos de nosotros mismos. Sentir en exceso, usurpando las múltiples tonalidades y colores, que el universo entero nos ha concedido, para hacer latente la imaginación. Y no vernos arrastrados por eventos tan triviales como “la decadencia del mundo moderno”.
Es así que, Artaud fue más inteligente que Bretón al no dejarse engañar por la fantasmagoría de los partidos comunistas. Pues bien es sabido que Bretón desgastó y desvió al surrealismo por dejarse seducir por este falso ideal, como bien reflexiona Jodorowski en su Psicomagia: “Bretón, por ejemplo, cayó en la trampa cuando, llevado por su entusiasmo, declaró que el verdadero acto poético consistiría en salir a la calle armado de un revólver y disparar sobre la gente”
Bretón no percibió a tiempo, -después se arrepiente- que las revoluciones propuestas por el comunismo son extremadamente materialistas y poco sensibles. Es decir, tomando en cuenta solamente la “división de clases sociales”, tratando de pasar el poder de las manos de la burguesía al proletariado. ¿Cómo si la capacidad de consumo igualitaria, fuera a ser la salvación del mundo?
Otro engañado por dicha ideología fue W. Reich. Pensaba que una combinación entre el marxismo y el psicoanálisis sería la solución para su famosa “represión orgásmica”, eintentó todo tipo de acercamiento con dichas instituciones, ya que deseaba ayudar a la humanidad. Hasta que cierto día (…..) decepcionado, por los malos usos de los partidos, decidió instintivamente reconciliarse con la naturaleza mística de sus ideas.
Todas las muertes que estudian los posmodernos –arte, filosofía, hombre, historia, etc.- No significan un retroceso, por el contrario, resulta un triunfo que va encaminado hacia un afuera (imaginable, no pensable). Un nuevo chance como dice Vattimo, que implica hacer una reconfiguración del pensar, de la gramática, de los significados. Para después depurar toda nuestra basura conceptual, osea, seguir escupiendo significantes y más significantes, hasta que logremos parar un poco nuestra mente, y alcancemos otro modo de pensar, que hasta hoy solo conocemos imaginariamente. En esto consiste la enseñanza de lo posmoderno.
Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas piensa que pensamiento y lenguaje es lo mismo.
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