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Revista Espiral - Circulando entre ideas y arte -  
 

Vol. 5 / Marzo /06


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Qué es el hombre unidimensional?

Yaren Rojas 

¿Para qué reflexionar sobre la concepción del hombre unidimensional? ¿En qué momento pasa de moda un concepto? O ¿en qué momento deja de ser significativo para explicar una realidad? Peor aun ¿en qué momento aburre y es inventado, retomado, cambiado por  otro más divertido, menos dramático, o más expresivo respecto al estado de animo? A veces parece que las filosofías son meros caprichos racionalizados: no contestaré a nada de lo anterior.
Las lagunas mentales –o charcos- no siempre nos mojan la cabeza y sí está puerca el agua no nos atrevemos a lavarnos la cara en ella. No quiero decir nada –aunque los amigos nos hacen decir muchas cosas-, despersonalizo lo que a continuación presento, sin por ello, omitir, claro, mi subjetividad de interpretación; pero los reconozco a medias. Qué por qué me causa problema, podría preguntar, Lector: no sé, ese espacio blanco intimidante, esa vergüenza. No sé hasta que punto una visión “filosófica” sirva para comprender algo, pero creo que mientras la incertidumbre no se agote y continuemos descalzos, saltando los charcos, algún delirio queda, quizás, sólo el de un pequeño y resfriado ego, aventurado e impotente ante tanto lodo. Hagamos el salto pues...

Aquí empieza. Europa. Revolución industrial. Promesas de libertad, orden, progreso y por lo tanto, racionalidad. Un camino que parecía conducir a la sociedad a un nuevo estadio de un no sé qué, parecía mejor. Como dice Marcusse –y a su manera y hablando de otro tema, Adorno-: las premisas no coinciden con la realidad.  Iremos por partes.
Para problematizar su planteamiento, Marcusse nos muestra la ambigua relación entre razón y mecanización, es decir, plantea la cuestión de si ¿funcionan juntas o no? Aunque decir sí o decir no parece también lo mismo. He aquí pues la paradoja: la “coordinación” entre tecnología, política, ciencia e ideología es una navaja de dos filos. Por un lado es utópico llevarlo a un limite autentico para, ahora sí, dar el salto; por otro lado, los meritos obtenidos están acompañados de destrucción en el sentido gacho de la palabra.
Dicho de otra forma ¿juegas y aceptas las reglas? O ¿Juegas o aceptas? La nueva sociedad al exigir su aceptación, suele dar miel en la boca para que resulte dulce la transacción, y así no haya quien diga que no. Pero en familia de diabéticos no todo es dulzura, como suele creerse; el sabor aburre y de repente pone más contento al gusto  lo agrio o lo salado, incluso lo ácido, que dado su exceso, conlleva a un proceso de nuevas enfermedades en el estomago. Porque todo comienza saboreándose, hasta las ideas, tienen un proceso de asimilación a la vida y por lo tanto al cuerpo.
Luego pues, buscando satisfacer las necesidades que no son vitales -como ponerle más salsa al huevo o más limón al caldito de pollo- es como suele condicionar el aparato productivo, permeando la autonomía individual: los chilaquiles ya no se comen solos. Es decir, estamos ante una cocina  totalitaria que  impone y manipula intereses creados. Y es precisamente este proceso mecánico de producción lo que sirve como base para afianzar el poder político.
Sin embargo, dice Marcusse que puede haber una inversión y para plantear su utopía, él quiere ver una esencia del hombre[1] en el poder de la máquina. ¿Esta hablando de alguna potencia? Parece que sí, parece que se refiere a lo que dijimos en el primer párrafo: la entelequia de la industrialización; una muerte simbólica en la que no hay renuncia, pero hay una nueva forma de entender el proceso.
Dicho lo anterior, para Marcusse es necesario que existan nuevos modos de realización de la libertad; y solo en términos negativos es posible presentar algunas indicaciones; ya que la utopía más que un sueñito o una fantasía, la considera una enunciación de las fuerzas que se le oponen. ¿Qué se opone pues? Las necesidades represivas, que deben ser cambiadas por las vitales. Solo el individuo que las posee puede decir algo al respecto; pero, agrega Marcusse, el individuo LIBRE. Luego, dado que no lo hay, no hay quien distinga la separación entre la verdad y la mentira; entre lo que es vital y lo que no es. Aquí nos vamos a tomar un paréntesis: los latinoamericanos podríamos preguntarnos lo que se pregunta Zea, Ribeiro y otros (que no he leído) ¿Cómo puede América ser libre si nunca lo ha sido y siempre ha sido objeto de dominación? ¿La colonización fue realmente racional como para permitir la liberación, si es que “Toda liberación depende de la toma de conciencia de la servidumbre”[2] ? Ya sabemos que los europeos no se sienten colonizados ahora, no por la fuerza bruta, sino por lo sutil, la inteligencia estúpida, dice Marcusse.
Entonces no se trata sólo de resolver las necesidades, en nuestro caso,  sino de resolver la superabundancia, en el caso de los primermundistas. Esto traería el fin de las paradojas y contradicción tautológicas. Sin embargo, Marcusse no se emociona tanto todavía. Volviendo a lo de quién puede ser juez; la pregunta deja de ser tan monárquica y ahora se pregunta quiénes tienen el criterio. Dicho criterio ni absoluto, ni relativo, hace de la democracia un sistema de elección con opciones “únicas” o elecciones que disfrazan un modelo aun de dominación pues entre todos legitiman al amo, a fin de cuentas.
            ¿Dónde se origina todo entonces? Marcusse dice que en el precondicionamiento. Desde aquí nos podemos dar cuenta de la relación psicológica y sociológica que guarda en su explicación: ya que un condicionamiento es un proceso de adoctrinamiento de conducta, una programación del comportamiento, una serie de respuestas únicas, unilaterales. Estas respuestas son, además, introyectadas, en el yo. Lo que conduce a esto, según nos dice, es la matización de las diferencias, es decir, en el común compartimiento de necesidades y satisfacciones. 
(Párrafo aburrido, si no quiere no lo lea)[3]
Por lo anterior todo es publico, todo es, como dice el Maestro F. Lee, transparente. Hay una privacidad invadida, una interioridad. Una tendencia a suprimir la subjetividad. Y esto produce un conjunto de individuos homogéneos que no piensan, no se oponen, son felices. Se identifican con la alineación, son devorados y les vale. La realidad se comió la ideología (o al revés? Parece lo mismo). Este hecho no significa que por eso se va a acabar, como decía Althusser, todavía es necesaria. Pero pensemos de nuevo en la familia diabética: se comieron toda la salsa, enterita. Ahora quieren una más picosa. Este es el pensamiento unidimensional: la publicidad sugiere un modo de vida adoptado y luego la ideología, quien sabe como le hace, pero se impone. Esto crea, después, un habito que facilita las cosas: hay que sumar y decir “esto”.
No le hace, el “Estado de bienestar”, el nuevo Yo, el Chapulín Colorado,  da para eso y para más.  Gracias a eso, se puede invertir en basura, en quedar y verse bien, en no molestarse para nada. Conociendo la tranza-mj-cción y el precio ¿por qué desear lo que esta al alcance o se puede pedir prestado?
Se puede ahora A dicha visión, dice Marcusse, le corresponde como paradigma el positivismo y la metafísica ligth. Algo más: “La interrelación entre los procesos científico-filosóficos y sociales, entre la Razón teórica y la práctica, se afirma <<a espaldas>> de los científicos y filósofos. La sociedad obstruye una especie de operaciones y conductas de oposición...”[4] La razón científica es convenenciera al poder. Y si le siguen echando agua al globo se va a reventar. Aun así, la sociedad industrial se resiste.
Bueno, y ya para terminar, solo quiero señalar que las preguntas que se hace Marcusse sobre Latinoamérica no están lejos de lo que se preguntaban nuestro colonizadores: que si podremos algún día ser independientes, que si podemos ser diferentes, que si no hemos madurado nuestro ejercicio del poder político y del orden social. Luego: si nuestro desarrollo es conveniente para el primer mundo, pues el progreso parece que nos queda grande y más bien nos conviene dar un salto atrás, si es viable la industrialización o el “progreso natural”. Aja... Aunque suene bonito, hay una libertad para decidir, decididamente limitada, pues nada parece indicar la dirección del “progreso natural”. Aquí no termina.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Marcusse. El hombre Unidimensional
Saussure. Curso de lingüística general.


[1] AXXE.
[2] Op. Cit., p. 37
[3] Veámoslo bien ya que este argumento pone en evidencia una lógica absurda, pero oficial. ¿Qué operación nos permite hace que dos elementos sean iguales aunque su expresión no lo sea? ¿Es decir que hace que “A” sea igual a “B”? ¿Qué les da su capacidad conmutativa (que lo racional pueda ser irracional, por ejemplo)? Sin duda una relación no excluyente, una estructura conjuntiva, copulativa, una “y”. Es evidente que “A” y “B” no son iguales, pero su relación es de igualdad; uno puede sustituir al otro, lo que les da la capacidad de simplificación también, es decir; puede anularse un elemento y subsistir el otro sin alterar su estado. Dado que nada los hace iguales, su igualdad es arbitraria, y en algunos casos puede coincidir con su contenido o significado, esto es, con su representado (peras, manzanas: 8 y 8, por ejemplo, u 7 y 6, etc.). Pero también pudiera o no coincidir con una cualidad formal análoga ante un representado y otro (numero, forma, color, etc.). En suma, es una relación por analogía: ¿Qué eres? ¿Qué tienes? Que compras: que quieres. Bla. Esto lo decía también por Saussure y su teoría del signo arbitrario (entre más arbitrario, dice Saussure en el Curso de Lingüística General, mejor funciona), convencional (lo convencional parece inviolable)  y no sé que más. Lo que me llamó la intención es que dice que la lengua se trata de un sistema binario de combinaciones infinitas, entonces un valor vale por lo que no vale el otro; uno es la negación de otro (aunque aquí un individuo “A” no representa la negación de “B”, no por lo menos en el sentido que Marcusse pretende decir, sino que parece la negación de, incluso “A” y “B”, o sea, todos los signos tendrían la forma de “C”, con arbitrario contenido); y trataba de ver a la gente como una “suma de individuos”, tal como definen sociedad, usualmente. Esto de la definición de sociedad lo decía porque más adelante, creo que es la p. 43...sí, esa es, Marcusse dice: “Muchos de los conceptos más perturbadores están siendo <<eliminados>>, al mostrar que no se pueden describir adecuadamente en términos operacionales o behavioristas.” No se bien que es bahaviorista (algo de un esquematismo estimulo-respuesta y negación de el carácter introyectivo de la conciencia...) ni operacional (un puente raro entre el concepto abstracto y una acción de medición empírica) , sólo me quedo la idea de que se refiere a los “conceptos” que no son instrucciones que indiquen que hacer (sumar, restar, multiplicar, dividir, aislar, etc.; y por lo tanto: sumemos, restemos, multipliquemos...).
[4] Op. Cit. p. 45.
Nota: Se parece a lo que dicen los anarquistas epistemológicos que se oponen a la concepción heredada de la ciencia (Feyerabend, Kuhn, Lakatos, etc.), y quienes sostienen una visión historicista de las ciencias, los métodos y los paradigmas.